Las diez decisiones que convirtieron a Spider-Man en el mayor personaje de cómic de la historia
Sesenta y cuatro años, ocho actores de carne y hueso, cuatro series animadas canónicas, tres trilogías cinematográficas, dos videojuegos que redefinieron el género, un Oscar y al menos dos variantes del personaje que podrían sostenerse como franquicias propias: Spider-Man tiene la historia de éxito más improbable de la cultura popular del siglo XX, y lo es precisamente porque cada una de sus encarnaciones fue, en algún momento, una apuesta que alguien tuvo que defender contra la opinión de quienes sabían más. Lo que sigue es la lista de las diez veces en que la decisión correcta se tomó, en el medio correcto, con las consecuencias que ya conocemos.

10. J. Michael Straczynski y el maestro de ceremonias: el guionista de Babylon 5 devuelve a Peter Parker a la casilla de salida (The Amazing Spider-Man vol. 2 #30, 2001)
Para 2001, The Amazing Spider-Man llevaba años acumulando capas de continuidad que habían convertido al personaje en algo casi inapelable para los lectores nuevos: el clon de Peter Parker, la revelación y retracción de los padres, los matrimonios y separaciones, las muertes y resurrecciones. J. Michael Straczynski —guionista de televisión, conocido por construir arcos narrativos de años de duración— llegó al título con una pregunta que nadie había formulado con suficiente seriedad: ¿qué pasaría si Peter Parker volviera a ser un profesor, un fotógrafo, un hombre con dificultades económicas reales y una vida cotidiana que necesita gestionar además de los trajes y los villanos? La respuesta fue devolver al personaje a la enseñanza secundaria, esta vez al otro lado de la tarima, e introducir a Ezekiel: alguien que tiene poderes similares a los de Peter y que plantea la pregunta que la araña radioactiva nunca había generado: ¿y si el accidente no fue un accidente, sino la manifestación de algo que ya estaba en Peter y que habría ocurrido de todos modos? Straczynski no respondió la pregunta —sabiamente, porque la pregunta es más fértil que cualquier respuesta posible—, pero el solo acto de formularla demostró que el personaje tenía territorio sin explorar que treinta y nueve años de historia no habían agotado.

9. Spider-Man: Un nuevo universo (2018): Sony Pictures Animation decide que la única forma de hacer algo nuevo con el personaje es hacerlo todo de otra manera
La decisión que produjo Spider-Man: Un nuevo universo fue, en términos de riesgo de producción, una de las más valientes que un gran estudio ha tomado con un personaje de franquicia en la última década. Lord y Miller propusieron una película de animación cuyo lenguaje visual imitara deliberadamente las convenciones físicas del cómic impreso: puntos de tramado Ben-Day visibles, onomatopeyas como elementos plásticos, perspectivas imposibles que ninguna animación convencional habría intentado. El argumento que convenció a Sony fue que si la película iba a hablar del multiverso —de la idea de que cualquiera puede ser Spider-Man, de que el legado del personaje es más grande que cualquier Peter Parker concreto— entonces el estilo visual tenía que encarnar esa pluralidad en cada fotograma. Lo que llegó a los cines fue la película más original visualmente que el personaje ha tenido en cualquier medio, la primera de animación en ganar el Oscar desde hace décadas y la demostración de que el universo cinematográfico expandido no había agotado las posibilidades del personaje: simplemente no había mirado en la dirección correcta.

8. Insomniac Games y la física del cuerpo: el videojuego de PS4 de 2018 resuelve en diez minutos el problema que el cine ha tardado cuarenta en gestionar a medias
El problema más antiguo de Spider-Man como personaje de acción no es dramático sino cinético: cómo trasladar al espectador o al jugador la experiencia de balancearse entre rascacielos a cien kilómetros por hora. El cine lo ha intentado con resultados variables —las mejores escenas de columpiarse de Raimi todavía sostienen la comparación—, pero el videojuego de Insomniac Games para PS4 fue el primero en resolver el problema con una física lo suficientemente compleja y lo suficientemente intuitiva como para que los primeros diez minutos de juego fueran, para la mayoría de los jugadores, la primera vez que la experiencia de ser Spider-Man superaba a la de verlo. La decisión de Insomniac de diseñar un Peter Parker de veintitantos años —experimentado, con deudas de alquiler y problemas de adulto joven— en lugar del adolescente de origen, permitió además una historia que podía hablar del peso de diez años siendo el héroe de una ciudad sin caer en el territorio de origen que el público ya conocía de memoria. El sistema de combate, los accesorios web, la manera en que Manhattan responde al movimiento del jugador: todo demuestra que el personaje tiene formatos donde todavía puede hacer cosas que ningún otro puede.

7. La muerte de Gwen Stacy (The Amazing Spider-Man #121-122, 1973): Gerry Conway y Gil Kane deciden que en el universo de Peter Parker las pérdidas son permanentes
La muerte de Gwen Stacy en el número 121 de The Amazing Spider-Man no fue solo el final de un personaje: fue la demostración de que los cómics de superhéroes podían tomar decisiones permanentes sin que el universo se derrumbara. Gerry Conway y Gil Kane diseñaron la secuencia con una precisión que en 1973 no tenía precedente en el género: Spider-Man lanza la tela para atrapar a Gwen en caída libre, la tela la detiene, y el trazo de Gil Kane muestra el cuello de la joven doblándose en el impacto —la física indica que el golpe de la tela, y no solo la caída en sí, fue lo que la mató. El héroe no llegó tarde: llegó y fue el instrumento de la muerte que intentaba evitar. Ninguna narrativa de redención, ninguna posibilidad de victoria sin coste. La decisión de no resucitar a Gwen —mantenida durante cuatro décadas antes de que distintas versiones y clones empezaran a complicar el canon— estableció que la vida de Peter Parker tiene consecuencias reales, y ese peso es lo que distingue a Spider-Man de la mayoría de los superhéroes de su generación.

6. Spider-Man en Fox Kids (1994): John Semper Jr. construye en sesenta y cinco episodios la versión animada definitiva del personaje para toda una generación
La serie animada de Spider-Man de 1994 opera en una paradoja: es recordada como la versión definitiva del personaje para millones de espectadores de todo el mundo, y fue producida bajo unas restricciones de censura televisiva tan estrictas que los guionistas no podían mostrar personajes golpeando a otros personajes directamente. John Semper Jr. —showrunner durante todo el recorrido de la serie— construyó dentro de esas limitaciones un arco narrativo de cinco temporadas que adaptó con fidelidad las historias canónicas más importantes del personaje: el simbionte, los Seis Siniestros, el Clon, el arco del Hombre Veneno, la saga de las guerras de clanes, el cruce con X-Men. La decisión de tratarlo como televisión de adultos disfrazada de entretenimiento infantil —con tramas que se extendían a lo largo de temporadas enteras y consecuencias que persistían de un episodio al siguiente— hizo de la serie animada del 94 la primera vez que Spider-Man llegó al gran público de forma masiva y consistente. Para la mayoría de los espectadores que hoy van a ver cualquier película del personaje, fue la primera versión con la que establecieron un vínculo real.

5. The Kid Who Collects Spider-Man (The Amazing Spider-Man #248, 1984): Roger Stern y Ron Frenz demuestran que el personaje puede funcionar sin supervillano en ocho páginas
El número 248 de The Amazing Spider-Man tiene una historia principal de cuarenta páginas y una historia de apoyo de ocho que la aplasta en términos de impacto duradero. «The Kid Who Collects Spider-Man», escrita por Roger Stern y dibujada por Ron Frenz, sigue a un periodista que cubre la historia de Tim Harrison, un niño de diez años con una colección de recortes de Spider-Man que el Daily Bugle ha destacado como la más completa de Nueva York. El Hombre Araña aparece en persona para conocerlo. Hablan. Tim hace las preguntas que ningún adulto se atrevería a formular con esa sencillez: ¿quién eres de verdad, por qué haces lo que haces, te asustas? Y Spider-Man responde con honestidad que ninguna historia de acción le había exigido hasta ese momento. La última página —cuando el narrador revela que Tim Harrison tiene leucemia y que el Spider-Man que conocía su identidad era Peter Parker— no es un giro de guion: es la acumulación de ocho páginas de rapport entre un hombre que necesita recordar por qué hace esto y un niño que se lo recuerda sin pretenderlo. Es la historia más pequeña y más esencial que el personaje ha protagonizado, y lo es precisamente porque alguien decidió que ocho páginas sin antagonista, sin combate y sin traje en acción eran suficientes para justificar un número entero.

4. Miles Morales (Ultimate Comics: Spider-Man #1, 2011): Brian Michael Bendis y Sara Pichelli crean el único heredero del personaje que funciona como personaje propio
La decisión de matar a Peter Parker en el universo Ultimate y reemplazarlo con Miles Morales —un adolescente afrolatino del Brooklyn contemporáneo— era, en 2011, exactamente el tipo de apuesta que los puristas del cómic descartaron antes de leer el primer número. Bendis y Pichelli entendieron que la única manera de que el sucesor funcionara era no tratarlo como sucesor: Miles tiene sus propias motivaciones, su propia familia, sus propios poderes diferenciados —el camuflaje, el veneno bioeléctrico— y su propia relación con la herencia del Spider-Man que conoció antes de convertirse en uno. No hay nostalgia en su historia porque Miles no tiene nostalgia de Peter Parker: lo conoció durante demasiado poco tiempo. La decisión más inteligente de Bendis no fue crear un personaje distinto sino crear uno suficientemente propio como para que la pregunta «¿quién es el Spider-Man real?» dejara de tener sentido. Miles Morales es, trece años después de su creación, el único personaje derivado del universo de Spider-Man que ha generado sus propias narrativas canónicas, su propia película de animación oscarizada y su propia base de lectores que no reclama el original.

3. El meme hecho realidad (Spider-Man: No Way Home, 2021): Jon Watts convierte un chiste de internet en el momento emocional más honesto de veinte años de cine de superhéroes
El meme de los dos Spider-Man señalándose mutuamente existe desde 1967, salió de un episodio de la serie animada original y lleva décadas siendo el chiste recurrente sobre el personaje: demasiados trepamuros, ninguno auténtico. Cuando los productores de No Way Home tomaron la decisión de traer de vuelta a Andrew Garfield y Tobey Maguire —no como cameos de nostalgia sino como personajes con peso narrativo propio dentro del tercer acto— nadie sabía si el resultado sería el fan service más elaborado de la historia del MCU o algo más. Resultó ser las dos cosas a la vez, y la segunda supera a la primera: la conversación en el apartamento donde los tres Peter Parker comparan poderes, traumas y versiones del mismo dolor es la escena más económica emocionalmente de cualquier película de Spider-Man, porque usa cuarenta años de historia del personaje sin explicar ninguna de ellas. Y la escena en que el Spider-Man de Garfield atrapa a MJ —sin dudar, con precisión, con las lágrimas de alguien que no pudo atrapar a Gwen Stacy nueve años antes— es el único momento de la película que no necesita ningún contexto para funcionar y que funciona infinitamente mejor con todo el contexto disponible.

2. «Si esto ha de ser mi destino…» (The Amazing Spider-Man #31-33, 1965): Stan Lee y Steve Ditko filman en tres números la escena más importante de la historia del personaje
Los números 31, 32 y 33 de The Amazing Spider-Man son los que se enseñan cuando alguien pregunta qué puede hacer el cómic que ningún otro medio puede hacer igual. La historia arranca con Peter Parker buscando el suero que salvará la vida de su tía May, sigue con él atrapado bajo toneladas de maquinaria en el sótano inundado de un villano, y llega a la secuencia que tres páginas de Steve Ditko convirtieron en el momento de definición del personaje: Peter solo, agotado, sin aliados, sin que nadie sepa dónde está, levantando el peso que lo aplasta con la única motivación de que no hay nadie más que pueda hacerlo. Stan Lee escribe el monólogo interior con una urgencia que no había usado antes en el personaje —»¡Tengo que lograrlo! ¡Tengo que hacerlo!»— y Ditko dibuja el esfuerzo físico con una progresión de planos que convierte el acto de levantar maquinaria en la destilación de todo lo que Spider-Man representa: no el poder, sino la decisión de usarlo cuando todo lo demás falla. La secuencia tiene sesenta años y no ha envejecido un día, porque describe algo que no tiene fecha de caducidad.

1. Amazing Fantasy #15 (1962): Stan Lee publica a Spider-Man en el último número de una revista a punto de cancelarse, en contra del criterio de su editor, y cambia la historia del cómic para siempre
Martin Goodman, editor de lo que entonces se llamaba Timely y que pronto sería Marvel, dijo que no cuando Stan Lee le propuso un superhéroe adolescente sin mentor adulto, con poderes de insecto —que en aquel momento nadie consideraba inspiradores—, con problemas económicos y una vida cotidiana que interrumpía constantemente su carrera como héroe. Los lectores, según la lógica editorial de 1962, no querían identificarse con un chico que llegaba tarde al colegio y no podía pagar el alquiler. Querían dioses, soldados, semidioses. Lee usó la única táctica disponible: publicó la historia en el último número de Amazing Fantasy, una revista que ya estaba siendo cancelada y que por tanto no tenía nada que perder. El número se vendió mejor que cualquier otra cosa que Timely / Marvel había publicado ese año. Peter Parker —el único superhéroe de la historia que ha necesitado que alguien tomara una decisión editorial en contra del criterio establecido para existir— lleva desde entonces en la portada de la revista que iba a cerrar y que no cerró, de las películas que no iban a hacerse y que se hicieron, de los videojuegos que no iban a funcionar y que funcionaron. Todo lo demás en esta lista es consecuencia de que alguien decidió publicar ese número y confiar en que los lectores sabrían lo que encontraban.





