Los 26 mejores discos de 2026 (Parte I): lo mejor del primer semestre

El primer semestre de 2026 ha sido, contra todo pronóstico, un semestre generoso. Seis meses en los que la industria musical ha demostrado que todavía quedan cosas interesantes por decir —y formas nuevas de decirlas—, aunque haya que buscarlas en lugares inesperados: un veterano con ochenta y tantos años que vuelve a la calle donde creció, una chica de Barcelona que reescribe las reglas del reggaetón en español, un colectivo tuareg desde el desierto argelino. La lista que tienes delante recoge los veintiséis lanzamientos del primer semestre —LPs y EPs publicados entre enero y junio de 2026— que merecen tu atención. Van en orden creciente: el número veintiséis es el menos imprescindible de los mejores; el número uno es el disco del semestre sin discusión. Empieza a escuchar.


26. Bad Gyal — Más cara

Hay que ser valiente para llamar a un disco Más cara y luego cumplir con la promesa. Bad Gyal cumple: su segunda referencia de larga duración confirma que el dancehall no tiene fronteras de idioma cuando el flow es el correcto, y que el urbano en español puede sonar tan sofisticado como lo que llega del Caribe. No es su trabajo más redondo —el carisma que destella en los mejores momentos no siempre se mantiene a lo largo del álbum— pero hay suficientes destellos de claridad para justificar la escucha completa.

25. Paul McCartney — The Boys of Dungeon Lane

A los ochenta y tres años, Paul McCartney ha grabado un disco de folk-rock sobre la calle donde creció en Liverpool. Podría haber sido el capricho nostálgico de un hombre que ya no tiene nada que demostrar; resulta ser algo más parecido a una carta de amor sin destinatario fijo, melancólica y ordenada, con esa producción limpia que McCartney nunca ha sabido —ni querido— abandonar. No cambia la historia de la música, pero tampoco pretende hacerlo.

24. Harry Styles — Kiss All the Time. Disco, Occasionally.

Nadie esperaba que Harry Styles acabara haciendo esto. Después de dos discos que convertían el pop en algo deliberadamente adulto, Kiss All the Time. Disco, Occasionally. es un viraje de ciento ochenta grados hacia el rave, el baile y el error electrónico. Funciona mejor de lo que debería sobre el papel, quizás porque Styles tiene esa rara habilidad de no sonar nunca fuera de lugar. El título ya te avisa de que no va del todo en serio. Eso también es un mérito.

23. Ca7riel & Paco Amoroso — Free Spirits

La dupla argentina más interesante del momento hace exactamente lo que quiere y consigue que parezca fácil. Free Spirits mezcla rock, cumbia, pop de baile y una actitud de no pedir permiso que es, en sí misma, la propuesta artística. Es el tipo de disco que te parece inclasificable la primera vez y inevitable la décima. Buenos Aires tiene algo que decir sobre el pop del siglo XXI, y Ca7riel y Paco Amoroso lo están diciendo en voz alta.

22. RAYE — This Music May Contain Hope

El problema de lanzar un debut tan devastadoramente bueno como My 21st Century Blues es que el segundo llega con expectativas imposibles. RAYE las gestiona con inteligencia: no intenta repetir la fórmula sino desplazarla, construyendo un pop electrónico más abierto, menos confesional en la superficie pero igual de preciso en el fondo. Hay noches de este disco que son perfectas. El resto son solo muy buenas.

21. BTS — ARIRANG

El regreso de BTS tras los servicios militares de sus miembros era el evento más esperado del K-pop en años, y ARIRANG —el nombre del himno folclórico coreano— es exactamente el tipo de álbum que se hace cuando tienes algo que decir sobre quién eres y de dónde vienes. Más reflexivo que cualquier cosa que hayan publicado antes, con momentos que sorprenden por su contención. No es su disco más accesible, pero puede que sea el más honesto.

20. Don Toliver — Octane

Octane es un disco que funciona como conducir de noche: suave, veloz, sin que sepas bien adónde vas. Don Toliver ha perfeccionado la melancolía del trap melódico hasta convertirla en un género propio, y este álbum es su declaración más madura hasta la fecha. No inventa nada nuevo, pero lo que hace lo hace con una precisión que muy pocos artistas de su generación tienen.

19. Nacho Vegas — Vidas semipreciosas

Nacho Vegas lleva veinte años siendo el cantautor más incómodo de España, y no tiene ninguna intención de dejar de serlo. Vidas semipreciosas es oscuro, literario y deliberadamente difícil, la clase de disco que no cede un centímetro al oyente que pide que las cosas sean más sencillas. También es uno de los más necesarios del primer semestre: en un momento en que el pop español mira hacia el mainstream, Vegas sigue mirando hacia adentro.

18. Drake — Iceman

Drake llegó a Iceman con algo que demostrar, y eso se nota: es su álbum más concentrado en años, sin los interludios inútiles ni los features que a veces distraen. No resuelve todos sus problemas —algunos pasajes siguen sintiéndose como relleno de lujo— pero cuando funciona, recuerda por qué fue, durante casi una década, el estándar del que todos los demás tomaban medidas.

17. Bruno Mars — The Romantic

Después de años de residencias en Las Vegas y colaboraciones estratégicas, Bruno Mars vuelve con un disco que suena como si no tuviera prisa. The Romantic mezcla soul clásico con influencias latinas y la comodidad de alguien que sabe exactamente qué está haciendo. Tiene canciones que son perfectas en su modestia —tres minutos y se acabó, sin pretensiones— y eso, en 2026, es un valor más raro de lo que parece.

16. Dry Cleaning — Secret Love

Florence Shaw sigue siendo la vocalista más rara del post-punk británico, y Secret Love es otro ejercicio de precisión extraña: sus letras funcionan como prosa cortada a tijeras, sus compañeros construyen muros de guitarra controlados y densos, y el resultado es un disco que no se parece a nada más que a Dry Cleaning. Que eso sea un elogio o no depende de ti. Para nosotros, lo es.

15. Gorillaz — The Mountain

Damon Albarn vuelve con los Gorillaz y esta vez apunta más allá del horizonte. The Mountain es el disco más ambicioso de la banda en años: menos pop de singles y más construcción conceptual, con un mapa sonoro que va del afrobeat al ambient sin pedir permiso. No todos los experimentos funcionan —es un álbum de Gorillaz, siempre hay zonas de niebla— pero cuando acierta, se acierta de lleno.

14. Quevedo — El Baifo

El Baifo es el disco que confirma que Quevedo no fue un fenómeno de un verano. El título es ya una declaración de intenciones: vuelve a casa, vuelve al origen, vuelve a la isla. El reggaetón aquí respira con más calma, hay más melodía y menos prisa, y la producción tiene esa textura de algo que se ha construido sin mirar el reloj. El pop urbano español tiene un nuevo punto de referencia.

13. Little Simz — SUGAR GIRL EP

Que Little Simz llame a algo EP no le quita un gramo de ambición. SUGAR GIRL lleva el peso de un álbum en la manera en que está construido: cada pista habla con las demás, la producción es opulenta y contenida al mismo tiempo, y la voz de Simz sigue siendo una de las más precisas y emotivas del hip-hop contemporáneo. Corto, sí. Pero corto como un cuchillo.

12. Kacey Musgraves — Middle of Nowhere

Kacey Musgraves no deja de reinventarse con una naturalidad que la mayoría de artistas transforma en crisis. Middle of Nowhere es su disco más experimental —country en el esqueleto, electrónico en la musculatura— y también el que más se aleja de la inmediatez que le dio sus mayores éxitos. Vale la pena el esfuerzo. Musgraves sabe escribir canciones que te encuentran cuando estás solo en algún sitio y no sabes muy bien por qué.

11. Aldous Harding — Train on the Island

Aldous Harding hace la música que hace como si el tiempo fuera una sugerencia. Train on the Island es su álbum más accesible sin ser el menos raro: sigue siendo excéntrica, sigue construyendo canciones que parecen puzzles a medio armar, pero esta vez la emoción llega antes que la perplejidad. Si no la conoces, empieza aquí. Si ya la conoces, ya sabes que no puedes perdértela.

10. Robyn — Sexistential

Robyn tardó ocho años en volver a publicar un álbum después de Honey, y cada uno de esos años está en Sexistential. No es el disco que sus fans más implacables esperaban —más contemplativo, menos inmediato, con una producción que prefiere el espacio al ruido— pero es el disco que Robyn tenía que hacer: uno que se pregunta qué significa bailar cuando ya lo has bailado todo. La respuesta, resulta, es que todavía significa mucho.

9. James Blake — Trying Times

James Blake lleva una década haciendo que la electrónica suene como una herida, y Trying Times no cambia la fórmula pero la aísla, la reduce, la lleva a un lugar más quieto y más desolado. Es un disco que requiere atención —no está diseñado para el fondo— y que recompensa esa atención con momentos de una belleza desproporcionada. No es para todo el mundo. Quien sí es su mundo, ya lo sabe.

8. Tinariwen — Hoggar

Desde las montañas Hoggar, en el corazón del desierto argelino, el colectivo tuareg Tinariwen lleva décadas inventando lo que el mundo occidental llama «desert blues» y ellos simplemente llaman música. Hoggar es un disco que existe fuera del tiempo: las guitarras eléctricas se arrastran como arena, las voces se superponen con la urgencia paciente de quien sabe que hay cosas más importantes que la prisa. Es el disco de esta lista que tiene más posibilidades de seguir siendo escuchado dentro de veinte años.

7. Ratboys — Singin’ To An Empty Chair

Ratboys es la banda de Chicago que lleva años siendo el secreto mejor guardado del indie rock americano, y Singin’ To An Empty Chair puede ser el disco que por fin los saque del limbo. Julia Steiner escribe canciones sobre la vida ordinaria con una precisión que las vuelve extraordinarias: el tipo de letrista que convierte una conversación de pasillo en algo que duele con exactitud. Escúchala si quieres que te entiendan sin pedírselo.

6. The Twilight Sad — IT’S THE LONG GOODBYE

Los Twilight Sad llevan dos décadas construyendo una obra que funciona como un memorial de algo que nunca existió. IT’S THE LONG GOODBYE es su álbum más abrasador: James Graham canta como si el mundo entero le hubiera fallado, la guitarra de Andy MacFarlane construye paredes de sonido que no dejan pasar la luz, y el resultado es uno de los discos de post-punk más honestos del año. Escuchas esto y entiendes por qué hay gente que prefiere la lluvia al sol.

5. Grace Ives — Girlfriend

Grace Ives hace canciones que parecen simples y no lo son. Girlfriend está lleno de ese tipo de trampas: pop que suena directo, letras que parecen casuales, producción que parece mínima, y debajo de todo eso una inteligencia emocional afilada que no pide tu atención pero la retiene. Es el disco más extrañamente íntimo del semestre, el que más te habla en voz baja y el que más te cuesta sacarte de la cabeza.

4. Charli xcx — Wuthering Heights

Pocas veces alguien sale de un año tan bueno —Brat, el verano de 2024, el fenómeno cultural que no se explica solo con estadísticas de streaming— y encuentra la forma de dar el paso siguiente sin repetirse ni traicionarse. Wuthering Heights, publicado el día de San Valentín, toma el caos electrónico de su trabajo anterior y lo filtra a través de la melancolía de las Brontë. El resultado es un disco que suena al futuro del pop y a algo muy antiguo al mismo tiempo.

3. Mitski — Nothing’s About to Happen to Me

Mitski lleva una década escribiendo canciones sobre el dolor con la frialdad de una cirujana y la emoción de alguien que lo ha vivido todo. Nothing’s About to Happen to Me es su álbum más quieto —menos distorsión, más espacio— pero no menos intenso: las canciones aquí te llegan de costado, cuando no estás mirando. El título es una mentira piadosa. Todo está a punto de pasarte cuando pones este disco.

2. Olivia Rodrigo — you seem pretty sad for a girl so in love

Nadie debería poder hacer un tercer álbum tan bueno con veintipocos años. Olivia Rodrigo llega a you seem pretty sad for a girl so in love habiendo establecido ya dos registros distintos —el confesional adolescente de Sour, el pop-rock rabiado de Guts— y opta aquí por algo más oscuro y más textural, con canciones que no buscan el gancho inmediato sino la herida duradera. Es el disco de Rodrigo en el que parece más segura de sí misma, lo que también lo convierte en el más inquietante.

1. underscores — U

U es el disco del semestre. Punto. underscores construye hiperpop y digicore como si fueran el lenguaje nativo de quien ha crecido en internet —porque lo son— pero los usa para decir algo que trasciende el subgénero: canciones sobre la identidad, el deseo, la violencia emocional y la alegría que caben en los mismos catorce segundos. Es un álbum que suena como si el pop del siglo XXI por fin hubiera encontrado a alguien que lo domina del todo. Llegará al resto del mundo tarde o temprano. Tú ya lo sabes ahora.