Vendieron su alma al diablo para llegar aquí, y fue mejor de lo que esperábamos: Spider-Man – Brand New Day Omnibus Vol. 1
Hay una paradoja estructural en la base de todo Brand New Day que ninguna cantidad de calidad artística puede disolver del todo: el período más celebrado de Spider-Man en lo que va de siglo existe porque Marvel decidió hacer algo que buena parte de su público jamás le ha perdonado del todo. One More Day —el arco inmediatamente anterior, en el que Peter Parker y Mary Jane hacen un pacto con Mefisto para salvar la vida de Tía May a cambio de borrar su matrimonio de la continuidad— fue, en el momento de su publicación, uno de los eventos más impopulares que Marvel había ejecutado en años. El objetivo declarado era devolver a Peter Parker al estado civil de soltero, deshacer décadas de desarrollo de personaje, y resetear la narrativa hacia algo más parecido al Spidey de Stan Lee y Steve Ditko. Lo que vino después fue Brand New Day. Y Brand New Day, pese a todo, es bueno. A veces es muy bueno. Este primer Omnibus —el más grueso de cuantos hayamos abordado en estas páginas— recoge las Amazing Spider-Man #546-583 más un puñado de publicaciones satélite, y en sus más de novecientas páginas convive todo lo que la iniciativa tuvo de genuinamente inventiva con todo lo que sigue sin funcionar veinte años después de que se publicara.

La herencia envenenada: lo que Brand New Day le debe a One More Day
Hablar de Brand New Day sin hablar de One More Day sería como hablar de la Transición española sin mencionar el franquismo: se puede hacer, pero algo fundamental quedaría sin nombrar. El acuerdo con Mefisto no fue solo un recurso argumental: fue una declaración editorial sobre qué tipo de personaje quería Marvel que fuera Peter Parker, y esa declaración llegó cargada de implicaciones que la iniciativa que arranca en el #546 tuvo que gestionar sin poder nombrar directamente. La táctica del equipo creativo fue la correcta en términos prácticos: no mirar atrás, no explicar, avanzar con la energía de quien no tiene deudas que saldar aunque las tenga. Marc Guggenheim lo dijo con la claridad de los que vienen del mundo de la televisión: «Tenemos cosas más importantes que hacer que justificar lo que pasó antes». El resultado es que Brand New Day funciona mucho mejor si el lector acepta su punto de partida como datum y no como argumento. Los que no pueden aceptarlo —y son muchos, y tienen razones— van a encontrar siempre en cualquier buena escena de este Omnibus una pregunta tácita que la propia historia no quiere responder. Esa incomodidad es parte del texto, le guste o no al equipo creativo que la generó.

El escritorio compartido: Steve Wacker y el Spidey Brain Trust
Lo más genuinamente innovador de Brand New Day no es ninguna historia en particular sino el modelo editorial que las produjo. Steve Wacker llegó al proyecto habiendo gestionado 52, la serie semanal de DC que demostró que varios escritores podían coexistir en la misma cabecera si el editor tenía la disciplina suficiente para mantenerlos coordinados. Lo que Wacker implementó fue una versión de ese modelo adaptada a la frecuencia trimonthly: Amazing Spider-Man salía tres veces al mes, una cadencia que hacía imposible que un solo escritor la sostuviera sin quemarse. La solución fue el Brain Trust, un grupo rotante que en su primera configuración incluía a Dan Slott, Marc Guggenheim, Bob Gale y Zeb Wells, con Mark Waid y Joe Kelly incorporándose más tarde. Cada seis meses se reunían en Nueva York para planificar el siguiente bloque de historias en whiteboards, y entre cumbre y cumbre todo se coordinaba por email con la cortesía de gente que sabe que comparte un mismo espacio narrativo. El sistema produjo 101 números sin perder una fecha de entrega, lo cual es un mérito logístico que no debería subestimarse. También produjo desgaste: al final del período, Dan Slott declaró que el sistema le hacía imposible saber qué estaba haciendo; Fred Van Lente admitió estar «Spider-Maneado hasta los huesos». La iniciativa terminó exactamente cuando tenía que terminar. Pero mientras duró, funcionó.

Dan Slott y Steve McNiven: cómo se abre una nueva era
El primer arco de Brand New Day —los números #546-549, escritos por Dan Slott con arte de Steve McNiven— tiene una función específica que cumple con eficiencia notable: demostrar que el nuevo status quo es habitable. Peter Parker vive de nuevo con Tía May, le falta dinero de manera crónica, trabaja como fotógrafo freelance para el Daily Bugle, y tiene el tipo de vida caótica que se supone que define al personaje en su versión más pura. Slott no explica lo que cambió; lo muestra directamente, con la confianza de quien sabe que el lector ya sabe lo que pasó y que lo que necesita no es una justificación sino una razón para seguir leyendo. La razón está en la energía de las páginas, en el tono que calibra irreverencia y corazón con la misma precisión que los mejores cómics de Peter David o Roger Stern, y en la introducción de Mister Negative como primer gran villano de la era. Martin Li —filántropo de día, señor del crimen de noche, capaz de corromper a quien toca de manera literal— es el nuevo personaje más logrado de toda la iniciativa, el único que tiene la complejidad moral y la historia suficiente para convertirse en antagonista de larga duración sin necesitar relleno. McNiven dibuja todo esto con el realismo cinematográfico que había perfeccionado en Civil War, y la decisión de abrir con él antes de pasar al carrusel de artistas del volumen es inteligente: establece un tono visual de referencia que los lectores llevarán consigo cuando las páginas empiecen a parecer radicalmente diferentes.

La nueva galería de villanos: los que funcionan y los que no
Brand New Day apostó decididamente por la creación de nuevos antagonistas, con resultados tan desiguales que en este Omnibus caben la mejor idea de personaje de la iniciativa y algunos de los más prescindibles. Mister Negative ya se ha mencionado. Screwball —la villana que comete crímenes en directo por streaming para ganar seguidores— es, en términos de concepto, la idea más adelantada a su tiempo de todo el volumen: una criminal cuya motivación no es el dinero sino la atención, cuya actividad delictiva es inseparable de su presencia mediática, y que en 2008 debía parecer una extravagancia futurista pero que en 2024 resulta incómodamente familiar. La ejecución no siempre está a la altura del concepto —es una villana que el volumen introduce y aparca más veces de las que la desarrolla—, pero la idea original tiene la marca de los personajes que duran. El Freak —drogadicto que se inyecta suero experimental de animales y queda atrapado en un ciclo de mutación y metamorfosis— es el caso contrario: un concepto que parece interesante durante un número y que se vuelve repetitivo al segundo. Overdrive, con sus nanitos que convierten cualquier vehículo en arma, es un villano de relleno funcional. Paper Doll —fan obsesiva capaz de aplanar su cuerpo y el de sus víctimas— tiene un diseño visual perturbador que el arco que la presenta no explota del todo. Menace —la nueva Goblin, que el volumen revela lentamente como Lily Hollister, novia de Harry Osborn— es la apuesta de largo recorrido más interesante después de Mister Negative: el tipo de villana cuya existencia cambia la dinámica del entorno de Peter de manera que el lector no puede deshacer fácilmente.

Zeb Wells, Chris Bachalo y Marcos Martin: cuando el arte toma el mando
Una de las consecuencias menos previstas del modelo de rotación de Brand New Day es que la variedad de artistas acaba siendo tan definitoria de la iniciativa como cualquier guion individual. El Omnibus acumula estilos tan distintos que la experiencia de leerlo completo tiene algo de festival: McNiven es el aperitivo cinematográfico, Salvador Larroca hace el trabajo sólido de quien no falla pero tampoco sorprende, y luego llegan los que cambian la temperatura de la sala. Chris Bachalo en el arco de Zeb Wells —Spider-Man en un entorno oscuro, lluvia, caos controlado— es la ruptura visual más evidente: su línea fragmentada y sus composiciones de página que parecen resistirse a la lectura lineal son exactamente lo contrario del realismo de McNiven, y esa resistencia es parte de lo que hace a sus páginas memorables. Marcos Martin, que toma el relevo en los tramos de Bob Gale y en algunos de los mejores números del volumen, aporta la referencia opuesta: línea limpia, economía de medios, espacio negativo usado con una disciplina que remite al Ditko de los sesenta sin ser una copia de él. Cuando Martin dibuja a Spider-Man balanceándose entre rascacielos, hay en esas páginas algo que el realismo fotográfico de otros artistas del volumen no puede replicar: la sensación de que el dibujo entiende por qué este personaje vuela.

Kraven’s First Hunt: el relevo de los Kravinoff
El arco de «Kraven’s First Hunt» —números #565-567, escrito por Marc Guggenheim con arte de Phil Jimenez— merece atención separada porque hace algo que el volumen no siempre se permite: conectar directamente con el legado de uno de los mejores arcos de la historia del personaje. La última cacería de Kraven (DeMatteis, Zeck, 1987) sigue siendo el estándar al que cualquier historia sobre los Kravinoff tiene que hacer frente, y Guggenheim lo sabe, lo acepta como condición del proyecto y lo usa de referencia sin intentar replicarlo. Ana Kravinoff —hija del cazador fallecido, iniciándose en la tradición familiar con menos habilidad y más ferocidad que su padre— es una antagonista interesante por razones distintas a las que hacían a Sergei Kravinoff interesante: donde él era melancólico y filosófico, ella es pragmática y cruel de la manera específica en que lo es alguien que aún no ha desarrollado el código de honor que viene con los años. El giro de que Ana secuestra a Vin Gonzales creyendo que es Spider-Man —y la solución que esto obliga a Peter a improvisar, incluyendo una escena en la que opera disfrazado con el traje de Daredevil que genera una imagen conceptualmente cómica y narrativamente perfecta— es el tipo de solución de guion que demuestra por qué Guggenheim estaba en el Brain Trust. Jimenez dibuja todo con la densidad de detalles que lo caracteriza, aunque hay tramos donde esa densidad acumula más de lo que la dinámica de la escena necesita.

New Ways to Die: John Romita Jr., Norman Osborn y el pico de la iniciativa
Si hay un arco en este Omnibus que puede leerse de manera independiente y convencer a un escéptico de que Brand New Day valió la pena, ese arco son los números #568-573: «New Ways to Die», escrito por Dan Slott con arte de John Romita Jr. e entintado por Klaus Janson. El punto de partida es tan bueno como su ejecución: Norman Osborn —el Green Goblin, el asesino de Gwen Stacy, el hombre que debería ser el enemigo público número uno de Peter Parker— se ha convertido en el director de los Thunderbolts y en el rostro público de la ley y el orden en Estados Unidos, lo que significa que cuando los Thunderbolts llegan a Nueva York a cazar a Spider-Man, el héroe tiene que combatir a criminales reconvertidos en agentes del Estado mientras la ciudad los aplaude. Es el tipo de premisa de que hay que parar a leer un momento para procesar lo que implica, y Slott la trabaja con la conciencia de quien sabe que está plantando la semilla de lo que será Dark Reign unos meses después. La creación de Anti-Venom —Eddie Brock, antiguo Venom, curado milagrosamente de su cáncer en la Fundación F.E.A.S.T. de Martin Li y convertido en un simbionte de propiedades antivirales— añade un personaje con suficiente complejidad moral como para no ser simplemente el héroe que el arco necesita que sea. Y Romita Jr. con Klaus Janson haciendo de sombra es una combinación que lleva décadas produciendo páginas de Spidey definitivas: la doble página en la que Spider-Man enfrenta a los Thunderbolts tiene la energía cinética de quien lleva cuarenta años dibujando este personaje y todavía encuentra maneras de que el movimiento en una página estática resulte físicamente creíble.

Obama, el Daily Bugle y el saldo de la iniciativa
El número #583 —publicado en enero de 2009, coincidiendo con la investidura del nuevo presidente— es la publicación más vendida de todo el período Brand New Day y una de las más vendidas del cómic americano en lo que va de siglo: quinientas treinta mil copias de un número de Amazing Spider-Man en el que Peter Parker conoce a Barack Obama y ambos tienen que frustrar a un impostor de Chameleon. El argumento es delgado, la excusa narrativa es obvia y la calidad intrínseca del número es la de un cómic de ocasión correcto. Lo que lo convierte en un documento del período es su contexto: demostró que Amazing Spider-Man podía seguir siendo un fenómeno cultural de primer orden si se presentaba la oportunidad correcta, y esa demostración importaba en 2009, cuando la discusión sobre la relevancia del medio físico ya estaba en marcha. El arco paralelo sobre la transformación del Daily Bugle —la bancarrota de la cabecera más emblemática del universo Spider-Man, la llegada de nuevos propietarios y nuevas dinámicas— es, narrativamente, más interesante que el encuentro presidencial: toca la realidad de la industria periodística de 2008 con más honestidad de la que el tono del volumen suele permitirse. J. Jonah Jameson, convertido en alcalde de la ciudad de Nueva York en los últimos números del Omnibus, completa una transformación que el arco de Brand New Day ha construido lentamente: el antagonista institucional de Spider-Man convertido en el máximo representante de la ciudad que el héroe protege, lo que genera una dinámica que los siguientes años de la cabecera van a explotar con inteligencia.

Spider-Man – Brand New Day Omnibus Vol. 1 es un documento contradictorio, de la misma manera que contradictorios son los mejores períodos de las franquicias que llevan décadas cargando con su propia historia. No resuelve la sombra de One More Day porque no puede resolverla: ese problema es estructural y está en el ADN de cada página. Lo que sí hace —y esto es más de lo que sus detractores más encendidos suelen admitir— es demostrar que una iniciativa editorial pensada desde la ambición creativa y no solo desde el control de daños puede producir cómics que valen la pena de manera autónoma. Slott abre y cierra el volumen con los mejores arcos. Romita Jr. entrega el trabajo más poderoso. Marcos Martin y Bachalo añaden la textura visual que convierte la rotación de artistas en activo y no en problema. Los nuevos villanos son desiguales pero Mister Negative y Screwball sobreviven a la prueba del tiempo. Y el conjunto, en este formato Omnibus que permite leerlo como bloque y no como entregas individuales, tiene más coherencia de la que su modelo de producción hacía prever. No es la mejor etapa de Spider-Man. Pero es una etapa honesta, inventiva y, en sus mejores páginas, exactamente el cómic que el personaje necesitaba después de lo que le hicieron.





