El equipo creativo que con un sólo arco le dio un pasado mítico a Spider-Man: ‘Bienvenido a casa’

Spider-Man: Brand New Day, la película de Destin Daniel Cretton con Tom Holland, lleva en cartelera desde el 31 de julio de 2026 y suma ya más de mil ochocientos millones de dólares en todo el mundo, camino de convertirse en la película de Spidey más taquillera de la historia. Uno de sus elementos más significativos es la evolución de los poderes de Peter Parker: la telaraña orgánica que brota de sus muñecas sin mecanismo mecánico, los ojos que se vuelven negros, algo que está cambiando en el personaje sin que nadie sepa bien qué es ni a dónde lleva. Esa idea —que Spider-Man no es simplemente un hombre que recibió poderes por accidente sino algo más oscuro y más grande— la trajo por primera vez a los cómics J. Michael Straczynski en los números 30 al 35 de The Amazing Spider-Man, publicados entre junio y noviembre de 2001 y recopilados en el volumen Coming Home. Veinte años después, la película más taquillera del verano está construida sobre los cimientos que ese arco puso.

La pregunta que nadie había hecho

Straczynski llega a Amazing Spider-Man con una pregunta que parece simple y resulta ser la más peligrosa que se le puede hacer al personaje: ¿y si la araña no fue un accidente? Ezekiel —un multimillonario misterioso con poderes idénticos a los de Peter Parker— formula la hipótesis en los primeros compases del arco: Peter no fue víctima de la radiación de un insecto de laboratorio sino que fue elegido. Es un tótem de araña, un avatar de una fuerza cósmica que opera desde antes de que existiera la civilización. La araña no le concedió los poderes: los poderes lo encontraron a él. La diferencia entre esas dos frases es la diferencia entre «cualquiera podría haber sido Spider-Man» y «solo podía serlo él». El conflicto entre esas dos interpretaciones es el corazón de toda la etapa JMS y también su mayor problema: si Peter fue elegido, la casualidad que lo define desaparece. El «un gran poder conlleva una gran responsabilidad» funciona como principio moral precisamente porque Peter no pidió el poder ni lo buscó; se lo impuso el azar. Convertirlo en destino es una operación estéticamente seductora y filosóficamente contradictoria. Straczynski tiene la inteligencia de no resolver la pregunta —Ezekiel plantea la hipótesis, pero el narrador nunca la confirma del todo—, y esa ambigüedad deliberada es lo que permite que Coming Home funcione también como thriller de misterio: no estamos seguros de qué tipo de historia estamos leyendo.

Morlun, Romita Jr. y el número 33

Lo que la ambigüedad de la mitología no puede resolver lo resuelve Morlun con una brutalidad directa. La criatura inmortal que caza y devora tótems de araña es una de las mejores incorporaciones al catálogo de villanos de Spider-Man en décadas precisamente porque no necesita psicología: es un depredador en el sentido más literal, sin motivación más allá del hambre, sin código más allá de la eficacia, sin debilidad visible durante la mayor parte del arco. No es un villano con trauma de origen ni con agenda política ni con rencor personal contra el héroe; es una fuerza de la naturaleza que ha venido a comer, y eso lo hace más aterrador que cualquier cosa que hubiera detrás de su motivación si Straczynski se hubiera molestado en escribirle una. El número 33 —una batalla de veinte páginas casi sin diálogo entre Spider-Man y Morlun que termina con Peter destrozado, con los huesos rotos, usando lo que le queda de cerebro para encontrar la única vulnerabilidad posible de un ser que parecía no tener ninguna— es uno de los mejores números individuales de la historia del personaje. Straczynski escribe la desesperación con la misma precisión con que otros escritores escriben el heroísmo, y John Romita Jr. lo dibuja con el estilo angular y descarnado que define su trabajo en esta etapa: figuras que pesan, impactos que duelen, la emoción en el gesto antes que en la expresión. Romita Jr. no es el artista más elegante de la historia del cómic de superhéroes y aquí no necesita serlo: necesita que cada golpe cuente, y cuenta.

Veinte años, una película y la deuda que nadie menciona

Coming Home es el primer capítulo de lo que terminaría siendo la etapa definitiva de Spider-Man en los años 2000. La telaraña orgánica que Peter desarrolla más adelante en la misma etapa JMS es la que el MCU le devuelve en Brand New Day. Los Spider-Totems que Ezekiel introduce aquí son los que harían posible Spider-Verse años después. La reimaginación de la Tía May como alguien capaz de cargar con la verdad sobre su sobrino —uno de los cambios más importantes de toda la etapa— empieza en estas páginas con una conversación que disuelve cuarenta años de personaje secundario amable en algo genuinamente humano. Nada de esto existiría sin Coming Home, y sin todo eso, la película que esta semana suma mil ochocientos millones de dólares tampoco existiría exactamente como es. El MCU tomó la pregunta de JMS —¿qué es realmente Spider-Man, un accidente o algo más?— sin acreditarle la fuente, que es lo que el cine siempre hace con los cómics que le resultan útiles. Straczynski le hizo esa pregunta al personaje en 2001 y el personaje lleva dos décadas sin terminar de responderla. La película más taquillera del verano tampoco la responde. Puede que ahí esté la clave de por qué Spider-Man todavía funciona.