Un villano con dos mil años de ventaja y cinco números para derrotarlo: Ultimate Endgame
La versión actual del Universo Ultimate —no la original de los años dos mil, sino la relanzada por Jonathan Hickman a partir de 2023 con Ultimate Invasion— siempre tuvo algo de perturbador en su premisa: el mundo que habitaban sus héroes no era un mundo libre, sino uno diseñado, construido y administrado por el Maker, el Reed Richards corrompido de la Tierra-616, el científico más brillante del universo Marvel reconvertido en dictador superpotenciado que llevaba milenios —literalmente milenios, porque en la dimensión de Limbo donde opera el tiempo funciona de otra manera— desarrollando su Ciudad y esperando el momento de imponerse sobre el resto de la realidad. Ultimate Endgame, la miniserie de cinco números escrita por Deniz Camp con dibujos de Jonas Scharf y Terry Dodson, es la conclusión de ese proyecto: el instante en que los héroes de este universo —Spider-Man, Iron Lad (el Tony Stark de esta línea), América Chávez, Doom— intentan detener lo que el Maker lleva dos mil años preparando. La pregunta que plantea la miniserie no es si pueden ganar. La pregunta es cuánto van a perder en el intento.

El hombre que se ha convertido en su propia ciudad
El primer número arranca en 1963 con una secuencia prólogo que establece, sin ambigüedad, lo que el Maker es capaz de hacer: asesina al último de los Eternos de este universo como primer paso de un plan que lleva décadas ejecutándose. El salto al presente encuentra la Ciudad —la megaestructura que ha construido como base de operaciones— descendiendo sobre la Tierra, con los héroes en estado de pánico y sin un plan real para detenerla. Camp estructura los dos primeros números como un reloj detonador: la cuenta atrás es literal, el espacio para respirar no existe, y la infiltración del equipo en el interior de la Ciudad desemboca en el descubrimiento más perturbador de la miniserie: el Maker ya no está dentro de la Ciudad. El Maker es la Ciudad. Ha fusionado su consciencia con la Aguja Central de la estructura, convirtiéndose en un ser que ya no es exactamente un hombre. Immortus —Howard Stark en esta línea temporal— lo explica: el tiempo en Limbo funciona de otra manera, y el enemigo al que se enfrentan lleva acumulando poder y obsesión durante más tiempo del que ninguno de ellos puede procesar. Jonas Scharf dibuja el interior de la Ciudad como un organismo vivo de horror corporal; Terry y Rachel Dodson se encargan de los exteriores, donde la batalla que se libra fuera —Killmonger intentando abrirse paso, los X-Men llegando tarde, América Chávez sosteniendo líneas que no se pueden sostener— tiene la escala visual de un desastre de proporciones bíblicas. La coexistencia de dos estilos artísticos tan distintos genera algún momento de fricción, pero Camp la convierte en virtud: lo que ocurre fuera de la Ciudad pertenece al universo del cómic de superhéroes convencional; lo que ocurre dentro se parece cada vez más a una pesadilla.

El precio de salvar el mundo que no fue el tuyo
El tercer número es donde Ultimate Endgame decide que va en serio. Peter Parker —Spider-Man, el mismo que en esta nueva línea ha construido una familia, ha tenido hijos, ha intentado demostrar que ser superhéroe y padre no son cosas mutuamente excluyentes— muere a manos del Maker. No es un cliffhanger provisional: es la muerte del protagonista de la saga Ultimate Spider-Man en el número central de la miniserie que cierra la línea, y Camp la ejecuta con suficiente preparación emocional como para que cueste de verdad. Steve Rogers corre una suerte similar en el mismo número: el Capitán América de este universo muere decapitado por el Capitán Britania en una escena con la brutalidad irreversible de quien sabe que esto no se puede deshacer. La pérdida no es retórica sino estructural, y el cuarto número —que es el mejor de la miniserie en términos de escritura— construye sobre esas ausencias la pregunta que Camp lleva queriendo hacer desde el principio: ¿cuánto se puede exigir a alguien que defienda un mundo diseñado por el mismo ser que ahora intenta destruirlo? El Maker adopta en este punto una forma nueva —carne y tecnología y Carnage mezclados en algo para lo que no hay categoría precisa—, y Scharf la dibuja con una inventiva de horror corporal que resulta genuinamente perturbadora. El penúltimo número no tiene finales felices ni atajos: solo héroes agotados, reinforzos que llegan tarde y la certeza de que el coste de la victoria, si es que llega, va a ser inaceptable.

Lo que queda cuando el monstruo ya no está
El número final —publicado el 24 de junio de 2026— no alcanza el nivel de los dos que lo preceden, y eso no significa que falle del todo. Peter Parker regresa: la muerte del tercer número es revertida en el cierre, lo cual genera cierta ambivalencia en un evento que había apostado con convicción por las consecuencias definitivas. Lo que no regresa es Steve Rogers, cuya muerte permanece como la pérdida más importante de la miniserie. Lo que sí queda son dos imágenes que dan continuidad al universo: May Parker, la hija adolescente de Peter, asume el traje picotech de Venom como relevo generacional y como símbolo de que la siguiente generación ha aprendido de la anterior; y Víctor Von Doom, en posesión de los restos del Maker, ante una encrucijada que podría convertirlo en héroe o en sucesor del villano que acaba de ser derrotado. Marvel ha confirmado que el Universo Ultimate volverá en algún formato por determinar. Ultimate Endgame no es un cierre limpio —el quinto número acusa la compresión de quien tiene que concluir demasiado en demasiado poco espacio, y hay arcos secundarios que se quedan a medias— pero sí es un cierre honesto. Deniz Camp ha escrito un evento que funciona mejor como ensayo sobre el libre albedrío y el precio de resistir un sistema diseñado para aplastarte que como thriller de superhéroes de alta tensión, y en sus mejores páginas —y las tiene, varias— eso resulta ser suficiente.





