‘Toda persona, vista de cerca, es un monstruo’ inicia su cuarta temporada en el Teatro Lara
El circuito de teatro independiente madrileño vuelve a dar la bienvenida a una de sus propuestas más sólidas y aclamadas de los últimos años. Toda persona, vista de cerca, es un monstruo arranca este mes de mayo de 2026 su cuarta temporada consecutiva en la Sala Lola Membrives del emblemático Teatro Lara, programando pases los jueves a las 19:30 horas y sumando además los viernes a las 18:15 a partir de junio. La pieza, impulsada por la compañía Monstruo Teatro bajo un modelo de producción austero y móvil, alcanza el hito de superar las cien funciones en la capital tras colgar de forma continuada el cartel de entradas agotadas y contar con el respaldo unánime de la crítica especializada desde su desembarco en 2024.
Firmada por la dramaturga argentina María Zubiri, la obra llega avalada por un arrollador recorrido internacional que incluye seis temporadas en Buenos Aires, su paso por el Festival de Teatro de la CABA y adaptaciones en la escena mexicana. La trama parte de una premisa aparentemente cotidiana —una cena entre dos parejas amigas— para articular un brillante mecanismo de relojería emocional donde la comedia de costumbres acaba dinamitada desde dentro. Bajo la dirección y escenografía de Matías Benedetti, la propuesta encierra a los personajes en un espacio deliberadamente austero de apenas 20 metros cuadrados, transformando la intimidad en una trampa sofocante donde afloran las fracturas, los reproches y las verdades incómodas que nadie quiere articular.
El elenco principal está integrado por Fiorella Pedrazzini (quien asume también el diseño de vestuario), Olivia Tomé, Lautaro Fernández y Matías Galimberti, este último al frente de la producción ejecutiva. Como gran novedad para esta cuarta etapa, la función incorpora en alternancia para el rol de Lorenzo a Quique Fernández, una de las caras más reconocibles del off madrileño. Con 75 minutos de metraje y recomendada para mayores de 18 años, esta disección sobre la vulnerabilidad, las apariencias y las miserias humanas reafirma la vigencia del teatro de texto en la cartelera madrileña, demostrando que las historias pequeñas y honestas siguen teniendo la capacidad de convertirse en auténticos fenómenos de público.





