Nadie hace el trabajo solo: Superman Unlimited Vol. 2: This Looks Like A Job…

La frase que falta en el título de este segundo volumen la conoces aunque no hayas leído un solo cómic en tu vida: This Looks Like A Job For Superman. Dan Slott se la apropia, le quita el final y la convierte en pregunta abierta. El tomo recopila los números 7 al 10 de Superman Unlimited más el especial Chains of Love, y a lo largo de esas páginas la pregunta de «¿de quién es, exactamente, este trabajo?» no siempre recibe la misma respuesta. A veces es Clark. A veces es Jon. A veces es Lois Lane a bordo de un transbordador espacial lleno de influencers. Y en el especial, de manera completamente inesperada, resulta que es Creeper y Livewire. La amplitud de esa respuesta es exactamente lo que hace de Superman Unlimited un título diferente a lo que DC publica bajo el nombre del hombre de acero.

Jon en Smallville, Lois en el espacio y Guy Gardner en medio

El séptimo número arranca el volumen desde Smallville, con Jon Kent trabajando junto a Steel y Lana Lang en el desarrollo de equipos resistentes a la kriptonita y con una historia de misterio rural —un supuesto fantasma de vaca diezmando el ganado del condado, que es exactamente tan absurda y tan entrañable como suena— que Dan Slott y Jeremy Adams usan para hablar de algo más serio: a Jon Kent, durante demasiado tiempo, DC no ha sabido muy bien qué hacer con él. Superman Unlimited le empieza a devolver una dirección propia, explorando su identidad y sus inquietudes con una voz que no es derivada de su padre sino específicamente suya. Lucas Meyer dibuja con una limpieza y una dinamicidad que convierten los detalles de la armadura de Steel y los efectos de energía de Lana en momentos visuales por derecho propio. El octavo número, en cambio, manda a Lois Lane al espacio en una misión con multimillonarios e influencers —Sebastian Stagg a bordo, Guy Gardner como representante de la Liga de la Justicia— y, paradójicamente, la deja en segundo plano en cuanto aparecen los alienígenas. Es el número más débil del volumen: hay un subplot sobre Lois desbordada en el Daily Planet que merece una historia entera y que se abandona cuando llega la invasión. Aunque Meyer aprovecha las secuencias espaciales para sacar el máximo partido a los colores de Marcelo Maiolo y recordar que hay una diferencia entre ilustrar y narrar con imágenes.

El Prankster ha crecido en internet y la cosa tiene todo el sentido

El arco «Die Laughing» de los números 9 y 10 es el mejor material del tomo, y lo es porque Slott entiende lo que le da valor a un villano de segunda fila: contextualizarlo en el momento en que vivimos. El nuevo Prankster —sobrino del original Oswald Loomis— es un hombre que quiere que sus víctimas mueran en el ridículo, que la última imagen que el mundo recuerde de ellas sea la humillación. Es exactamente el tipo de violencia que las redes sociales han normalizado, y convertida en superpoder resulta más perturbadora de lo que debería. El objetivo es el alcalde de Metrópolis, Perry White, y la solución pasa por Clark Kent utilizando sus poderes a escondidas mientras una banda de payasos asesinos intenta liquidarlo: la escena en que el reportero del Daily Planet esquiva una emboscada sin que nadie se dé cuenta de cómo es uno de esos momentos de Clark-siendo-Superman-sin-serlo que el género lleva décadas intentando hacer bien y que aquí funciona. Mike Norton, que toma el relevo de Lucas Meyer en el lápiz, dibuja la supervelocidad como un tornado rojo y azul y el soplo ártico de Superman como un muro de niebla, y hay en sus secuencias de acción una inventiva visual que se agradece. Lo que no acaba de funcionar es el subplot de Jon Kent con Mr. Mxyzptlk, que anuncia la saga «Reign of the Superboys» con más ruido que sustancia.

El especial que no pedías y resulta ser el mejor número del tomo

Y luego está Chains of Love, el especial que nadie esperaba y que termina siendo el número más sorprendente del volumen. La historia principal, a cargo de Leah Williams con dibujos de Ig Guara, sigue a Creeper y Livewire desarrollando una relación a partir de una idea de Jon Kent —montar un podcast llamado «Hardwired» para que los periodistas de Metrópolis colaboren— que Williams escribe con una química que Guara potencia desde el dibujo: caótico cuando la perspectiva es de Creeper, preciso cuando es de Livewire. El backup, escrito por Slott con dibujos de Rosi Kämpe, gira en torno a un hombre corriente atrapado en un intercambio entre la Tierra y el mundo de Bizarro orquestado por Mr. Mxyzptlk, y funciona simultáneamente como cuento sobre el valor de lo cotidiano y como prólogo a la próxima serie de Bizarro. Es el tipo de pieza complementaria que justifica la existencia del formato especial.

This Looks Like A Job… es un volumen desigual en su primera mitad y muy sólido en la segunda, lo cual al final produce exactamente el tipo de lectura que suele generar una cabecera de superhéroes sin límite de páginas: momentos de duda sobre si el proyecto tiene dirección, y luego momentos que te recuerdan por qué sigues leyendo. Slott sabe lo que quiere hacer con este universo expandido —convertirlo en algo tan coral como la ciudad que lo alberga—, y cuando lo consigue, como en el arco del Prankster o en las páginas de Leah Williams, el argumento resulta difícil de rebatir.