El irresistible bum de Nora Ephron: Por qué arrasa en las librerías este verano

«Trabajar de periodista es exactamente lo mismo que ser la fea de la orgía», soltaba sin ningún tipo de filtro la mítica cineasta y escritora neoyorquina Nora Ephron. Con esta demoledora e hilarante declaración de intenciones arranca Gente a cenar, la última recopilación de artículos con la que el sello Libros del Asteroide ha vuelto a encender la mecha de un fenómeno que parece no tener techo. Desde que la editorial rescató su figura, la artífice de guiones legendarios como Cuando Harry encontró a Sally o Tienes un e-mail ha consolidado un idilio intergeneracional con los lectores españoles, superando la friolera de los 80.000 ejemplares vendidos gracias a títulos ya imprescindibles como No me acuerdo de nada y No me gusta mi cuello.

La respuesta del público ante el reciente desembarco de Gente a cenar —que ha distribuido miles de copias en apenas tres meses— demuestra que, ante la fatiga contemporánea y la asfixia de la crónica política actual, los lectores buscan refugio en la «lúcida ligereza» de una autora que dominaba como nadie el arte de nadar sobre lo anecdótico. En los pasillos de las librerías independientes se constata que el fenómeno Ephron ha roto cualquier barrera de edad: desde jóvenes de veinte años que sufren la epidemia moderna de sobrepensar todo, hasta lectoras veteranas que se identifican con su aceptación irónica del paso del tiempo y las crisis corporales. Nora se erige como la antimodelo perfecta; una intelectual brillantemente accesible que se expone a sí misma como diana de sus propias críticas, demostrando que se puede reflexionar sobre los dolores del mundo mientras se hornea una tarta, se debate sobre cosmética o se reivindica el placer absoluto de leer en la cama.

Este arrollador éxito comercial también invita a sacudirse complejos históricos del canon literario. Durante décadas, la mirada burguesa y aparentemente doméstica de Ephron fue denostada bajo el cliché de ser «literatura ligera para mujeres», un sesgo que también sufrieron en su día autoras nacionales de la talla de Carmen Martín Gaite. Sin embargo, la perspectiva de la neoyorquina ofrece un retrato del concepto de barrio, de los tenderos de siempre y de la añoranza por ciudades que ya no existen, logrando que cualquier lector conecte con sus textos desde el sofá de su casa. Nora Ephron ha regresado para quedarse como el aperitivo perfecto del verano, recordándonos que, a veces, la frivolidad autocrítica y el sentido del humor son las únicas herramientas válidas para desdramatizar la existencia.