Del mando a la pantalla, las siete mejores adaptaciones de videojuego de la historia

Zach Cregger lleva tres años siendo la mejor noticia del cine de género americano, y que haya elegido Raccoon City como siguiente destino después de Barbarian —Austin Abrams como repartidor médico que acepta un encargo la misma noche en que el T-Virus ya está en el edificio, la munición está contada y los pasillos del hospital huelen a lo que huelen— dice algo sobre el estado de salud de las adaptaciones de videojuego que hasta hace poco era imposible decir: que alguien con algo real que ofrecer ha decidido que ese territorio le interesa. Durante décadas, la adaptación de un videojuego funcionó como confesión de intenciones: una decisión industrial que anunciaba franquicia antes que película, mercado antes que historia, licencia antes que arte. Lo que ha ocurrido en los últimos años deshace esa lógica episodio a episodio, temporada a temporada, fotograma a fotograma. La lista que sigue es el argumento.

7. Resident Evil (Zach Cregger, 2026)

Bryan Hodukavich —Austin Abrams— es un repartidor médico que acepta un encargo de alta prioridad para el Raccoon City General una noche de nieve. Lo que sigue son noventa y cinco minutos de gestión de recursos, munición contada, escalada de amenazas y el tipo de humor negro que solo resulta cómodo cuando el director sabe exactamente dónde está la línea. Cregger renuncia desde el principio a adaptar a los personajes que la mayoría esperaba —no hay Jill Valentine, no hay Leon Kennedy, no hay flashback al laboratorio donde todo empezó— y esa renuncia es la decisión más inteligente de la película. Construye algo más pequeño y más específico: la noche más larga de un hombre que no pidió estar donde está.

El resultado captura la lógica de los juegos —la progresión de armas, el mapa que se va revelando, la tensión de no saber qué hay detrás de la siguiente puerta— mejor que cualquier adaptación anterior precisamente porque no intenta convertirla en espectáculo. Paul Walter Hauser, Kali Reis y Zach Cherry orbitan alrededor de Abrams con la coherencia de un reparto que entiende que la gracia del material está en la incomodidad, no en la heroicidad. Está en el siete porque es nueva y todavía no ha tenido tiempo de demostrar que va a durar. Pero la ambición está ahí desde el primer plano.

6. The Super Mario Bros. Movie (Aaron Horvath & Michael Jelenic, Universal/Illumination, 2023)

Mil trescientos sesenta millones de dólares de recaudación mundial. Quinta película de animación más taquillera de la historia. Chris Pratt como Mario, Charlie Day como Luigi, Anya Taylor-Joy como Peach, y Jack Black como el Bowser más sorprendente del cine reciente: un villano que resulta ser también, contra toda lógica narrativa, un adolescente con enamoramiento agudo y acceso a un piano. La película no tiene la ambición de ser sofisticada y no lo intenta, lo cual es exactamente por qué funciona. Horvath y Jelenic entendieron que el error de las adaptaciones fallidas no es la falta de fidelidad al material sino la desconfianza en él.

El argumento para su presencia aquí no es la complejidad sino la honestidad: el film entiende que Mario es, en el fondo, la historia de alguien que corre hacia el peligro cuando todo el mundo corre en la dirección contraria, y construye cada set piece alrededor de esa idea con la alegría sistemática de una producción que realmente quería hacer este proyecto bien. Cuarenta años de mitología Nintendo —los bloques, los champiñones, el kart, la eterna pendiente del volcán— pasan por pantalla sin que ninguno resulte gratuito o meramente decorativo. El universo Mario existía antes de que existiera su propia épica. La película se la inventa con suficiente convicción para que lo parezca.

5. Cyberpunk: Edgerunners (Hiroyuki Imaishi, Studio Trigger, Netflix, 2022)

Diez episodios. Veinticinco minutos cada uno. David Martinez, hijo de las calles de Night City, compra el sueño mercenario que la ciudad vende a los que no tienen nada que perder, y la serie lo sigue avanzar hacia el abismo con la precisión de quien sabe el final desde el principio y ha decidido que el trayecto importa de todas formas. Hiroyuki Imaishi y Studio Trigger —responsables de Kill la Kill y Gurren Lagann— traen su lenguaje visual hipercinético a un material que lo necesitaba: Night City como exceso permanente, los implantes cibernéticos como la metáfora más literal del siglo sobre la adicción al rendimiento, y el cuerpo humano como frontera que el capitalismo de ese universo lleva décadas cruzando sin preguntar.

Lo que hace grande a Edgerunners es una peculiaridad sin precedentes en la historia del género: llegó dos años después de que el lanzamiento catastrófico del videojuego Cyberpunk 2077 hubiera convertido la franquicia en el chiste más caro de la industria, y el boca a boca que generó convenció a sus propios espectadores de darle al juego una segunda oportunidad. La influencia no viajó del videojuego a la adaptación sino al revés. Eso no tiene precedentes. El episodio final —veinticinco minutos que queman— es uno de los más emocionalmente devastadores de la animación reciente.

4. Castlevania (Warren Ellis, Adi Shankar, Netflix, 2017–2021)

Cuatro temporadas. Treinta y dos episodios. Warren Ellis escribiendo guiones sobre cazadores de vampiros y catedrales medievales con la seriedad de quien lleva décadas convencido de que el material siempre mereció mejor tratamiento del que recibió. El productor Adi Shankar apostó por la animación adulta en el territorio donde el género había vivido históricamente como producto infantil o de culto, y lo que salió no fue ni una cosa ni la otra. Trevor Belmont —voz de Richard Armitage— entra en la serie como un borracho que ha perdido todo y que se resiste, casi con obstinación cómica, a convertirse en el héroe que la situación requiere. Ese anticlímax de presentación es la apuesta más arriesgada de la primera temporada y la que decide la calidad de todo lo que viene después.

La cuarta temporada en particular —que se pregunta qué le pasa a los supervivientes de una guerra que creían necesaria cuando la guerra termina y la respuesta no les satisface— tiene una madurez estructural inusual en la animación de género. El trabajo de diseño, la calidad de las secuencias de combate y la dirección de actores de voz crean una coherencia tonal que el material habría merecido en cualquier soporte. Castlevania es la demostración de que las mejores adaptaciones de videojuegos no son las más fieles sino las más honestas sobre qué quieren decir con ellas.

3. Fallout (Jonathan Nolan & Lisa Joy, Amazon Prime Video, 2024)

Ocho episodios. Lucy —Ella Purnell— es una habitante del Vault 33 que emerge a la superficie doscientos años después del apocalipsis nuclear con la sonrisa intacta de quien nunca ha visto cómo funciona el mundo real. Maximus —Aaron Moten— es un aspirante a squire de la Hermandad del Acero que navega la brecha entre la mitología de su institución y su funcionamiento concreto. El Ghoul —Walton Goggins— es un actor de westerns de los años cincuenta que ha pasado doscientos años convirtiéndose en algo que sigue siendo humano pero solo en sentido técnico. Los tres arcos funcionan en paralelo y convergen con la mecánica de un reloj que sabe que tiene un argumento más importante que sus personajes.

Lo que Jonathan Nolan y Lisa Joy construyeron es una serie que captura la idea central de la franquicia con una claridad que el propio videojuego solo puede sugerir: que el mundo acabó, que el capitalismo sobrevivió al apocalipsis sin pestañear, que los bunkers se construyeron para estudiar el comportamiento humano bajo condiciones extremas y no para salvar a nadie, y que la ideología que destruyó el mundo es exactamente la ideología que lo reconstruye. La actuación de Walton Goggins como el Ghoul —un monstruo con memoria perfecta de lo que fue antes— es el tipo de trabajo que convierte una serie en algo que no se olvida fácilmente.

2. Arcane (Christian Linke & Alex Yee, Fortiche Productions, Netflix, 2021–2024)

Dos temporadas. Dieciocho episodios. Riot Games construyó durante quince años un universo alrededor de un videojuego que empezó siendo un mapa de estrategia y terminó siendo uno de los títulos más jugados del planeta, y lo que Christian Linke y Alex Yee entendieron cuando convirtieron ese universo en televisión es que el material acumulado contenía una historia que ninguna partida podía contar. Vi —voz de Hailee Steinfeld— y Jinx —voz de Ella Purnell— son hermanas criadas en el barrio bajo que terminarán en lados opuestos de la misma guerra, y la serie dedica sus dieciocho episodios a entender cómo llegaron ahí sin que ninguna de las dos lo eligiera exactamente. La primera temporada cierra todos sus arcos con una precisión que el género serializado rara vez consigue. La segunda los cierra con la audacia suficiente para que la conclusión resulte satisfactoria sin ser predecible.

Fortiche Productions desarrolló un estilo de animación que combina CGI con texturas pintadas, expresionismo del color y una atención al lenguaje visual que hace que Arcane no se parezca a nada más en la televisión actual. Dos temporadas. Sin episodios de relleno. Sin alargamiento de franquicia. El argumento para situarla en el dos y no en el uno es una sola cosa: que The Last of Us hizo algo que nadie había hecho antes con este tipo de material. El argumento para que Arcane esté en el dos es que tampoco lo había hecho nadie.

1. The Last of Us (Craig Mazin & Neil Druckmann, HBO, 2023)

Pedro Pascal. Bella Ramsey. Nueve episodios. La conclusión del argumento.

Lo que Craig Mazin y Neil Druckmann —el creador original del videojuego— entendieron al construir la serie es que The Last of Us siempre fue un drama sobre el duelo que usaba el apocalipsis zombi como escenario, no una historia de apocalipsis zombi con momentos emocionales. Joel Miller no es un héroe en una misión: es un hombre con una herida de veinte años que nunca ha procesado, al que le piden que transporte a una adolescente a través de un país muerto hasta la cirugía que la matará para producir la vacuna que ella es la única capaz de generar. El tercer episodio —»Long Long Time»— es un cuento de amor autocontenido sobre dos personas que se encuentran en el mundo equivocado en el momento justo, con Nick Offerman y Murray Bartlett, escrito con la contención de quien sabe exactamente cuánto puede cargar la escena sin derrumbarse.

El logro de The Last of Us es haber hecho irrelevante su propia etiqueta. Nadie habla de esta serie como una adaptación de videojuego después del primer episodio. Es simplemente una serie —uno de los dramas más importantes que HBO ha producido en la última década, que se sienta sin necesidad de hacer concesiones junto a lo mejor del catálogo de la cadena—. Que eso no debería ser tan raro como es. Pero lo es. Y por eso esta serie encabeza la lista.