De Dua Lipa a ‘El fantasma de la ópera’: la obra de Gaston Leroux se reinventa en París

El fantasma más célebre de la literatura gótica se prepara para abandonar las partituras ampulosas del teatro musical clásico y saltar a la pista de baile de la cultura pop contemporánea. A Contracorriente Films ha anunciado que la nueva y ambiciosa adaptación cinematográfica de El fantasma de la ópera llegará a las salas de cine españolas el próximo 4 de diciembre de 2026. Dirigida por Alexandre Castagnetti a partir de un libreto coescrito junto a Camille Fontaine (Coco, de la rebeldía a la leyenda de Chanel), esta producción marca un hito histórico al convertirse en la primerísima versión rodada en francés de la novela original que Gaston Leroux publicó en 1909. Lejos de la solemnidad de las pelucas empolvadas, el proyecto nace con una vocación internacional descaradamente joven y estilizada, diseñada como un tratamiento de choque analógico para conectar el mito con las nuevas generaciones.

Esta reinterpretación traslada el laberinto de obsesiones a la vibrante París actual para seguir los pasos de Anastasia, una joven bailarina recién aterrizada en la capital que logra entrar en el prestigioso ballet de la Ópera de París. Mientras se deja la piel en los ensayos de Orfeo, su vida se descarrila al enamorarse de un misterioso pianista que acecha en las sombras del edificio, arrastrándola a un triángulo amoroso donde la fantasía y la cruda realidad diluyen sus fronteras. Para dar vida a este lienzo generacional, Castagnetti ha reclutado a la magnética Deva Cassel junto a Romain Duris y Julien De Saint-Jean, arropados en los interludios físicos por los reputados bailarines estrella Guillaume Diop y Dorothée Gilbert. La filmación arrancó el pasado mes de agosto en el mismísimo y opulento Palais Garnier, colándose con las cámaras en la majestuosa sala principal, los claustrofóbicos camerinos e incluso en la legendaria cisterna subterránea que dio origen al mito del lago del fantasma.

Para asegurar un envoltorio visual y sonoro radicalmente magnético, la producción se ha blindado con un equipo técnico de primer nivel. La soberbia dirección de fotografía corre a cargo de Nicolas Bolduc —el hombre detrás del apabullante despliegue visual de El conde de Montecristo y el díptico de Los tres mosqueteros—, mientras que la banda sonora la firma Dan Levy (¿Dónde está mi cuerpo?). Sin embargo, el verdadero golpe de efecto reside en las coreografías de Marion Motin, la mente maestra detrás de los bailes y puestas en escena de divas globales como Madonna, Angèle y Dua Lipa, garantizando un ritmo electrizante que se aleja por completo de la icónica pero divisiva película de Hollywood de 2004 dirigida por Joel Schumacher. Aquella millonaria propuesta musical, nacida del megahit teatral de Andrew Lloyd Webber que reventó Broadway durante décadas, confió su destino al rugido desafinado de Gerard Butler y a los excesos del CGI digital; esta versión de 2026, en cambio, prefiere la verdad física del ballet y el idioma original de Leroux para demostrar que, cuando se trata de amor, música y muerte, el fantasma sigue teniendo la última palabra.