Mitología, músculo y madurez: ‘Absolute Wonder Woman: As My Mother Made Me’

El desembarco de la línea Absolute en DC Comics ha dejado claro que no estamos ante un simple lavado de cara estético, sino ante una demolición y reconstrucción total de sus mayores iconos. Tras un primer arco eléctrico que sirvió de carta de presentación, el segundo bloque argumental de Absolute Wonder Woman (que abarca los números 8 al 14 USA, recopilados bajo los arcos «As My Mothers Made Me» y «The Price») consolida a esta cabecera como la propuesta más épica, tridimensional y regular de todo el nuevo sello. La guionista Kelly Thompson, en perfecta comunión con el dibujante regular Hayden Sherman y el artista invitado Matías Bergara, firma una etapa modélica que equilibra la acción mitológica a gran escala con una madurez psicológica y una ternura profundamente honestas. Lejos de estancarse en el cliché del guerrero embrutecido, la serie abraza las raíces más puras del personaje para demostrar que la compasión y la inteligencia estratégica son armas mucho más poderosas que el filo de un hacha.

De la ciénaga urbana de Gateway City al laberinto militar de la Zona 41

El gran acierto estructural de esta tanda de episodios reside en cómo Thompson asienta a Diana en la Tierra sin restarle un ápice de su mística de horror fantástico. El arco «As My Mothers Made Me» arranca sacudiendo el tablero al explorar la cotidianidad de la protagonista en su nuevo hogar, Gateway City, un entorno que le otorga un anclaje humano fundamental del que las etapas comerciales contemporáneas solían carecer. La trama da un vuelco cuando la curiosidad científica de Barbara Minerva y los recelos de Steve Trevor colisionan con una siniestra conspiración gubernamental orquestada por las versiones Absolute de Veronica Cale y la Doctora Veneno. Este conflicto arrastra a Wonder Woman al interior de la Zona 41, un laberinto militar fortificado que evoca los mitos griegos clásicos, donde Diana debe transformarse en una protectora absoluta para rescatar a criaturas marginadas como la ninfa Petra y el minotauro Ferdinand, desafiando el belicismo ciego del ejército estadounidense.

Sinfonía de layouts simétricos, brujería y el peso de la herencia divina

El empaque formal de la colección es un auténtico triunfo de la narrativa visual contemporánea, confirmando a Hayden Sherman como uno de los dibujantes más dotados y vanguardistas del panorama actual. Sherman rompe las reglas del academicismo mediante composiciones de página asimétricas y formas geométricas que toman inspiración directa de la estatuaria y el arte de la Antigua Grecia, una fisonomía potenciada por los colores eléctricos y sudorosos de Jordie Bellaire. Tras la conclusión del ecuador del arco en el número 12 —donde Clea de la Atlántida y Diana se baten en un duelo salvaje por el Tridente de Poseidón—, el relevo gráfico en los números 13 y 14 cae en manos del uruguayo Matías Bergara. Con un estilo de trazos rotos y acuarelas deudora de la elegancia sucia de Frank Miller, Bergara eleva el tono mágico de la serie al introducir la perturbadora influencia de Circe, la aparición astral de Zatanna y un descenso literal a las profundidades de la Tierra para negociar con la mismísima diosa Gea en el clímax de «The Price».

Veredicto: Una deconstrucción madura que honra el molde original

Donde la cabecera muestra sus ligeras costuras es en la gestión del ritmo individual de sus grapas, un mal endémico del mercado moderno que formatea los guiones pensando exclusivamente en su posterior recopilación en tomo (TPB), dejando algunas transiciones en los flashbacks algo descompasadas y propiciando un exceso de bocadillos de texto explicativos en los momentos de mayor exposición mística. No obstante, Thompson compensa estas apreturas formales recuperando un elemento fundacional que se había diluido en el siglo XXI: la sensualidad elegante, sugerente y madura que evoca directamente a la era fundacional de William Moulton Marston, combinada con la complejidad mitológica del añorado George Pérez. Absolute Wonder Woman triunfa exactamente ahí: donde el cómic de superhéroes se sacude los algoritmos comerciales para entregar un relato con alma, músculo y corazón. Una lectura obligada para los devotos del noveno arte que prepara el terreno de forma inmejorable para el inminente e inevitable cruce con el Gotham City de Absolute Batman.