‘Compañeros’, la serie que empezó en el Colegio Azcona y no ha terminado todavía

Atresmedia ha anunciado la vuelta de Compañeros con Quimi y Valle, con Antonio Hortelano y Eva Santolaria de nuevo en los papeles que los convirtieron en algo parecido a fetiches de una generación, bajo la dirección de Pau Freixas y sin Manuel Ríos San Martín, que fue determinante en la etapa original y que ha preferido mantenerse al margen. El anuncio ha generado el tipo de reacción que solo producen las cosas que no son solo entretenimiento: ese impulso de buscar las fotos de cuando tenías quince años y la televisión todavía te decía algo que no sabías que necesitabas oír. Compañeros se emitió en Antena 3 desde el 25 de marzo de 1998 hasta el 16 de julio de 2002, con seis temporadas, ciento veintiún episodios y la convicción de Globomedia de que había un público joven dispuesto a verse en la pantalla sin que nadie lo subestimara. Tenían razón, y la razón que tenían explica por qué veinticinco años después el regreso de dos personajes de instituto todavía importa.

El Colegio Azcona y las cosas que la televisión española no había dicho todavía

El Colegio Azcona era un instituto ficticio de las afueras de Madrid que Globomedia y Ríos San Martín utilizaron para decir en Antena 3 lo que en ese momento la televisión española no estaba acostumbrada a decir en horario de máxima audiencia. Drogadicción, embarazos no deseados, violencia de género, acoso, conflictos familiares que no se resolvían en un episodio porque en la vida real no se resuelven en un episodio. Lo habitual en la ficción juvenil del momento era el conflicto del día resuelto antes del fundido en negro, las tramas livianas que no dejaban marca. Compañeros decidió desde el principio que sus personajes tendrían consecuencias y que las consecuencias serían incómodas, y el público adolescente de 1998 lo reconoció con las únicas herramientas disponibles en la época: la televisión encendida cada semana, los posters en la habitación, los vídeos grabados en VHS que se prestaban entre clase y clase. En el centro de todo estaban Valle Bermejo y Joaquín Verdet, Quimi, la pareja que Eva Santolaria y Antonio Hortelano construyeron con la clase de química televisiva que no se fabrica en el casting sino que aparece o no aparece. El capítulo del secuestro del colegio reunió más de seis millones y medio de espectadores. Santolaria se llevó el TP de Oro a Mejor Actriz en 2001. La serie ganó el Premio Ondas en 1999. No era entretenimiento que pasaba: era el tipo de cosa que la audiencia joven adopta como propia y no devuelve.

La película, la siguiente pandilla y el mapa de lo que vino después

No te fallaré llegó a los cines en el año 2000 con los personajes de la serie tres años después de graduarse: Valle atrapada en el mundo de las drogas, Quimi rescatándola, un amigo en silla de ruedas tras un accidente, Amaral poniendo música al desenlace con «Al final». Fue la película más vista del año en su primer fin de semana —más de doscientos veinticinco mil espectadores, tres millones de euros de recaudación total— y lo que ese éxito demostraba era que el vínculo del público con los personajes era lo suficientemente sólido como para viajar del televisor a la butaca del cine, algo que la ficción española de la época no conseguía con frecuencia. La operación confirmó que Compañeros no era una serie que gustaba: era una serie que pertenecía.

Cuando los personajes originales se graduaron y la producción intentó continuar con una nueva pandilla —Martín y Duna, a quienes dieron vida David Janer y Begoña Maestre—, el experimento chocó contra un problema de calendario: Operación Triunfo arrancó en 2001 y redefinió qué veía el público joven en las noches de entre semana. La segunda pandilla del Colegio Azcona no pudo con eso y la serie cerró en 2002 sin alcanzar las cotas de la primera etapa, pero con suficiente capital acumulado como para que su influencia fuera estructural. Física o Química (Antena 3, 2008) recogió el testigo del instituto como terreno dramático serio, con el mismo compromiso con las tramas difíciles pero con un lenguaje visual y una actitud que la época posterior pedía. El Internado (Antena 3, 2007) llevó el formato al thriller de género. UPA Dance (Antena 3, 2003) convirtió el instituto en coreografía y melodrama. Élite (Netflix, 2018) llegó décadas después con otro colegio, otra clase social y la misma premisa de fondo: que los adolescentes españoles merecen tramas que no los traten como niños. El Colegio Azcona no las inventó a todas, pero fijó las coordenadas.

Quimi y Valle fuera del Colegio Azcona

Lo que pasó con Antonio Hortelano y Eva Santolaria después de Compañeros es el tipo de historia que la industria del entretenimiento produce con regularidad suficiente para que ya no sorprenda y con frecuencia suficiente para que siga doliendo. Hortelano llegó a los primeros años dos mil con el tipo de trayectoria que parecía inevitable: películas como Más de mil cámaras velan por tu seguridad (2003) o Cosa de brujas (2003) sugerían que el chico del Colegio Azcona podía hacer otra cosa en el cine para adultos jóvenes. No llegó a primera espada. La industria le fue asignando papeles secundarios con la misma tranquilidad con que antes le había dado el principal, y Hortelano ocupó ese espacio sin abandonarlo, con teatro de por medio y apariciones en series como SMS en La Sexta. Punta Escarlata (Telecinco, 2011) fue un momento distinto: un thriller costero en el que coprotagonizaba junto a Carles Francino, con una premiere que convocó a más de dos millones de espectadores y que Mediaset dejó morir en horario de verano sin la promoción que merecía. La serie fue más recordada por quienes la encontraron que por quienes la emitieron.

Santolaria tuvo una trayectoria diferente pero igualmente reveladora. Después de Compañeros entró en 7 Vidas con noventa y dos episodios como Vero, compartiendo plató con Amparo Baró y Carmen Machi, y lo que ella misma describiría después como síndrome del impostor: la sensación permanente de ir detrás de un tren de alta velocidad en una locomotora de carbón. Rechazó la oferta de aparecer en Física o Química porque no quería volver al rol de chica de instituto. Se fue a Barcelona. Tuvo un hijo. Se alejó del foco durante años que no fueron inactividad sino reconfiguración: teatro, apariciones selectivas, el tipo de carrera que la industria no anuncia pero que los actores construyen de todas formas. Paquita Salas, La que se avecina y, más recientemente, Todos mienten (2022-2024) —donde además debutó como guionista— fueron señales de que el alejamiento había sido un cambio de velocidad, no una retirada. Los dos vuelven ahora con Pau Freixas al frente, sin el hombre que lo creó. Es la pregunta que tiene toda buena secuela de algo que importó: qué pasa cuando los que éramos jóvenes entonces ya no lo somos. La televisión española lleva veinticinco años intentando responder eso de distintas maneras. Compañeros fue la primera que formuló bien la pregunta.