Assassin’s Creed en Netflix: el salto definitivo (y arriesgado) de una de las mayores sagas del videojuego

Durante casi dos décadas, Assassin’s Creed ha sido una de las franquicias más ambiciosas y reconocibles del videojuego. Un universo construido a partir de una premisa tan sencilla como poderosa —la lucha eterna entre libertad y control— que ha sabido reinventarse a través de distintas épocas históricas sin perder su identidad. Sin embargo, fuera del terreno interactivo, su recorrido ha sido mucho más irregular. Por eso, la serie de acción real que Netflix prepara junto a Ubisoft no es solo una adaptación más: es, en muchos sentidos, una segunda oportunidad.

El proyecto lleva en marcha desde 2020, cuando ambas compañías firmaron un acuerdo para desarrollar múltiples producciones basadas en la saga. Lo que en aquel momento parecía un movimiento estratégico más dentro de la expansión transmedia de Ubisoft ha terminado convirtiéndose en una producción especialmente delicada. Tras la salida del guionista inicial, Jeb Stuart, en 2023, la serie encontró una dirección clara en 2025 bajo el liderazgo de Roberto Patino y David Wiener, dos nombres con experiencia en ficciones de alto concepto como Westworld o Halo. La implicación de Johan Renck (Chernobyl) en la dirección refuerza la sensación de que Netflix no está tratando este proyecto como un simple producto derivado, sino como una apuesta de primer nivel dentro de su ecosistema de contenidos.

Una historia original bajo el sello de Ubisoft

A diferencia de lo que podría esperarse, la serie no adaptará ninguna de las entregas concretas de los videojuegos. En lugar de trasladar directamente historias ya conocidas, opta por construir un relato original dentro del canon oficial. Esta decisión, supervisada directamente por Ubisoft Film & Television, permite libertad narrativa sin romper la coherencia del universo que los fans han seguido durante años. El conflicto entre Asesinos y Templarios seguirá siendo el eje central, pero con un enfoque menos dependiente del espectáculo inmediato y más interesado en las implicaciones políticas y filosóficas de esa guerra silenciosa. Como en los juegos, la historia combinará pasado y presente a través del Animus, ese nexo tecnológico entre épocas.

El pasado como protagonista: La Roma de Nerón

El rodaje, iniciado este 10 de marzo de 2026 en Italia, confirma uno de los grandes atractivos de esta adaptación: su ambientación. La elección de localizaciones y el uso de los míticos estudios Cinecittà apuntan a una reconstrucción ambiciosa de la Roma del siglo I (año 64 d.C.), bajo el polémico mandato del emperador Nerón. En Assassin’s Creed, el pasado nunca ha sido un decorado; ha sido siempre el campo de batalla donde se libra algo más profundo, y el Gran Incendio de Roma ofrece el telón de fondo perfecto para una narrativa de intriga y supervivencia.

Un reparto coral e internacional

El elenco, encabezado por Toby Wallace y Lola Petticrew, refuerza una vocación de múltiples puntos de vista, coherente con la evolución de la franquicia. Junto a ellos, figuras consolidadas como Noomi Rapace o Sean Harris aportan el peso dramático necesario para una ficción que busca distanciarse de los errores de la película de 2016. Aquella producción, pese a contar con Michael Fassbender, sufrió de un exceso de exposición y una falta de emoción que la serie de Netflix parece decidida a corregir: aquí no se trata solo de explicar el universo, sino de hacerlo sentir.

El nuevo estándar de las adaptaciones

Este cambio de enfoque encaja con el momento que vive la industria. Tras el éxito de The Last of Us o Arcane, ha quedado demostrado que la clave no es replicar la experiencia del mando, sino reinterpretar la historia. Para Netflix, esta serie es también una pieza clave en su estrategia de Netflix Games, consolidando su plataforma como el hogar definitivo para los fans del videojuego.

Ubisoft, por su parte, sigue construyendo su propia voz audiovisual con proyectos de Splinter Cell o Far Cry, pero Assassin’s Creed sigue siendo su joya de la corona. Con un estreno previsto para 2027, la exigencia será máxima. El público ya no se conforma con adaptaciones correctas; espera propuestas que estén a la altura de las mejores ficciones contemporáneas. Es ahí donde la saga se juega la posibilidad de demostrar que su universo puede sostenerse por sí mismo, independientemente del formato. Porque, al final, las grandes historias dependen de cómo se cuentan.