Al Ewing y la Linterna más rara del universo DC: ‘Absolute Green Lantern: Anomalies’

Absolute Green Lantern es la sexta serie lanzada dentro del Universo Absoluto de DC Comics, la iniciativa editorial que desde 2024 publica versiones radicales de sus personajes más icónicos en una línea paralela a la continuidad principal. A diferencia de Absolute Batman o Absolute Superman, que reformulan a los grandes nombres de la casa, la elección de Linterna Verde como protagonista implica un movimiento adicional: tomar como centro a Jo Mullein, la agente conocida de Far Sector —la historia escrita por N.K. Jemisin en 2019— y no a Hal Jordan, cuya es la imagen que cualquier lector casual asocia al personaje. Al Ewing, que lleva la serie desde el primer número publicado en abril de 2025, justificó la elección explicando que quería alejarse de los protagonistas masculinos de mediana edad y que la historia de Mullein le ofrecía un punto de entrada más fresco. Anomalies —el tercer arco de la colección, que recopilará los números del trece al diecisiete en un TPB previsto para diciembre de 2026— es el volumen en que esa apuesta se pone a prueba en su escenario más exigente: el espacio profundo, los grandes antagonistas cósmicos de la franquicia, y la pregunta de si una protagonista sin anillo, sin Cuerpo y sin las reglas que definen el mito puede sostener una historia que sí exige todas esas cosas.

Ewing y el espectro que nadie había llamado así

La decisión conceptual más ambiciosa de Absolute Green Lantern —y la que separa la serie de cualquier otra versión del personaje que DC haya publicado— es la de sustituir el Espectro Emocional del canon clásico por un Espectro de la Iluminación cuyos cuatro colores corresponden a pasos hacia el entendimiento antes que a estados afectivos. El negro de Qard es la acción caótica; el rojo de Rao, la contención; el verde de Sur, la acción correcta; el oro de Aur, la comprensión. El sistema no es solo una diferencia de nomenclatura: reorienta la cosmología entera del personaje hacia un marco filosófico que hace de Jo Mullein —una mujer que lleva en el dedo el anillo de boda dorado que absorbió el poder de Abin Sur en lugar de recibir un arma de la Guardia— el portador más improbable y, en la lógica que Ewing construye, el más apropiado del Aur, que es el color del que ningún Linterna había accedido antes.

Lo que Anomalies hace con ese sistema conceptual es exponerlo a la fricción de un arco de acción cósmica: Jo y Tomar Re —reimaginado aquí como un personaje de motivaciones más oscuras que la versión clásica del mentor— viajan al espacio para interceptar a Mogo, el planeta viviente que en esta versión es una amenaza antes que un aliado, y se encuentran en medio del conflicto entre los Blackstars y las fuerzas que quedan del antiguo orden. El dilema que Ewing planta en el centro del arco no es físico sino moral: el plan de Tomar Re para salvar la Tierra tiene una lógica impecable y un coste que Jo reconoce como inaceptable, y la resolución de esa tensión define la dirección del personaje más que ningún combate. El problema de la narrativa de Ewing a lo largo de estos cinco números es que la densidad de elementos —líneas de trama paralelas en la Tierra con Cameron Chase y Simon Baz, la amenaza de Sin Es Tro como jefe de los Blackstars, la llegada de Sinestro en los números finales— convierte el seguimiento mensual en un ejercicio que penaliza al lector ocasional y recompensa al que lee la serie de principio a fin. El arco funciona mejor como volumen que como entregas individuales, lo que es al mismo tiempo una defensa del formato TPB y una crítica al ritmo que Ewing impone a sus tramas.

Jo Mullein, Tomar Re y el viaje que no es metáfora por accidente

La relación entre Jo y Tomar Re en los números del arco es donde Anomalies gana la mayor parte de su peso emocional. Tomar Re llega a la historia como la figura que sabe más que Jo, que tiene un plan que ella desconoce, y que la arrastra hacia el espacio profundo antes de haberle explicado del todo por qué. Lo que Ewing construye con esa asimetría inicial no es una dinámica de mentor y aprendiz sino una de dos personas que necesitan mutuamente algo que la otra tiene: Tomar Re necesita la capacidad de Jo para acceder al Aur, el color de la comprensión que él solo no puede alcanzar; Jo necesita la información y el acceso cósmico que Tomar Re controla. Que la serie lo llame «anomalías» —el nombre del arco— y lo aplique tanto a los personajes como a los fenómenos que encuentran durante el viaje es la clase de doble sentido que Ewing trabaja con suficiente naturalidad como para que no resulte subrayado.

La confrontación con Sinestro en los dos últimos números del arco es el clímax que el volumen necesita para cerrarse con peso, y Ewing la construye con la conciencia de que Sin Es Tro —el nombre que el personaje usa en esta versión, una elipsis del nombre original que lleva su significado más cerca de la superficie— no es simplemente un antagonista de pelea sino el argumento contrario al que Jo lleva defendiendo desde el primer número de la serie. El duelo entre los dos no se resuelve en el número diecisiete como una victoria física sino como un desplazamiento en la comprensión del conflicto, lo que es coherente con la filosofía del Espectro que Ewing lleva construyendo desde el inicio y también el tipo de final que exige que el lector haya seguido la serie desde antes para recibir el peso que se supone que debe recibir.

Kotian y el relevo que tiene su propia lógica

Sid Kotian dibuja los cinco números de Anomalies, tomando el relevo de Jahnoy Lindsay, que fue el artista del grueso de los primeros números de la serie. Los dos artistas tienen registros distintos: Lindsay construyó la identidad visual de la serie con un trazo que mezclaba influencia de la ilustración contemporánea con el cómic de ciencia ficción; Kotian opera en un territorio más cercano al action comic clásico, con líneas más limpias y composiciones más funcionales. El cambio es perceptible, especialmente para el lector que llega a Anomalies habiendo leído los dos primeros volúmenes, pero no supone una ruptura: Lindsay sigue siendo el artista de las portadas, lo que produce una continuidad visual en los elementos paratextuales que amortigua la transición.

Donde Kotian demuestra mayor eficacia es en las secuencias de combate espacial, que son el corazón accionístico de un arco que las necesita funcionar bien para compensar la densidad narrativa de la escritura de Ewing. El trabajo de colorista de Prasad Rao añade una capa de lectura que la letra del guion no puede proporcionar: los rojos de las naves Blackstar, los verdes y dorados de la Linterna, el violeta y el índigo de los elementos del Espectro de la Iluminación que aparecen en los momentos de mayor intensidad. Lucas Gattoni en el lettering hace algo más específico y deliberado: las distintas tipografías de los distintos personajes no son solo una convención funcional sino una elección narrativa que hace que la voz de Tomar Re y la de Jo suenen distintas antes de que el lector haya procesado el contenido de lo que dicen. Para un arco que trata sobre la identidad y el nombre como argumentos, eso no es un detalle de producción. Es parte del texto.