Con Hal Jordan en la Tierra y Sinestro sin paciencia: Green Lantern: Back in Action

Jeremy Adams se presentó en DC Comics con una propuesta tan sencilla como inhabitual para el género: antes de dar a un superhéroe de legacy sus momentos de gloria, averigua qué tipo de persona es un martes por la tarde. Su etapa en The Flash con Wally West demostró que la táctica funciona —un personaje que llevaba años siendo pawns editorial se convirtió en el corazón emocional de toda una franquicia— y Green Lantern: Back in Action aplica el mismo principio con Hal Jordan. Las circunstancias lo facilitan: después de los eventos de Dark Crisis, los Guardianes de Oa han declarado en cuarentena el Sector 2814, que incluye la Tierra y a su campeón. Hal Jordan no tiene Corps, no tiene Guardianes, no tiene acceso al espacio y porta un anillo que técnicamente no le pertenece. Adams comienza exactamente ahí: con el piloto sin cielo, de vuelta a Coast City, sin saber muy bien qué hacer con sus manos. Este TPB recopila los seis primeros números de la serie lanzada en 2023 más los dos números del tie-in de Knight Terrors, y ofrece en sus 204 páginas el argumento más sólido que ha tenido el personaje en mucho tiempo.

Hal Jordan en la Tierra, o el héroe más cósmico del DCU reconectando con el suelo

La apuesta de Adams por la escala doméstica no es una cuestión de presupuesto narrativo: es una declaración de intenciones. Las últimas grandes etapas de Green Lantern han sido mitológicas en el sentido más abarcador —espectros emocionales, guerras entre corps de colores, revelaciones sobre los orígenes de los Guardianes— y el resultado es un personaje enormemente rico en lore y con frecuencia difícil de habitar emocionalmente. Adams lee a Hal Jordan como un hombre cuya terquedad es una forma de luto —la muerte de su padre, el piloto que no sobrevivió— y cuya confianza no es arrogancia sino la acumulación de lo que ha sobrevivido. El arco de los seis primeros números mantiene la amenaza confinada: Sinestro llega a la Tierra sin su anillo, al frente de un grupo de mercenarios de extracción alienígena, exigiendo el de Hal y con una prisa que sugiere que en Korugar ha ocurrido algo que la serie todavía no termina de revelar. Adams no acelera ese misterio. Lo deja respirar mientras construye alrededor de Hal una vida civil creíble: la tensión no resuelta con Carol Ferris, la amistad con Barry Allen que produce los mejores intercambios de diálogo del tomo, el desconcierto genuino de un hombre hecho para el espacio intentando recordar cómo funciona la gravedad estándar. El crossover con Flash en el número cuatro —Sinestro planta bombas sónicas en Coast City para forzar la entrega del anillo— es el punto de mayor escala del arco y también donde Adams demuestra que ha entendido que la acción funciona mejor cuanto más tiene en juego el personaje que la protagoniza. El cierre del número seis, con Sinestro canalizando por primera vez la energía del espectro rojo en una confrontación que escala hasta la escenografía de blockbuster, y la aparición de un personaje que los lectores llevan años esperando, convierte lo que empezó como una historia de reencuentro en la promesa de algo bastante más ambicioso.

Xermanico y el arte de hacer que los constructos tengan peso

Una serie de Green Lantern es en gran medida un test artístico: el personaje es, en su esencia, alguien que convierte el pensamiento en materia luminosa, y eso exige a cualquier dibujante resolver en cada página el problema de cómo hacer que algo intangible se sienta físico. Xermanico lo resuelve con una claridad compositiva que viene de entender el personaje más que de exhibir técnica: los constructos de Hal Jordan en este tomo tienen volumen, tienen sombra, tienen la textura de algo que pesa y puede romperse. La paleta de colores de Romulo Fajardo Jr. —que trabaja la luz verde en todas sus gradaciones, desde el esmeralda puro hasta el casi blanco de la descarga máxima— es tan central al argumento visual como el dibujo en sí: cuando Sinestro empieza a contaminar el espectro con rojo, el cambio de temperatura cromática funciona como señal de alarma antes de que el guion lo confirme. El trabajo de Scott Godlewski en algunos números complementa sin fisuras. La única discontinuidad estética del volumen aparece en los dos números de Knight Terrors, donde Eduardo Pansica, con entintado de Jordi Tarragona y Mario «Fox» Foccillo, adopta un registro más oscuro y menos arquitectónico que el de Xermanico: es coherente con el material —son números de pesadilla, no de acción diurna— pero la transición se nota, y no siempre favorablemente. Lo que sí funciona en los Knight Terrors desde el apartado visual es el tratamiento de los sueños rotos de Hal: imágenes de la infancia fragmentadas, el crash del padre repetido en variaciones cada vez más surrealistas. Pansica entiende la diferencia entre ilustrar el miedo y decorarlo.

Sinestro, Knight Terrors y lo que el sueño revela cuando el consciente no quiere

El mayor riesgo del volumen es también su apuesta más interesante: colocar a Sinestro como antagonista en una historia deliberadamente terrestre supone renunciar a su escala habitual de amenaza. Adams lo resuelve haciendo de su urgencia —esa prisa inexplicada por abandonar el planeta, esa disposición a recurrir a métodos torpes cuando siempre ha sido un estratega de precisión— el misterio que sostiene la tensión del arco. Sinestro sin anillo y con mercenarios alquilados no es el enemigo cósmico de los grandes runs del personaje; es algo más incómodo, más humano, más difícil de leer. Que su rabia en el número seis sea la primera vez que canaliza el espectro rojo —un espectro que debería ser ajeno a su naturaleza calculadora— sugiere que Korugar le ha roto algo que no sabíamos que tenía. La resolución del número seis no cierra ese misterio: lo abre más. Los dos números del tie-in de Knight Terrors —el evento de 2023 en el que el villano Insomnia sumerge al mundo en pesadillas para robar el anillo de Hal— funcionan menos como capítulos del arco principal y más como dispositivo de caracterización: lo que Hal teme cuando no puede controlarlo —el crash, el fracaso, la impotencia ante las muertes que no pudo evitar— es información que la historia principal ha estado manejando en sordina. Adams usa la pesadilla como radiografía. El problema es que los dos números también detienen el ritmo del arco principal en un momento en que la serie estaba ganando velocidad, y aunque narrativamente se justifican, en el contexto del tomo se sienten como una pausa que la historia no necesitaba del todo. Es la grieta más notable de un volumen que de lo contrario justifica ampliamente su existencia: una primera etapa inteligente, bien dibujada y con suficiente carácter propio como para no necesitar compararse con la mitología que ha ido acumulando el personaje desde Geoff Johns.

Back in Action no resuelve todo lo que plantea —por diseño, es el primero de varios volúmenes— pero consigue lo más difícil: que importe. Jeremy Adams lleva Hal Jordan de vuelta a la Tierra y demuestra que el viaje de vuelta es, con frecuencia, el más complicado de todos.