Lo que pasa cuando Spider-Man ya no tiene nada que perder: Spider-Man: Brand New Day

El problema estructural de cualquier película de superhéroes que llega después de un sacrificio enorme es que el sacrificio ya ocurrió. Peter Parker borró su propia existencia del mundo al final de No Way Home: nadie lo recuerda, MJ y Ned viven sus vidas sin saber que alguna vez tuvieron un amigo con poderes arácnidos, y el hombre que tomó esa decisión lleva cuatro años protegiéndolos a todos desde la distancia, sin que ninguno de ellos lo sepa. Spider-Man: Brand New Day, dirigida por Destin Daniel Cretton, arranca desde ahí y tiene el buen criterio de no pretender que ese punto de partida sea neutral. Peter Parker está roto antes de que empiece la película. Lo interesante es qué hace el film con eso.

La soledad como argumento, no como decorado

El MCU lleva años usando el aislamiento de sus héroes como recurso dramático de conveniencia: la soledad que aparece en el tercer acto para justificar una decisión arriesgada y desaparece en los créditos. Brand New Day hace algo diferente, que es usarla como premisa operativa durante toda la película. Peter no es un hombre solitario que encuentra comunidad: es un hombre solitario que aprende a funcionar con eso, lo cual es mucho más incómodo y mucho más honesto. Cretton, que en Shang-Chi ya demostró que le interesaba el drama de herencia más que la acción de franquicia, encuentra aquí un territorio inesperadamente fértil: el de un veinteañero con síndrome de burnout, crisis de identidad y dolores de cabeza que resulta ser también el principal defensor de Nueva York.

La manifestación física de esa crisis —Peter experimenta una transformación involuntaria de su propio ADN, incluyendo el desarrollo de telarañas orgánicas que no puede controlar— es la decisión más inteligente del guion de Chris McKenna, Erik Sommers y Justin Kuritzkes. El cuerpo como metáfora no es un recurso nuevo, pero en el contexto de Spider-Man funciona con una precisión especial: un personaje cuya relación con su propio cuerpo siempre ha sido la de herramienta tiene ahora un cuerpo que empieza a actuar por su cuenta. Tom Holland hace con eso su mejor trabajo en esta saga. No es la película de los grandes discursos ni de los momentos de superhéroe icónico: es la película en la que Holland tiene que sostener el peso de escenas donde Peter no hace nada espectacular y convence igualmente. Que busque a Bruce Banner para hablar de cómo se controla algo que crece dentro y que no pediste es, en su discreción, una de las mejores escenas de la trilogía.

Los enemigos reales siempre tienen despacho

La estructura de Brand New Day hace algo que la saga arácnida no había intentado con seriedad: poner a un gobierno —no a un lunático con poderes, sino a una burocracia con presupuesto y expedientes— como antagonista real de la historia. Damage Control, la agencia que en el MCU empezó como servicio de limpieza post-batalla y ha ido acumulando poder con cada película, aparece aquí convertida en algo más perturbador: una organización que experimenta con individuos que considera amenazas y que usa a Spider-Man como herramienta de localización sin decirle para qué. Bill Metzger, su director interpretado por Tramell Tillman con la frialdad de alguien que nunca ha necesitado levantar la voz para hacer daño, es el villano más eficaz de la trilogía precisamente porque no tiene poderes. El mal institucional es más difícil de golpear.

El contrapeso a eso es Jean Grey. Sadie Sink interpreta a la primera mutante Omega de la franquicia como alguien que está buscando lo mismo que Peter: proteger a las personas que quiere de un aparato que las considera recursos. La revelación de su identidad —que el film gestiona con un cuidado admirable para tratarse de un secreto que llevaba meses circulando por internet— funciona porque llega después de haberla construido como persona, no como sorpresa de marketing. La hermandad tácita que se establece entre ella y Peter en el tramo final, dos personas que Damage Control ha instrumentalizado y que deciden que han terminado de cooperar, es emocionalmente el punto más alto del film. Jon Bernthal como Frank Castle completa el triángulo: el Punisher que aparece en esta película no es el antihéroe redimido ni el aliado forzado, sino el recordatorio de lo que Peter podría convertirse si dejase de creer que hay una forma correcta de hacer las cosas. Que la película tenga el valor de disparar a Spider-Man con su bala es exactamente el tipo de consecuencia que la saga necesitaba desde hace años.

El MCU pide su parte y se la cobran

Todo lo anterior funciona mejor de lo que tenía ninguna obligación de funcionar. Y entonces Brand New Day recuerda que no es solo una película de Peter Parker sino un engranaje en una maquinaria mucho más grande, y cede. Metzger escapa. Yelena Belova aparece para empezar a desencriptar archivos que servirán de combustible para la próxima fase. La escena con Bruce Banner, que debería ser una de las mejores del film, se queda a medio gas porque el Hulk no es el personaje que esta historia necesitaba sino el que el calendario de lanzamientos tenía disponible. Con dos horas y veinticinco minutos, la película tiene además el problema de que su tramo de acción más contundente llega tarde, cuando el tejido emocional que Cretton ha construido durante hora y media empieza a ceder ante la obligación del espectáculo.

Hay una tensión constitutiva en Brand New Day que ninguna de sus virtudes logra resolver del todo: es la película que más se acerca al Spider-Man que los cómics llevan décadas explorando —el de Peter Parker como figura trágica cuya grandeza reside en su incapacidad de rendirse— y al mismo tiempo la película que más siente la presión de ser otra cosa. Cretton dirige con una sensibilidad dramática que la saga no había tenido antes y Holland responde con una interpretación que justifica todo el tiempo invertido en estos tres títulos. Que el resultado sea una película muy buena pero no redonda tiene menos que ver con los creadores que con la arquitectura del universo en el que existe: un universo que necesita que las películas sean pasos hacia algo más que destinos en sí mismas. Brand New Day casi consigue ser las dos cosas. Casi.