Bruno Mars se refugia en el confort del pasado para esquivar el presente: ‘The Romantic’
Tras una década de silencio como solista, interrumpida únicamente por el exitoso paréntesis retro de Silk Sonic, Bruno Mars ha regresado con The Romantic. El cuarto álbum de estudio del hawaiano es una pieza de orfebrería de apenas 30 minutos que, si bien confirma su estatus como el vocalista más dotado de su generación, también pone de manifiesto una preocupante resistencia a la evolución. Producido junto a su aliado habitual D’Mile, el disco es un ejercicio de nostalgia impecable que, sin embargo, se siente más como una zona de confort que como un paso adelante en su carrera.
El álbum se estructura sobre la fórmula que Mars ha perfeccionado desde 2010: una mezcla de baladas de alma herida y cortes de pista de baile que beben directamente del canon del R&B de los 70 y 80. Lo que en 24K Magic se sentía como una celebración vibrante, aquí empieza a mostrar signos de agotamiento creativo. Mars es un preservacionista excepcional, un artesano que conoce cada resorte del soul y el funk, pero en The Romantic parece haber sustituido la inspiración por un algoritmo de «easy listening» que, aunque efectivo, carece del colmillo de sus trabajos anteriores.

La maestría vocal frente al cliché lírico
El gran triunfo del disco es, sin duda, la voz de Mars. En cortes como «Why You Wanna Fight?» y «On My Soul», el cantante demuestra una versatilidad técnica asombrosa, transitando de un falsete cristalino a un rasgueo barítono impregnado de una urgencia casi desesperada. Es en estos momentos de vulnerabilidad, lo que algunos críticos han denominado «Rhythm & Beggin», donde la producción de D’Mile brilla con luz propia, utilizando instrumentaciones orgánicas y arreglos de viento que parecen rescatados de las mejores sesiones de la Motown.
Sin embargo, el andamiaje vocal se apoya en unos textos que resultan, por momentos, dolorosamente anónimos. Mars abusa de los tropos románticos que ya exploró en Doo-Wops & Hooligans, ofreciendo letras que funcionan bien como acompañamiento melódico pero que carecen de la especificidad o el peso emocional que se esperaría de un artista de 40 años que ha pasado por una década de cambios personales y pérdidas significativas. La sombra de la auto-parodia planea sobre temas como «God Was Showing Off», donde el exceso de azúcar amenaza con eclipsar la indudable calidad de la producción.

El giro latino y la herencia del «Romance»
Donde la propuesta sí encuentra un aire renovado es en la integración de las raíces latinas. El inicio con «Risk It All» es una apuesta arriesgada pero certera: una balada con trompetas de mariachi y guitarras españolas que conecta con la herencia hispana del artista y justifica el título del álbum a través de las «lenguas romances». De igual forma, «Cha Cha Cha» logra hibridar con éxito la elegancia del salón de baile con la chulería del hip-hop sureño, demostrando que cuando Mars se atreve a salir de su jaula de oro retro, todavía es capaz de sorprender.
Es inevitable comparar este trabajo con su discografía previa. Mientras que Unorthodox Jukebox era un arsenal de singles imbatibles y 24K Magic una declaración de principios funk, The Romantic se siente como una culminación pulida de todo lo anterior. Es un disco «seguro», diseñado para dominar las listas de éxitos —como ya ha demostrado el número 1 de «I Just Might»— y para satisfacer a una audiencia que no busca revoluciones, sino la calidez de lo conocido.

El dilema del artista frente a su propio molde
En última instancia, The Romantic deja una sensación agridulce. Es un álbum técnicamente perfecto, producido con una limpieza quirúrgica y defendido por una de las mejores voces de la historia del pop. No hay una nota fuera de lugar ni un segundo de relleno en sus nueve canciones. Pero esa misma perfección es su límite. Al negarse a experimentar con sonidos más arriesgados —como insinuó en sus recientes colaboraciones con Lady Gaga o Rosé—, Mars parece haber quedado atrapado en su propio personaje de crooner eterno.
Bruno Mars sigue siendo el rey de la pista de baile y el baladista preferido de las bodas, un papel que parece aceptar con orgullo. The Romantic es un refugio acogedor frente al caos de la música actual, un lugar donde el tiempo se detuvo en 1974 y donde el amor siempre se escribe con mayúsculas y rimas predecibles. Es un buen disco, quizá incluso un disco necesario para el mercado, pero dista mucho de ser la obra maestra de madurez que un talento de su calibre nos debe. Mars ha vuelto a casa, pero quizá sea hora de que empiece a pensar en mudarse.





