Cuando Marvel reinventó el futuro: ‘Ultimate Fantastic Four: Lo Fantástico’

Mientras la segunda encarnación del Universo Ultimate se aproxima a su primer gran punto de inflexión con el evento Ultimate Endgame, resulta inevitable volver la vista atrás y preguntarse qué fue exactamente lo que hizo tan especial a la primera versión de aquella línea editorial que, para bien o para mal, redefinó los superhéroes del siglo XXI. Antes de que Miles Morales existiera, antes de que The Maker se convirtiera en uno de los villanos más fascinantes de Marvel y antes de que el Universo Cinematográfico Marvel adoptara buena parte de su ADN visual y conceptual, hubo una colección que simbolizó mejor que ninguna otra la ambición de aquella iniciativa: Ultimate Fantastic Four. Recopilado en numerosas ocasiones bajo el subtítulo Lo Fantástico, este primer arco argumental (números 1 al 6 USA) contó con un equipo creativo de auténtico lujo encabezado por Mark Millar, Brian Michael Bendis y Adam Kubert. Su misión era tan simple como aterradora: reinventar desde cero a los personajes que habían inaugurado la Era Marvel en 1961. Lo sorprendente es que lo consiguieron sin limitarse a actualizar el material clásico. Lo reconstruyeron desde los cimientos.

Silicon Valley antes de Silicon Valley

Lo primero que llama la atención al releer este volumen más de veinte años después es lo extraordinariamente moderno que sigue resultando. Mientras muchas revisiones «adultas» de principios de los 2000 han envejecido como un cartón de leche abandonado al sol, Ultimate Fantastic Four continúa sintiéndose sorprendentemente contemporáneo. Millar y Bendis entienden que el mundo ya no vive obsesionado con la carrera espacial; el gran sueño de la nueva generación no consiste en conquistar Marte, sino en descifrar la realidad mediante la tecnología. Por eso Reed Richards deja de ser un aventurero científico al estilo pulp para convertirse en algo mucho más reconocible para el lector moderno: un adolescente superdotado cuya inteligencia le impide relacionarse con el resto de la humanidad. El Edificio Baxter se transforma así en una mezcla fascinante entre universidad de élite, incubadora tecnológica y laboratorio gubernamental. Reed, Sue Storm, Johnny Storm y Victor Van Damme no parecen héroes clásicos. Parecen los fundadores de una startup capaz de romper las leyes de la física, devolviendo a la ciencia ficción su carácter maravilloso y, al mismo tiempo, aterrador.

El horror corporal detrás del origen

Uno de los mayores aciertos del tomo consiste en comprender que el origen de los Cuatro Fantásticos siempre fue una historia de terror disfrazada de aventura. La exposición a los rayos cósmicos de Stan Lee y Jack Kirby se sustituye aquí por un accidente interdimensional relacionado con la N-Zone, una reinterpretación de la clásica Zona Negativa. El resultado no son superpoderes glamourosos, sino mutaciones profundamente perturbadoras donde nadie ejemplifica mejor esta idea que Ben Grimm. Mientras Reed gana habilidades prácticamente ilimitadas, Ben pierde aquello que más valoraba: su humanidad. La transformación en La Cosa deja de ser una simple curiosidad visual para convertirse en una auténtica tragedia existencial. Kubert dibuja su nuevo cuerpo con una fisicidad brutal, pesada y casi monstruosa, transmitiendo una angustia que pocas versiones posteriores han logrado igualar. De hecho, buena parte del peso emocional del arco recae sobre la culpa de Reed. Por primera vez, el nacimiento del equipo no se siente como una aventura accidental, sino como un error catastrófico que destruye la vida de su mejor amigo.

Adam Kubert y la edad de oro del blockbuster superheroico

Visualmente, el volumen es una auténtica cápsula temporal de una época irrepetible para Marvel. Adam Kubert se encontraba aquí en pleno estado de gracia; su narrativa combina espectacularidad cinematográfica, expresividad juvenil y una claridad narrativa que muchos dibujantes contemporáneos parecen haber olvidado. Cada página transmite sensación de movimiento, descubrimiento y escala, destacando especialmente las secuencias ambientadas en la N-Zone. Kubert construye un paisaje alienígena que parece salido de una mezcla imposible entre Jack Kirby, Ridley Scott y la ciencia ficción de principios de los 2000. Las tintas de Danny Miki y el color digital de Richard Isanove terminan de completar un apartado gráfico que hoy puede parecer muy representativo de su tiempo, pero que sigue funcionando extraordinariamente bien como espectáculo visual. Es cómic superheroico de gran presupuesto antes de que Hollywood absorbiera definitivamente ese lenguaje.

El Hombre Topo y la promesa de un universo infinito

Quizá la decisión más inteligente del arco sea la elección de su primer antagonista. En lugar de recurrir inmediatamente a Doctor Doom, Galactus o cualquier otro peso pesado de la mitología fantástica, Millar recupera al aparentemente ridículo Hombre Topo y lo convierte en una amenaza perfectamente funcional para este nuevo universo. El movimiento resume a la perfección toda la filosofía Ultimate: no se trata de eliminar los elementos extravagantes de Marvel, sino de encontrar una forma nueva de hacerlos creíbles. La historia culmina con el primer trabajo en equipo real de Reed, Sue, Johnny y Ben, consolidando una dinámica familiar que seguirá desarrollándose durante años. Pero también planta semillas mucho más importantes. La obsesión científica de Reed, su aislamiento emocional y su creciente convicción de que la inteligencia lo coloca por encima del resto de las personas ya están presentes desde estas primeras páginas. Releyéndolo hoy resulta imposible no detectar los primeros destellos de la criatura que terminaría convirtiéndose en The Maker, probablemente el legado más importante que dejó el Universo Ultimate original.

Veredicto: cuando el futuro todavía parecía emocionante

Si algo se le puede reprochar a Lo Fantástico es precisamente aquello que definió buena parte de la línea Ultimate: cierta obsesión por parecer moderno a toda costa. Algunos diálogos adolescentes han envejecido mejor que otros y ciertas referencias tecnológicas delatan inevitablemente el año de publicación. Además, la estructura de descompresión narrativa característica de la época provoca que varios números parezcan diseñados pensando más en el posterior tomo recopilatorio que en la experiencia mensual. Sin embargo, ninguno de estos detalles empaña lo esencial. Ultimate Fantastic Four: Lo Fantástico sigue siendo una de las mejores puertas de entrada que Marvel ha producido jamás para los Cuatro Fantásticos. Una reinterpretación inteligente que entendió que actualizar un clásico no significa copiarlo con teléfonos móviles, sino preguntarse qué representaría ese mismo concepto para una generación diferente. Mientras el actual Universo Ultimate se acerca a una nueva encrucijada editorial, resulta refrescante recordar que la primera versión nació precisamente así: mirando al futuro sin miedo a romper algunas reglas por el camino. Y durante seis números absolutamente fantásticos, el futuro parecía pertenecerle por completo.