J-Horror, traumas adolescentes y acuarelas de sangre: ‘Ultimate X-Men: Fears and Hates’
Mientras las cabeceras hermanas de la nueva línea Ultimate de Marvel —como el Spider-Man de Hickman o el Black Panther de Bryan Hill— se dedican a reconfigurar los tropos del heroísmo occidental clásico, la aclamada autora Peach Momoko ha decidido que su rincón del mapa no compartirá ni una sola coordenada con la nostalgia convencional. El primer volumen de Ultimate X-Men, recopilado bajo el profético epígrafe de Fears and Hates (que abarca los números 1 al 6 USA), es la propuesta más radical, valiente y visualmente disruptiva que ha parido la franquicia mutante en décadas. Olvídense de la Escuela de Xavier, los uniformes de cuero, las salas de peligro o los discursos sobre la coexistencia pacífica. Momoko dinamita los cimientos de la propiedad intelectual para arrastrar a los lectores hacia el territorio del J-Horror psicológico, construyendo una fábula desgarradora sobre el aislamiento adolescente, el acoso escolar y los monstruos interiores que se nutren de la culpa.

El dolor de madurar en el Japón del Hacedor
La genialidad del libreto radica en su absoluta desconexión con la épica de superhéroes tradicional para abrazar el ritmo pausado y atmosférico del manga costumbrista de terror. La historia nos sitúa en la prefectura de Hi No Kuni (el Imperio del Sol), un territorio asiático controlado indirectamente por los peones de El Hacedor (Sunfire, Viper y Silver Samurai). En este contexto asfixiante conocemos a Hisako Ichiki, una estudiante de secundaria traumatizada por el reciente suicidio de su mejor amiga a causa del bullying. Momoko utiliza el despertar de los poderes mutantes no como un don espectacular o una metáfora de los derechos civiles, sino como una respuesta física y visceral ante el estrés postraumático extremo. Cuando las dinámicas de acoso escolar se vuelven insoportables, el cuerpo de Hisako reacciona manifestando un exoesqueleto translúcido de energía rosada: una armadura nacida de la pura necesidad psicológica de aislarse del dolor del mundo exterior.

El club de las chicas raras
A diferencia de las estructuras grupales clásicas impuestas desde arriba por un mentor adulto, el «equipo» de este nuevo universo se cocina a fuego lento, naciendo de la afinidad orgánica entre almas heridas que se encuentran en los márgenes de la escuela. El lento discurrir de los capítulos nos va presentando a Mei Igarashi (Maystorm), una enérgica estudiante capaz de desatar tormentas eléctricas cuando colapsa ante la frialdad y el maltrato psicológico de su entorno familiar; a Nico Minoru, una enigmática joven vinculada al esoterismo y la adivinación; y a personajes como Mori y Natsu. El guion de Momoko —magistralmente adaptado al formato norteamericano por el escritor Zack Davisson— se toma su tiempo para explorar la intimidad de estas adolescentes, utilizando recursos de la cultura popular nipona como los tableros de Ouija tradicionales (Kokkuri-san) para trenzar los lazos de amistad antes de arrojar a las protagonistas a las fauces del peligro.

El Rey Sombra y el nacimiento de un culto necrótico
El nudo de la trama se tensa cuando las investigaciones de las jóvenes alrededor de un diario maldito desvelan que la ola de suicidios y sombras que asolan la escuela no son una casualidad, sino el modus operandi de una secta de mutantes radicalizados. Momoko ejecuta aquí el rediseño más aterrador e inspirado de un villano clásico de Marvel al redefinir al Rey Sombra (Shadow King). Lejos de ser la entidad astral y barroca de la continuidad tradicional, aquí se nos presenta a través de un sobrecogedor flashback de origen como un niño maltratado por su madre que descubrió el poder de manipular los sentimientos ajenos, convirtiéndose en una masa viscosa de humo negro, una especie de petróleo viviente y necrótico que se desliza por las grietas de los techos y las mentes de los inocentes. La imaginería visual de este culto, con personajes de cabello azulado cuyas cabezas están conectadas de forma antinatural por cables que evocan la imaginería cibernética y siniestra de The Matrix, dota a la obra de una amenaza tangible, mística y profundamente perturbadora.

La belleza etérea de las acuarelas físicas
El verdadero valor diferencial que eleva este tomo a la categoría de obra de culto es el despliegue pictórico de Peach Momoko en el apartado gráfico. Prescindir del coloreado digital estándar para abordar las páginas mediante acuarelas físicas y técnicas tradicionales aporta una textura orgánica, vaporosa y casi mística que encaja a la perfección con el tono de ensueño de la narración. El contraste entre la delicadeza de los rostros juveniles y la visceralidad gore de los ataques de las sombras es un triunfo absoluto. Destaca especialmente una impresionante doble página en el número 3 donde la lluvia y el viento se desatan sobre el patio familiar, así como el uso de bocadillos de diálogo goopoos y negros por parte del rotulador Travis Lanham para dar voz al villano. El volumen se cierra con una serie de apéndices culturales y lexicones firmados por la autora que detallan desde la simbología de los amuletos japoneses hasta la importancia de la cultura de las motocicletas Honda, expandiendo la inmersión del lector occidental.

Veredicto: RECOMENDABLE (Los X-Men más bellos, obtusos y arriesgados)
Ultimate X-Men: Fears and Hates (Vol. 1) es una obra maestra del estilo sobre la narrativa convencional que exige una tremenda dosis de paciencia pero recompensa con creces a quienes busquen algo genuinamente nuevo. Peach Momoko huye deliberadamente de la acción palomitera para facturar un thriller de terror adolescente pausado, hermoso y hermético, donde la necesidad de una armadura espiritual pesa más que las coreografías de combate. Si bien es cierto que el ritmo slow-burn llevado al extremo y la naturaleza críptica de su trama de conspiraciones mutantes pueden desesperar a los lectores que busquen resoluciones rápidas de grapa mensual, la espectacular factura técnica, el carisma desbordante de sus protagonistas y su sobrecogedora atmósfera de pesadilla folclórica convierten a este tomo en una parada obligatoria e inolvidable de la nueva Marvel. Una bellísima anomalía editorial.





