Guille Galván, guitarrista de Vetusta Morla, lanza su primer disco en solitario

Guille Galván lleva décadas siendo el guitarrista y compositor de Vetusta Morla —una de las bandas más grandes que ha dado el rock español contemporáneo—, lo que significa que lleva décadas haciendo música rodeado de otras personas, en grupos de trabajo, en salas de ensayo, en estadios. Nadie con ese nombre vive aquí, su primer disco en solitario, que sale el 8 de mayo, es todo lo contrario: un proyecto de una persona en una habitación contándole cosas al que tiene delante, un vis a vis sin testigos. Las canciones que adelantan el álbum —»Los motivos», «En qué momento dudé de ti»— apuntan hacia ese registro íntimo que Galván describe como el único que tenía sentido explorar cuando la banda paró: «Después de cantar con una banda en sitios muy grandes necesitaba hacer otra cosa que fuera todo lo contrario.»

El disco se escribió durante lo que él mismo llama «un proceso complicado y de duelo» en el que encontró luminosidad desde muy cerca, y esa distancia mínima es la que define el resultado. «Tal y como está el mundo, que algo suene bonito ya es un triunfo», dice Galván, y la frase tiene más peso del que parece: no es modestia sino posicionamiento. Trabajar solo le obligó a gestionar una dinámica nueva —»tienes que lidiar con tus preguntas y tus certezas cuando no hay grupo», resume, tirando de la metáfora de Inside Out para explicar cómo se dividió internamente—, y el músico reconoce que aún no ha procesado del todo lo que ha hecho: «Pasará un tiempo hasta que haga un análisis, pero de momento estoy muy contento porque es la primera vez que canto y armo un proyecto yo solo.»

Nadie con ese nombre vive aquí llega además en un momento de actividad inusual para Galván fuera de la banda: acaba de firmar también la banda sonora de Madrid ext., el nuevo film de Juan Cavestany. El regreso de Vetusta Morla está en el horizonte próximo —la Gira de vuelta. Canciones de ida se acerca tras dos años de pausa—, pero los dos mundos están separados con precisión: no habrá guiños al disco solista en los conciertos del grupo, y Galván habla de cambiar «el modo cerebral» entre uno y otro como si fueran personas distintas que comparten el mismo cuerpo. A los cuarenta y cinco años, con una carrera que dice que el Guille de diecisiete no habría podido imaginar, el guitarrista de Vetusta Morla resulta ser también otra cosa.