‘Justice League Unlimited: DC K.O.’, Mark Waid lleva al señor Terrific al infierno y casi lo saca entero

El evento DC K.O. tiene una premisa que cualquier jugador de ajedrez reconocería: alguien ha montado un torneo cósmico para decidir quién hereda el título de Rey Omega, Darkseid ha entrado en liza, y mientras los titanes de la Liga se matan entre ellos en algún plano de existencia imposible, la Tierra sigue girando y Neron lleva semanas usando a delincuentes de segunda fila como distractores para cosechar almas durante la evacuación planetaria. En ese vacío, Michael Holt —el señor Terrific, el tercer hombre más inteligente del mundo— decide que alguien tiene que bajar al infierno a detenerlo. DC K.O. – Justice League Unlimited, que recoge los números 12 al 16 de la serie, es el relato de esa misión: qué pasa cuando el guionista vacía el primer equipo y entrega la historia a los héroes que nadie tenía en la quiniela.

La Liga del tercer cuarto

El dispositivo narrativo que hace funcionar este arco es uno de los más interesantes que Mark Waid ha construido en esta serie. Los Terrific Ten —el equipo que el señor Terrific recluta en el número 12— son héroes desplazados en el tiempo que no pueden volver a su época de origen porque las líneas temporales están fracturadas. Aquaman, Power Girl, Guy Gardner, un Superman azul, Tim Drake, Alan Scott y varios más que no aparecen en las enciclopedias recientes de la Liga: gente con poder, con historia, pero sin anclaje en el presente. Nadie en el equipo comparte del todo el mismo idioma cultural. Algunos literalmente hablan otro idioma. Lo que los hace valiosos para Holt no es que sean prescindibles —aunque lo son, en el sentido de que sus muertes no van a alterar una línea temporal que ya no pueden tocar— sino que son lo único disponible para una misión que los titulares no pueden emprender.

Waid explota esa condición con precisión. Los nueve paneles con que el número 12 presenta a los reclutas, uno a uno, haciendo su vida en el tiempo equivocado, son uno de los mejores momentos de caracterización rápida de la colección. No hacen falta diálogos largos: el señor Terrific los mira, los evalúa, y el lector entiende que esto es lo que hay. La misión a las profundidades del infierno arranca con la naturalidad extraña de las operaciones que no tienen protocolo porque nadie ha pensado antes en montar una.

El infierno de Dan Mora

Dan Mora lleva varios números siendo el argumento más consistente a favor de esta serie, y los cinco que recoge este tomo lo confirman. Su infierno no es el de las llamas genéricas del cómic de los noventa: es un espacio de geometría improbable, de ángulos que no deberían existir, de criaturas que parecen diseñadas por alguien que leyó a Dante en una pesadilla. La colaboración con el dibujante Sean Izaakse en algunos números —que se encarga de las secuencias infernales mientras Mora gestiona las escenas en superficie— funciona mejor de lo que cabría esperar porque los dos artistas no compiten sino que separan mundos: el infierno tiene una textura visual distinta de la Tierra, y eso es exactamente lo que el relato necesita.

Tamra Bonvillain, colorista de la serie desde el principio, hace aquí su trabajo más exigente. El contraste entre la calidez cegadora del interior del planeta y los azules de emergencia de la Tierra en evacuación es el tipo de decisión cromática que parece obvia en retrospectiva y que muy pocos habrían tomado de la misma manera. Las letras de Ariana Maher sostienen el caos sin que el ojo se pierda. El equipo técnico de esta serie no es el soporte de la historia: es parte activa de ella, y en los mejores momentos —la escena en que el señor Terrific procesa la primera baja de su equipo sin tiempo para detenerse— es imposible separar lo que hace el dibujante de lo que hace el colorista de lo que hace el letrista.

El traidor y los muertos que no duelen lo suficiente

DC K.O. – Justice League Unlimited tiene un problema que no es fatal pero que sí es visible, y tiene nombre: Owlwoman. La revelación de que este personaje es la traidora dentro de los Terrific Ten llega en el número 15 con la fuerza de un golpe que nadie ha preparado. Owlwoman ha pasado los cuatro números anteriores sin decir gran cosa, sin que el relato le dé espacio suficiente para que el lector la conozca, sin que su posición en el grupo genere tensión que retroalimentarse luego con la revelación. La traición funciona como sorpresa de página final. No funciona como consecuencia de algo.

El mismo número tiene otro momento que debería ser definitorio y se queda a medias: el señor Terrific, en un giro que lo coloca ante una decisión moralmente imposible, propone a Neron un trato para salvar la Tierra a costa de sus propios principios. Es exactamente el tipo de crisis que define a un protagonista. El problema es que, antes de que la propuesta pueda tener peso real, otro personaje revela que ya ha hecho exactamente ese trato por su cuenta, lo que deja el momento de Holt sin consecuencias y al lector sin la catarsis que la escena prometía. Las muertes del arco, en general, adolecen del mismo problema: Waid no siempre se detiene el tiempo suficiente para que importen.

Lo que salva el conjunto es que las virtudes del tomo son más grandes que sus fallos. El señor Terrific es el mejor protagonista que esta serie ha encontrado para un arco de este tipo: lo suficientemente competente para liderar sin resultar omnipotente, lo suficientemente frágil para que el lector dude de si va a salir de ahí. Waid lo sabe y construye el arco sobre esa duda. Que algunos de los elementos que rodean al personaje no estén a la altura de lo que él mismo genera es la distancia entre un buen tomo de superhéroes y uno que podría haber sido extraordinario.