Giffen celebra lo olvidado y el mercado le devuelve el favor: ‘Inferior Five’
Los Inferior Five nacieron en 1967 como parodia deliberada de la Liga de la Justicia: inadaptados con poderes absurdos que resolvían problemas igual de absurdos en un tono que el cómic de superhéroes de la época no se permitía con seriedad. Keith Giffen los conoce bien. Giffen cofundó la Liga de la Justicia que durante los ochenta también eligió la comedia como herramienta, y fue el responsable de Invasion!, el crossover de 1988 en el que los Dominadores invadieron la Tierra buscando explotar el metagene humano. Este TPB publicado en 2021 recoge los seis números de la miniserie que Giffen escribió y dibujó junto a Jeff Lemire entre 2019 y 2021, y que propone hacer exactamente lo contrario de lo que uno esperaría de ese título en ese momento: olvidarse del humor, olvidarse del crossover contemporáneo, y volver a 1988 a Dangerfield, Arizona, donde cinco niños que perdieron a sus padres durante la Invasión son los únicos que notan que algo muy raro sigue pasando en su pueblo. El proyecto es ambicioso, personal y extraño. También es la mitad de lo que debía ser.

Dangerfield, Arizona, y la sombra de los Dominadores
La primera decisión correcta de Giffen y Lemire es el tono. No hay superhéroes con capa en Inferior Five. Hay una niña corriendo por el desierto en la noche, casas marcadas con X en silencio, una figura con máscara de saco que aparece y desaparece en los márgenes de las escenas. La referencia que el cómic convoca no es la Liga de la Justicia sino los misterios de pueblo pequeño que la cultura ochentera perfeccionó: el horror tranquilo, los niños que ven lo que los adultos no quieren ver, la sensación de que el pasado no ha terminado de pasar. Los Dominadores siguen en Dangerfield, siguen observando, siguen experimentando. El metagene es su proyecto a largo plazo y estos cinco adolescentes son su muestra de control.

Giffen dibuja con una cuadrícula de seis paneles por página que se niega a ceder al dinamismo contemporáneo del cómic de superhéroes. Es una decisión estética con raíces en Jack Kirby y en la forma en que el cómic de los años setenta distribuía la información: lenta, deliberada, con cada viñeta cargando el mismo peso que la anterior. No todo lector moderno lo recibirá como homenaje; algunos lo leerán como rigidez. La línea entre ambas lecturas es legítima, pero la consistencia del resultado sugiere que es una elección, no una limitación. El colorista Hi-Fi trabaja sobre esas páginas con una paleta que convierte Dangerfield en un lugar donde la luz nunca termina de volverse completamente natural, y eso es lo correcto para una historia que vive en la fricción entre lo cotidiano y lo que está debajo.

La historia de respaldo —el Peacemaker de Jeff Lemire, escrito y dibujado por él mismo con color de José Villarubia— es la pieza que justifica su inclusión en este volumen más allá de la coincidencia oportuna con la serie televisiva que hizo al personaje visible de nuevo. Lemire construye a Christopher Smith en el contexto de la Guerra Fría, con Checkmate y Amanda Waller como estructura de contención para un personaje que no termina de encajar en ninguna categoría moral reconocible. El tono es más frío y más directo que la historia principal, y la combinación de ambas dentro del mismo volumen genera un díptico que funciona mejor que cada pieza por separado: el misterio de los niños y la misión del soldado comparten el mismo peso muerto del pasado sin que ninguno de los dos lo resuelva del todo.

Lo que el proyecto acierta y lo que carga sin poder soltar
Inferior Five tiene un problema estructural que ningún talento individual puede resolver: los cinco protagonistas pasan la mayor parte de los seis números intentando encontrarse entre sí en un pueblo pequeño. La premisa los presenta como grupo pero la historia los mantiene separados durante casi toda su extensión, lo que convierte cada número en una serie de tramas paralelas que avanzan en cámara lenta hacia una convergencia que el formato no termina de ejecutar. Los personajes están diferenciados —Justin como narrador desplazado, Lisa como la que lee los cómics de DC sobre eventos que ella misma vivió, los demás con sus propios traumas de origen— pero el arco que debería darles una identidad colectiva nunca llega a cristalizar porque el tiempo se acaba antes.

Hay algo genuinamente notable en la capa metaficcional de la serie: que Lisa lea el cómic de Invasion! publicado por DC y comente sobre los eventos que destruyeron la vida de su familia es el tipo de gesto que los guionistas de los noventa habrían usado para ser listos y Giffen usa para ser honesto. La distancia entre la narrativa oficial del crossover y la experiencia de quienes vivieron en el pueblo equivocado en el momento equivocado es exactamente la distancia entre el género y la realidad que la serie quiere explorar. Que ese gesto no termine de pagar sus dividendos es consecuencia del recorte editorial, no de la falta de ambición.

La cancelación como personaje no acreditado
La historia editorial de Inferior Five es tan parte de su significado como cualquier página de sus seis números. Planificada para doce episodios, recortada a seis antes de que los primeros cuatro salieran a la venta, cancelada en distribución cuando los pedidos de los números cinco y seis fueron eliminados sin previo aviso, y finalmente publicada en formato digital exclusivo en la plataforma ComiXology a partir de marzo de 2021 —después de quince meses de silencio y en el contexto de la inminente llegada del Peacemaker televisivo a HBO Max—, la serie tiene el curriculum perfecto para la historia que estaba intentando contar: un cómic sobre personajes olvidados, un evento olvidado y una era olvidada que fue a su vez olvidado a medias por el mercado que debía sostenerlo.

El número seis lo sabe. En el último episodio, las paredes empiezan a caerse de una manera que no es solo narrativa y Giffen aprovecha el momento para que los personajes reflexionen sobre las historias que no se cuentan, los cómics que se cancelan, los universos que quedan incompletos. Es el tipo de cuarta pared que funciona porque no es gratuita: esta historia era literalmente sobre ser cancelada antes de poder terminar y el autor lo incorporó al texto. El TPB recoge los seis números por primera vez juntos y en papel, lo que significa que es el único formato en el que la historia existe completa y accesible. No es toda la historia que Giffen y Lemire querían contar. Pero lo que está aquí —el misterio sin resolver del todo, el pueblo que guarda algo que los Dominadores no han terminado de recoger, el Peacemaker en su propia guerra sin nombre— tiene suficiente peso propio para que la lectura no sea de lo que falta sino de lo que consiguió llegar.





