Geopolítica de vibranium: Crítica de ‘Ultimate Black Panther: Peace and War’ (2024)

Mientras el Universo Marvel tradicional (Tierra-616) sigue lidiando con sus propias e interminables crisis dinásticas, la nueva línea Ultimate capitaneada por Jonathan Hickman continúa rediseñando el mapa geopolítico de los superhéroes desde una perspectiva radicalmente fresca. Lejos de ser un mero reflejo del éxito cinematográfico de masas, ‘Ultimate Black Panther: Peace and War’ —que recopila los primeros seis números de la cabecera— se descubre como una de las apuestas más sólidas, maduras y sorprendentes de este nuevo orden editorial. El guionista Bryan Hill subvierte el mito del monarca absoluto para encerrar a Wakanda en un laberinto de intriga gubernamental y fanatismo religioso que poco tiene que ver con las habituales epopeyas de acción de la editorial.

El trono más pesado de África frente al dios de la Luna

La premisa nos sitúa en una Wakanda que, si bien mantiene su estatus histórico de nación rica, tecnológica y jamás conquistada, se encuentra completamente aislada y asediada por el miedo. Tras el asesinato del rey T’Chaka, un furioso y joven T’Challa asume la corona y el manto de Black Panther en un tablero de juego hostil. El enemigo en las fronteras no es un villano convencional, sino las fuerzas expansionistas y mesiánicas de los dioses egipcios Ra y Khonshu (quienes operan como los líderes de un Caballero Luna bicéfalo bajo el consejo del Hacedor).

  • Flipping de tropos y personajes reinventadosLa genialidad de Hill radica en cómo deconstruye el entorno del héroe. Aquí, su esposa Okoye y su hermana Shuri no son meras aliadas sumisas, sino voces críticas con agendas políticas propias que chocan frontalmente con el secretismo del rey. La entrada en escena de unos magistrales e irreconocibles Killmonger y Tormenta —convertidos aquí en guerrilleros de la libertad que luchan por el continente más allá de las fronteras fortificadas de Wakanda— añade un debate moral fascinante sobre el aislacionismo y la responsabilidad humanitaria.
  • Un thriller político cocinado a fuego lentoA diferencia de la locura pop de otras cabeceras hermanas de la línea, este arco se cocina con la paciencia de un drama de espionaje. Hill se toma su tiempo para explorar la peligrosa influencia del misticismo y los cultos locales (como las siniestras sacerdotisas Vodu-Khan) y cómo el bando invasor es capaz de ganarse la devoción de los desesperados mediante un mineral que debilita el vibranium. El clímax del volumen no se resuelve con un puñetazo, sino con la aterradora constatación de que Black Panther no se enfrenta a un ejército de soldados, sino a una legión de fanáticos religiosos dispuestos a morir por sus deidades.

Afrofuturismo impecable y relevo artístico

En el apartado visual, Stefano Caselli realiza un despliegue superlativo de diseño y arquitectura. Su visión de la capital, Birnin Zana, bebe tanto de los conceptos de Ta-Nehisi Coates como de la estética cinematográfica, mezclando rascacielos relucientes con naves de fisonomía insectoide. Los lápices del artista se ven potenciados por los colores cálidos de David Curiel, quien baña las tierras de Wakanda en atardeceres dorados y rojizos que contrastan drásticamente con los tonos fríos, estériles y monocromáticos de las tropas del dios lunar.

La transición gráfica hacia el final del tomo, donde Carlos Nieto asume los lápices como artista invitado para los números 5 y 6, se ejecuta con una fluidez pasmosa. Nieto replica con precisión la fuerza y el dinamismo de Caselli en las secuencias de combate cuerpo a cuerpo y destaca especialmente en un bellísimo flashback pictórico que narra los orígenes mitológicos de la caída del meteorito en suelo africano.

Veredicto: 🟢 RECOMENDABLE (Un ‘noir’ monárquico imprescindible)

‘Ultimate Black Panther: Peace and War’ es un cómic excelente que exige paciencia pero recompensa con creces al lector. Bryan Hill y su equipo huyen de la acción ligera para entregar un thriller geopolítico sobrio e inteligente, donde la corona pesa más que los superpoderes. Aunque su ritmo pausado puede impacientar a quienes busquen batallas colosales desde la primera página, la soberbia construcción de mundo, el rediseño de sus personajes secundarios y la inminente promesa de una guerra total la convierten en una lectura obligatoria dentro del nuevo y fascinante Universo Ultimate. Una factura técnica e intelectual impecable.