La mejor respuesta a la pregunta de qué son el uno para el otro: Rick y Morty (Temporada 9)

La novena temporada de Rick y Morty —diez episodios emitidos en Adult Swim entre el 24 de mayo y el 26 de julio de 2026— llega como la primera en los que Ian Cardoni y Harry Belden son ya los voces establecidas de Rick y Morty sin discusión posible, y llega también con una pregunta narrativa que la serie había estado aplazando desde que Justin Roiland abandonó el proyecto: ¿adónde va una relación construida sobre la dinámica abuelo-nieto cuando los guionistas llevan cuatro temporadas intentando demostrar que es algo más complicado que eso? La temporada 8 fue, en opinión generalizada, la más irregular de la era post-Roiland. La 9 toma la decisión de no seguir buscando en los mismos cajones.

Evil Morty y el Dispositivo Omega: la amenaza más anunciada de la historia de la serie, resuelta antes de que termine el primer episodio

El regreso de Evil Morty era la deuda narrativa más visible que la serie arrastraba. Desde que en la quinta temporada cruzó la Curva Finita Central y desapareció hacia el resto del multiverso, su ausencia había actuado como una promesa implícita: el personaje volvería, y cuando lo hiciera sería el acontecimiento que estructurara una temporada entera. La decisión de la temporada 9 es hacer exactamente lo contrario. «There’s Something About Morty» —el episodio de estreno— arranca con Morty descubriendo que Rick ha estado en contacto secreto con Evil Morty durante un tiempo no especificado: los mensajes revelan que este los ha reclutado para detener a La Colectiva, una entidad colmena que busca consumir la Curva Finita Central, y que tiene como garantía de cooperación el Dispositivo Omega, un arma capaz de eliminar permanentemente todas las versiones de la familia Smith en el multiverso. Lo que sigue en los cuarenta minutos restantes es la resolución de ese arco: Rick destruye el Dispositivo desde dentro mientras engañan a La Colectiva para que se absorba a sí misma en un bucle recursivo, y Evil Morty —furioso, traicionado una vez más— es detenido por la Policía Temporal Dimensional antes de que pueda actuar en represalia. El episodio termina con Evil Morty fuera del tablero. La temporada apenas ha comenzado. Es una apuesta arriesgada —y algunos espectadores que llevaban temporadas esperando el gran arco de Evil Morty la vivieron como una decepción— pero es también la decisión que libera a los nueve episodios siguientes para hacer algo diferente: ya que la amenaza externa está resuelta, la serie puede dedicarse a la amenaza interna, que es la de una relación que no tiene nombre preciso.

De Jerry colonizado por gusanos a Rick reencarnado como célula: los episodios que definen la temporada

El grueso de la temporada 9 funciona según la lógica episódica clásica de la serie —aventura autoconclusiva con implicaciones de carácter que se acumulan en el fondo— y el nivel de los mejores capítulos es el más alto que la era Cardoni-Belden ha alcanzado hasta la fecha. «Jer Bud» (episodio 5) parte de una premisa que en papel suena a relleno de mitad de temporada —Jerry actúa como huésped involuntario de una colonia de gusanos alienígenas inteligentes que lo transforman en una versión de sí mismo imposiblemente carismática y segura— y produce el mejor episodio centrado en Jerry desde hace varias temporadas: Chris Parnell lleva al personaje a través de una escalada de absurdo que no pierde coherencia interna en ningún momento, y la subtrama de Morty con Snowball y los Mups —supuestamente el anzuelo nostálgico del episodio— queda aplastada por la demostración de que las ideas completamente originales funcionan mejor que los regresos calculados. El episodio más ambicioso de la temporada, sin embargo, es «MortGully: The Last Rickforest» (episodio 7): Rick y Morty llegan a un planeta para extraer savia de lo que resulta ser un árbol consciente llamado el Guardián, que los castiga desintegrando sus cuerpos y reencarnándolos como organismos unicelulares en una caverna subterránea. Lo que sigue es una parodia de FernGully que la temporada convierte en algo más incómodo: Rick adopta la estrategia violenta, Morty la pacifista, y el episodio tiene la honestidad de no resolver la tensión con una victoria limpia de ninguno de los dos. La ambición visual del capítulo —que varios analistas han comparado con lo mejor de Adventure Time o Futurama en sus momentos más experimentales— es la más alta de la temporada, y el tema que lo organiza —el coste de controlar siempre los mundos que uno visita— resuena con la pregunta que la serie está haciendo en paralelo sobre Rick.

«Field of Dreams» y el momento que reorganiza la temporada retroactivamente

El episodio final de la temporada 9, «Field of Dreams», funciona sobre una premisa que la serie no había explorado con esta precisión: Morty, con una portal gun de bolsillo de capacidad limitada, descubre el «funeral hopping» —saltar entre los funerales de versiones alternativas de sí mismo para escuchar lo que la gente dice de él cuando cree que está muerto. Lo que encuentra en uno de esos universos es una familia Smith sin Rick, más amorosa y funcional que la suya, pero con un Jerry tan toxicamente posesivo que destruye la portal gun de Morty para retenerlo. La secuencia en que Morty localiza al Rick alternativo de ese universo —un profesor sobrio en Boston que sabe exactamente lo que le ocurrirá si reconstruye la portal gun y la reconstruye de todos modos— es la más oscura del episodio, y la que mejor articula lo que la temporada lleva diez semanas insinuando: que Rick no puede evitar ser Rick aunque sepa el precio. El final no resuelve esa tensión. Lo que hace es añadirle un plano adicional: de regreso en su universo, Rick regala a Morty una bicicleta diseñada para que él pueda controlarla —no Rick, no la tecnología, Morty—, y en el intercambio que sigue lo llama padre. No abuelo. Padre. La serie no subraya el momento. Lo deja caer y sigue adelante, como si fuera la cosa más natural del mundo, y es precisamente esa falta de énfasis la que lo convierte en el instante más revelador de una temporada que había estado buscando ese punto de llegada desde el primer episodio.

La novena temporada de Rick y Morty es la demostración de que la serie tiene más terreno por delante que por detrás si sabe dónde buscar: no en las amenazas externas ni en los arcos de Evil Morty ni en los regresos nostálgicos, sino en la pregunta sin resolver de qué tipo de vínculo es el que tienen estos dos personajes. La décima temporada tendrá que decidir qué hace con la respuesta que la novena acaba de dar.