Paul Dano se une a La posesión y Parker Finn se convierte en el arquitecto del horror de su generación

Paul Dano se incorpora al reparto de la nueva versión de La posesión que prepara Paramount, completando un trío protagonista junto a Callum Turner y Margaret Qualley. Quien firma el proyecto es Parker Finn, conocido por haber creado y dirigido la franquicia Smile —con sus dos primeras entregas en 2022 y 2024—, y que ahora se mide con uno de los textos más perturbadores del cine de terror de los ochenta: el original de Andrzej Żuławski (1981), protagonizado por Sam Neill e Isabelle Adjani, que con apenas un millón de dólares en taquilla en su momento se convirtió con los años en película de culto por su retrato del derrumbe conyugal como catástrofe casi sobrenatural. Robert Pattinson, que estuvo vinculado al proyecto como posible protagonista, permanecerá ligado a la producción como productor junto al propio Finn.

Lo que hace interesante el fichaje de Dano —actor que ha demostrado ser capaz de sostener tanto el registro de fragilidad extrema como el de amenaza contenida— es que la propuesta de Żuławski nunca fue exactamente una película de terror al uso: era un drama de desintegración psicológica envuelto en horror, donde lo monstruoso emergía directamente de lo doméstico. La pregunta que plantea cualquier nueva versión es si Finn va a explorar esa misma tensión entre el género y la ruptura emocional que lo genera, o si va a reconducir el material hacia un territorio más convencional. La elección de Dano, Turner y Qualley —un reparto que no viene precisamente del horror de franquicia— apunta a lo primero.

Mientras tanto, Finn no se limita a este proyecto: el director ha confirmado que Smile 3 está en desarrollo y tiene previsto comenzar el rodaje en éste 2026, con la ambición declarada de llevar la franquicia cada vez más lejos de sus propios límites. «Solo hemos sacado un vaso de agua del océano», ha dicho sobre el potencial de la saga. Dicho de otra manera: Finn está construyendo simultáneamente un universo propio y revisando el legado ajeno, lo que lo posiciona como uno de los nombres más activos —y más ambiciosos— del horror de su generación.