Héroe, astronauta, vaquero, traidor… las 7 caras de Matt Damon antes de La Odisea

La Odisea de Christopher Nolan lleva semanas en cartelera y su éxito tiene un nombre en el centro: Matt Damon encarnando a Odiseo con la mezcla de inteligencia táctica y agotamiento moral que el poema de Homero exige y que pocas estrellas de su generación podrían sostener durante más de dos horas de épica sin perder al espectador por el camino. Que Nolan lo eligiera a él, y no a alguien más joven o más vistoso, dice algo sobre la clase de actor que Damon ha construido en casi tres décadas de carrera: uno que funciona mejor cuanto más peso tiene que cargar. La lista que sigue deja fuera la película de Nolan por razones obvias, y no porque no merezca estar — merece discutirse en su propio momento. Lo que incluye son las siete películas de Damon anteriores que explican por qué La Odisea tiene sentido, y alguna que existe para que quienes no la hayan visto todavía entiendan por qué han estado perdiéndose algo.

7. El indomable Will Hunting (1997)

Damon tenía veintiséis años, coescribió el guion con Ben Affleck en un apartamento de Boston, y entregó una de las actuaciones de debut más completas de los noventa. Will Hunting es un genio matemático que trabaja como conserje en el MIT y que lleva toda la vida construyendo muros entre él y cualquier cosa que pueda herirle. La película le pide a Damon que sea simultáneamente el tipo más inteligente de la sala y el más aterrorizado, y lo hace sin que ninguna de las dos cosas anule a la otra. La escena con Robin Williams en la que Hunting finalmente se permite no estar bien es, treinta años después, una de las más honestas que tiene el cine americano sobre la diferencia entre inteligencia y madurez emocional. El Óscar al guion no fue solo un reconocimiento a la escritura: fue la confirmación de que un actor también puede ser el autor de su propia película cuando entiende al personaje desde dentro.

6. Infiltrados (2006)

La película de Scorsese que ganó el Óscar a mejor película y que con el tiempo ha consolidado la reputación de todos sus protagonistas salvo, curiosamente, la de Damon. Jack Nicholson tiene el mejor papel de su tercera edad. Leonardo DiCaprio tiene el arco más dramático. Pero Damon hace algo técnicamente más difícil que los dos: interpreta a un hombre cuyo trabajo es aparentar ser una persona que no es, durante años, sin que nadie en su entorno lo sepa. Colin Sullivan, el topo de la policía de Boston, tiene que ser creíble como policía honesto, como amante comprometido y como criminal frío, a menudo en la misma escena. Que Damon lo sostenga sin que el personaje parezca esquizofrénico o cartón piedra es una lección de construcción de personaje que cualquier actor de su generación debería estudiar.

5. The Martian (2015)

El ejercicio de resistencia más divertido de la historia reciente del cine de ciencia ficción. Ridley Scott confió a Damon hacer lo que pocos actores pueden hacer: sostener durante dos horas una película en la que básicamente está solo en el plano, sin antagonista humano, sin amor de pantalla y sin más herramienta dramática que la ingeniosidad de un botánico abandonado en Marte. Mark Watney no entra en pánico. Resuelve. Y la gracia de la actuación de Damon es que hace que esa racionalidad imperturbable sea la emoción más potente de la película: no sentimos miedo por él a pesar de que su situación es objetivamente aterradora, sino porque tiene tanto sentido del humor sobre su propia muerte inminente que nos encariñamos con él antes de que lleguen los veinte minutos de metraje. La escena de las patatas lo resume todo.

4. El talento de Mr. Ripley (1999)

La película que la generación que vino después de la suya no ha visto suficiente, y que merece estar en esta lista por ese motivo tanto como por sus méritos propios. Anthony Minghella adaptó la novela de Patricia Highsmith y construyó alrededor de Damon una de las películas más bellas e incómodas de los años noventa: Tom Ripley es un joven sin dinero ni identidad propia que conoce a un millonario en la Italia de los cincuenta, decide que quiere su vida, y hace lo necesario para conseguirla. Damon juega con una vulnerabilidad que se convierte en amenaza tan gradualmente que el espectador no siempre sabe en qué momento cruzó la línea. Jude Law, Gwyneth Paltrow y Cate Blanchett completan un reparto impecable, pero la película es de Ripley, y Ripley es de Damon de una manera que ninguno de los tres actores que interpretaron el personaje antes o después ha conseguido replicar.

3. Ford v Ferrari (2019)

La película de James Mangold sobre la batalla de Carroll Shelby y Ken Miles para llevar un Ford al primer puesto de Le Mans en 1966 podría haber sido solo de Christian Bale —Bale como Miles es explosive, físico, imposible de ignorar—. Lo que la convierte en una película completa es Damon. Shelby es el que cree en Miles cuando nadie más lo hace, el que negocia con los ejecutivos de Ford para protegerlo, el que entiende que su amigo es un genio y que los genios necesitan a alguien que les gestione el mundo para poder hacer su trabajo. Es un rol de segundo plano en términos de dinamismo visual, y Damon lo hace parecer exactamente lo que es: el corazón del film, el personaje sin el cual el de Bale no tiene sentido. La química entre los dos actores sostiene cada escena que comparten, y eso no es fácil cuando uno de ellos lleva siempre la voz cantante.

2. El informante (2009)

La gran película desconocida de Matt Damon, y la que más debería aparecer en conversaciones sobre los actores capaces de moverse entre géneros sin que el movimiento se note. Steven Soderbergh adaptó el libro sobre Mark Whitacre, un ejecutivo de alto nivel de una empresa agroquímica que se convirtió en informante del FBI para delatar una conspiración de fijación de precios internacional mientras, simultáneamente, cometía su propio fraude millonario sin decírselo a nadie. Damon engordó quince kilos para el papel, se dejó crecer el bigote, y construyó un personaje que es al mismo tiempo un mentiroso compulsivo, un narrador completamente poco fiable y uno de los protagonistas más genuinamente divertidos de la comedia negra americana del siglo XXI. La película confunde al espectador de manera premeditada porque su protagonista también está confuso sobre la diferencia entre lo que es verdad y lo que ha decidido creer.

1. Valor de ley (2010)

La película de los Coen por la que nadie habla de Matt Damon, porque hablar de Jeff Bridges como Rooster Cogburn es demasiado tentador para resistirse. Pero LaBoeuf —el ranger de Texas que acompaña a Mattie Ross en su búsqueda del asesino de su padre— es el personaje más complejo de Valor de ley, y la actuación de Damon es la que le da a la película su tono particular: LaBoeuf es fanfarrón, está convencido de su propia competencia, habla de sí mismo en tercera persona moral, y sin embargo resulta ser exactamente lo que dice ser cuando importa. Damon calibra la distancia entre la arrogancia y la eficacia con la precisión de alguien que sabe que ese personaje existe para que el espectador cambie de opinión sobre él tres veces antes de que lleguen los créditos. En cualquier otra filmografía, sería una de las actuaciones de las que más se hablaría. En la filmografía de Matt Damon, es la que más se merece que le presten atención.