La parodia que llega tarde a su propia broma: Scary Movie (2026)

La última vez que los Wayans estuvieron al mando de Scary Movie era 2001 y el mundo no había inventado todavía el meme. Veinticinco años después —un cuarto de siglo en el que la franquicia siguió sin ellos y llegó a parodiar Black Swan, The Artist y una película de Charlie Sheen— Marlon, Shawn y Keenen Ivory vuelven con lo que Marlon ha llamado un «rebooquel»: ni reboot puro ni secuela exacta, sino una película donde los mismos personajes de siempre —Cindy Campbell, Brenda Meeks, Shorty, Ray— se reencuentran con el asesino enmascarado veintiséis años después del primer crimen y con un repertorio nuevo de terror reciente al que ponerle la nariz de payaso. El director es Michael Tiddes, que ya había trabajado con Marlon Wayans en sus proyectos de la última década, y el resultado está en cartelera desde el 5 de junio vía Paramount.

La reunión que sí queríamos ver

Que Anna Faris, Regina Hall, Marlon Wayans, Shawn Wayans y el resto del reparto original compartan pantalla en 2026 tiene la textura de un reencuentro de instituto en el que —contra todo pronóstico— la gente sigue siendo divertida. La química entre ellos es genuina, lo cual es mérito tanto del guion como del hecho de que estos actores llevan la dinámica en el cuerpo desde hace veinticinco años. Faris y Hall son las que mejor aguantan el paso del tiempo como dúo cómico: su manera de ejecutar el absurdo físico sin parecer que están actuando es el tipo de habilidad que no se enseña en ningún sitio. Tiddes tiene la inteligencia de dejarlas funcionar sin meter la cámara donde no hace falta, y en los momentos en que la película se convierte básicamente en un vehículo para que estas dos mujeres hagan lo que saben, Scary Movie 2026 recuerda por qué la original fue tan eficaz. La incorporación de la siguiente generación Wayans —Damon Jr., Kim, Craig, Gregg— añade energía lateral sin robar el foco a los protagonistas, lo cual requería más delicadeza de lo que parece.

El horror al que llegan tarde

El problema estructural de Scary Movie 2026 es el mismo que el de toda parodia que necesita esperar a que la industria produzca algo parodiable: cuando la película llega a los cines, sus objetivos ya tienen varios años. Scream (2022), Get Out, Nope, Longlegs, M3GAN, The Substance, Terrifier 3: el menú de referencias es ambicioso y demuestra que los Wayans han hecho los deberes, pero también que la velocidad del ciclo de consumo cultural ha cambiado el terreno de juego de una manera que este formato no puede absorber. Lo que en 2000 tardaba meses en convertirse en lugar común ahora tarda semanas, y una parodia cinematográfica que necesita un año de producción antes de estrenar llega inevitablemente tarde a la fiesta. Algunas referencias funcionan —hay una escena con The Substance que le saca todo el jugo que el original dejaba en la mesa, y el parque temático de Final Destination Xtreme en la apertura es el gag más inventivo del film— pero otras simplemente confirman que el chiste ya estaba hecho en internet antes de que empezara el rodaje en Atlanta.

Si internet ha sustituido a la parodia, ¿para qué sirve esto?

La pregunta que esta película no puede evitar plantear es si el género de parodia teatral tiene todavía sentido cuando el humor online lo ha superado en velocidad y creatividad en todos los parámetros medibles. La respuesta honesta es: depende de lo que busques. Scary Movie 2026 no aspira a redefinir nada ni a demostrar que el cine puede competir con lo que se produce cada semana en las redes; aspira a que sus personajes vuelvan, que el público que creció con ellos se ría un rato y que la sala funcione como espacio de complicidad colectiva. En eso, con reservas, lo consigue. Es una película que sabe exactamente lo que es y no intenta ser otra cosa, lo cual en 2026 no es un mérito menor. Sus mejores momentos —pocos, bien distribuidos— recuerdan que estos actores y estos personajes siguen teniendo algo que ofrecer. Sus peores momentos —más frecuentes, más largos— confirman que veinticinco años es mucho tiempo para que un chiste siga siendo nuevo, y que la parodia como formato tiene un enemigo que las secuelas no: la relevancia con fecha de caducidad.