El folclore del átomo: ‘Ultimate X-Men’ de Peach Momoko es la reinvención mutante más radical

Si el arranque de la nueva cabecera mutante funcionaba como una larga e introspectiva inhalación, Ultimate X-Men Vol. 2: Children of the Atom (2026) representa el preciso instante en el que Peach Momoko decide dejar de contener el aire. Este segundo tomo —que recopila los números 7 al 12 de la edición estadounidense de Marvel— abandona el tono estrictamente introductorio de su debut para sumergirse de lleno en un ecosistema donde el terror psicológico, el folclore sintoísta japonés y los traumas de la adolescencia mutante dejan de convivir tímidamente y comienzan a retroalimentarse de forma salvaje. Es ahí donde la colección encuentra su verdadera y definitiva razón de ser: la autora nipona ya no necesita convencer al lector de que su propuesta es radicalmente distinta a la continuidad tradicional de la Patrulla X; simplemente ejecuta una obra que opera en una dimensión artística completamente alienígena para el mercado del mainstream norteamericano.

Del trauma íntimo al fanatismo colectivo

En los compases iniciales de la serie, Momoko había edificado un relato profundamente íntimo y minimalista, donde los poderes se manifestaban como estigmas físicos, los fantasmas eran proyecciones literales de la psique y la identidad mutante se traducía en culpa, silencio y aislamiento. En Children of the Atom, el foco gira bruscamente hacia el exterior para explorar la reacción de la sociedad civil. La aparición de estos «niños del átomo» se convierte en un fenómeno viral y colectivo a través de vídeos filtrados en redes, rumores urbanos, foros de internet y movimientos fanáticos que destilan discursos de superioridad. Lo verdaderamente fascinante es que la guionista y dibujante evita de forma deliberada transitar la metáfora racial y el activismo por los derechos civiles que ha definido a los X-Men occidentales desde los tiempos de Stan Lee y Chris Claremont. En su lugar, propone una relectura ligada a la tradición del J-Horror, las maldiciones transgeneracionales y la contaminación espiritual del entorno.

La elocuencia del silencio y el horror corporal

Resulta admirable comprobar la inquebrantable confianza que Peach Momoko deposita en la narrativa puramente visual en detrimento de los bocadillos de diálogo. Mientras que cualquier otro guionista de la factoría Marvel habría aprovechado este segundo arco para sobreexplicar la naturaleza de los mutantes en este nuevo Universo Ultimate o desgranar los planes del misterioso Maester, ella opta por sugerir, eludir y callar. Los propios protagonistas apenas comprenden las mutaciones anatómicas que experimentan, una incertidumbre onírica que el lector comparte de manera permanente. Aunque en este tomo las secuencias de acción aumentan y la violencia física se vuelve explícitamente más cruda, los combates nunca se rinden al espectáculo pirotécnico del género de superhéroes; cada transformación corporal retiene un componente perturbador y siniestro, consolidando el horror orgánico como el auténtico lenguaje vehicular de la obra.

Una sinfonía en acuarela que rompe esquemas

El núcleo dramático de la cabecera se expande con acierto en estas páginas. Aunque Hisako (Armor) sigue ejerciendo como brújula moral y guía del lector, comparte el protagonismo con un reparto coral que empieza a entender la necesidad de unirse para sobrevivir. Personajes como Maystorm adquieren un peso dramático desgarrador, mientras que las apariciones de Kanon y Natsu añaden densas capas de mitología y tragedia clásica a este grupo en formación. No obstante, la verdadera revolución de Ultimate X-Men se dirime en el lienzo: el trabajo de Momoko a los pinceles es una anomalía histórica dentro de Marvel. Cada viñeta está concebida con la delicadeza de una ilustración independiente, donde las texturas de la acuarela, las manchas de tinta aguada y los audaces vacíos compositivos sustituyen las rígidas estructuras del comic-book tradicional para transmitir ansiedad, aislamiento o misticismo de forma puramente cromática.

Veredicto: la necesaria deconstrucción de un mito

A este segundo volumen puede reprochársele que mantiene intacta esa extrema paciencia narrativa que desesperará a los amantes de la gratificación instantánea y los crossovers masivos. Quienes busquen una progresión argumental clásica o explicaciones canónicas sobre el tejido del nuevo Universo Ultimate se toparen con una atmósfera críptica que privilegia el simbolismo frente a la exposición. Sin embargo, en esa insólita terquedad artística reside la genialidad del tomo. Children of the Atom confirma que este título no pretende competir en la misma liga que el resto de franquicias de la editorial: es una bellísima y cruel fábula de terror adolescente donde el peso de la tradición académica japonesa, la culpa familiar y las leyendas urbanas redefinen el mito mutante. Tras más de sesenta años de historia editorial, lograr que los X-Men vuelvan a ser un territorio completamente impredecible y vanguardista es, sin duda, el mayor milagro obrado por Peach Momoko.