10 películas ambientadas en Halloween para pasar miedo (o reír) en cualquier momento del año
Hay una fecha en el calendario que el cine reclamó antes que ningún otro arte popular y desde entonces no ha devuelto. El 31 de octubre de 1978, John Carpenter rodó la que sería la película más rentable de la historia del cine independiente americano hasta ese momento: Halloween. Michael Myers escapa del sanatorio mental de Haddonfield, Illinois, y camina de vuelta a la casa de su infancia mientras una noche perfectamente ordinaria de truco o trato se convierte en algo que las niñeras de un barrio tranquilo no van a olvidar nunca. Carpenter lo filmó todo con una cámara subjetiva que no es exactamente la del asesino sino la del miedo en abstracto —el miedo como presencia que mira desde afuera de las ventanas iluminadas, desde los arbustos, desde el otro lado de la normalidad doméstica—, y al hacerlo convirtió Halloween en el decorado más eficiente que el cine de terror había encontrado hasta entonces: la oscuridad es real esa noche, los niños llevan máscaras que ocultan quién es quién, y las puertas se abren a desconocidos por diseño. La película de Carpenter no inventó la noche del 31 de octubre, pero sí inventó lo que esa noche significa para el cine.
Lo que abrió —un espacio narrativo donde la fecha funciona como personaje, donde el ritual colectivo convierte lo cotidiano en territorio de lo sobrenatural, donde la máscara es a la vez disfraz y verdad— ha producido cuatro décadas de películas que van del terror extremo a la comedia familiar, del drama psicológico al musical de 1944. Esta lista no es un ranking de calidad ni un inventario del género: es un mapa de diez películas y series que habitan la noche del 31 de octubre con suficiente convicción como para que, vistas en cualquier momento del año, devuelvan algo de lo que esa noche siente cuando se le deja ser lo que es.

1. Trick ‘r Treat (Michael Dougherty, 2007)
Si Halloween de Carpenter inventó el 31 de octubre como escenario del terror, Trick ‘r Treat lo convirtió en liturgia. Cuatro historias que transcurren simultáneamente en una pequeña ciudad durante la misma noche de Halloween, conectadas por Sam —el niño de pijama naranja y saco de arpillera que funciona como guardián de los rituales de la fiesta— y por la convicción de que Halloween tiene reglas que no deben romperse. No porque sea superstición sino porque si no las respetas, Sam aparece. La película tardó dos años en encontrar distribución y llegó directamente al mercado doméstico, donde se convirtió en película de culto de manera orgánica: generación tras generación de espectadores la descubren en octubre y la adoptan como parte del ritual de la fecha. Lo que Dougherty consigue, y que otras antologías de terror raramente logran, es que el tono de cada historia sea diferente —hay comedia negra, hay slasher clásico, hay fábula moral, hay algo más extraño que cualquiera de esas categorías— sin que el conjunto pierda coherencia. Sam es el hilo conductor más eficiente que el cine de terror en formato antología ha producido, y cada aparición suya funciona como recordatorio de que la noche tiene sus propias leyes.

2. Terrifier (Damien Leone, 2016)
Terrifier y su payaso Art no son para todo el mundo: Damien Leone construyó una película de slasher deliberadamente extrema que recupera la estética del horror de los ochenta sin ironía y sin red de seguridad. Art the Clown —al que David Howard Thornton interpreta mudo, de cara blanca y sonrisa imposible— es una criatura cuya eficacia como icono del terror contemporáneo tiene que ver con que no hay en él ningún origen explicado, ninguna motivación psicológica, ninguna humanidad que entender: es violencia y disfraz de payaso y silencio, y Leone lo filma con una crudeza que el género no había sostenido de manera tan directa en años. La noche de Halloween no es aquí un escenario accidental sino el entorno que le da al personaje su lógica más natural: entre todos los disfraces de la noche, Art no necesita esconderse porque ya es un disfraz, y cuando la ficción de la fiesta termina y la realidad de lo que está pasando se impone, ya es demasiado tarde. Las secuelas han amplificado el universo, pero la primera película tiene la eficacia de la propuesta sin adornos.

3. Haunt (Scott Beck y Bryan Woods, 2019)
Scott Beck y Bryan Woods —los guionistas de Un lugar tranquilo— dirigieron Haunt como un ejercicio de escalada de tensión en espacio cerrado que utiliza el tropo más obvio del cine de Halloween para hacer algo más retorcido de lo que el punto de partida sugería. Un grupo de amigos entra a una casa del terror extrema en la noche del 31 de octubre, y la revelación de que los monstruos que la habitan no son actores llega con suficiente anticipación como para que la película pueda dedicar su segunda mitad a lo que realmente le interesa: la diferencia entre el miedo como espectáculo y el miedo como condición de supervivencia. El espacio de la casa encantada funciona como laberinto con sus propias reglas, y la película tiene la inteligencia de no desperdiciar ninguna de ellas. No es la reinvención del género ni pretende serlo: es un thriller de horror que sabe exactamente qué tipo de maquinaria necesita para funcionar y la monta sin dejar piezas sueltas.

4. Hocus Pocus (Kenny Ortega, 1993)
Tres décadas de proyecciones anuales en televisión americana, merchandise permanente, una secuela tardía y el estatus de película favorita de Halloween para varias generaciones de espectadores que la vieron de niños y la siguen viendo de adultos: pocos films del cine familiar de los noventa han resistido el paso del tiempo con tanta consistencia como Hocus Pocus. Kenny Ortega dirigió la historia de las tres hermanas Sanderson —brujas del siglo XVII resucitadas accidentalmente en Salem por un adolescente que encendió una vela en la noche equivocada— con un equilibrio entre la comedia y el genuino peligro que el cine familiar de Disney raramente encontraba con tanta naturalidad. Bette Midler como Winifred, Kathy Najimy como Mary y Sarah Jessica Parker como Sarah construyeron personajes que son a la vez ridículos y amenazantes, y esa doble naturaleza es exactamente la que el cine de Halloween para todas las edades necesita: que los niños puedan tener algo de miedo y los adultos puedan reírse, y que ninguno de los dos sienta que la película estaba pensada para el otro.

5. Pesadilla antes de Navidad (Henry Selick, 1993)
Que Jack Skellington, el Rey de Halloween, intente apropiarse de la Navidad es el argumento más claramente absurdo de la filmografía de Tim Burton —que es decir mucho— y también el que produce la película más duradera de su carrera como productor. Henry Selick dirigió la animación stop-motion con una precisión artesanal que hace que cada fotograma sea simultáneamente un diseño de vestuario y de escenografía, y Danny Elfman construyó la partitura y las canciones que definen el sonido de Halloween en el imaginario del cine popular desde 1993 hasta hoy. La película vive en el espacio entre dos festividades sin pertenecer del todo a ninguna —es demasiado oscura para ser un musical de Navidad y demasiado musical para ser un film de Halloween puro—, y esa condición liminal es su fortaleza: puede verse en octubre o en diciembre y funcionar diferente en cada momento. Conseguir que una película sea igual de apropiada en dos fechas que están a dos meses de distancia es un tipo de magia narrativa más difícil de lo que parece.

6. Halloweentown (Duwayne Dunham, 1998)
Las películas de Disney Channel de los noventa vivían en un formato propio —producción contenida, audiencia adolescente, mezcla de aventura y familia, raramente miedo real—, y Halloweentown encontró dentro de ese formato el equilibrio más satisfactorio del período: la historia de Marnie, una chica que descubre que su abuela es bruja y que existe una ciudad paralela donde siempre es Halloween, tiene la lógica interna de los mejores cuentos de hadas, donde las reglas del mundo fantástico son coherentes y sus consecuencias reales. Debbie Reynolds como la abuela Aggie es el corazón de la película y la razón por la que funciona más allá del público para el que fue producida: hay en su personaje una combinación de calidez y misterio que el film de Disney Channel rara vez construía con esa complejidad. La película tuvo tres secuelas, pero la primera tiene la concentración de la propuesta sin diluir, y casi treinta años después sigue siendo la entrada más accesible al género del Halloween fantástico para la audiencia más joven.

7. El Halloween de Hubie (Steven Brill, 2020)
Hay un argumento serio para defender El Halloween de Hubie que no pasa por ignorar lo que es: una comedia de Adam Sandler producida para Netflix con los amigos de Adam Sandler, rodada en Salem, Massachusetts, durante octubre, con más cameos por minuto que presupuesto por escena. El argumento existe de todas maneras: Hubie Dubois, el personaje que Sandler construye —el hombre más asustadizo de una ciudad de Halloween, el único que se toma en serio las reglas de la noche mientras todos se burlan de él, el que al final resulta tener razón—, es una variación de la figura del tonto que resulta ser el más lúcido, llevada hasta un punto que Sandler no había alcanzado con tanta consistencia desde algunos de sus mejores trabajos de los noventa. La película no pretende ser otra cosa de lo que es, y esa honestidad tiene su propio mérito: es un Halloween movie de consumo directo, sin pretensiones, que funciona exactamente en el registro para el que fue diseñada y que en Salem tiene un decorado que compensa muchas de sus carencias.

8. E.T., el extraterrestre (Steven Spielberg, 1982)
E.T. no es una película de Halloween ni transcurre en Halloween: es una película de ciencia ficción sobre la amistad entre un niño y un alienígena que incluye una de las secuencias más icónicas de la historia del cine, que ocurre precisamente en la noche del 31 de octubre. Elliott disfraza a E.T. de fantasma para sacarlo de casa camuflado entre los niños que hacen truco o trato, y la secuencia —que culmina en la bicicleta atravesando el cielo frente a la luna llena— es inseparable de la iconografía de Halloween aunque el film no sea sobre Halloween. Spielberg utiliza la noche como lo que es: el único momento del año en que un extraterrestre puede caminar por las calles de un barrio residencial americano sin que nadie lo mire raro. Que la imagen más reproducida de toda la película sea esa luna, esa bicicleta, ese cielo naranja de octubre, dice algo sobre la relación entre Halloween y el cine que no necesita mayor elaboración.

9. Donnie Darko (Richard Kelly, 2001)
Donnie Darko tampoco es una película de Halloween en el sentido convencional, pero el 31 de octubre funciona en ella como deadline literal: la cuenta atrás que el conejo Frank le muestra a Donnie termina exactamente en una fiesta de Halloween, y ese final —con los disfraces, con la música, con la revelación de quién está dentro del disfraz de Frank— solo puede ocurrir en esa fecha porque ninguna otra noche del año permite que la ficción y la realidad, el disfraz y la identidad, el miedo y la fiesta coexistan con esa ambigüedad. Richard Kelly utilizó Halloween no como escenario ni como decorado sino como el momento en que el universo de la película tiene permiso para decir la verdad, porque la verdad en una noche de disfraces puede parecer otra cosa más. Es el uso más conceptual que cualquier película de esta lista hace de la fecha, y por eso la más difícil de ver en octubre sin que la fecha se convierta en parte de la experiencia de verla.

10. Cita en San Luis (Vincente Minnelli, 1944)
Que un musical de 1944 protagonizado por Judy Garland cierre una lista de Halloween requiere una explicación y la tiene: la secuencia de Halloween de Cita en San Luis —donde la pequeña Tootie y su hermana construyen un muñeco de paja para hacer la travesura más valiente de la noche— es, formalmente, una de las piezas más perturbadoras y más hermosas que el cine clásico de Hollywood dedicó al 31 de octubre. Minnelli la filmó en una oscuridad poco habitual para el musical del período, con sombras que se mueven de manera inquietante y una fotografía que convierte el barrio más familiar de St. Louis en algo ligeramente siniestro. Tootie no tiene miedo: es ella la que asusta. Y esa inversión —que la niña sea la amenaza de la noche, la que camina sola por las calles oscuras y hace lo más valiente de todo—, rodada en technicolor en 1944, sigue siendo uno de los retratos más fieles de lo que Halloween siente cuando se vive desde adentro.





