El Gólgota de acero en la era del horror — Crítica de Absolute Superman: Son of the Demon

Si el primer volumen de la etapa de Jason Aaron nos dejó con la sensación de un Kal-El excesivamente taciturno y deudor de la estética Snyder, este segundo arco —recopilado como ‘Son of the Demon’ (#7–14 USA)— decide dejar de mirar al pasado para romperle los dientes al presente. Aquí ya no hay espacio para la duda existencial: hay una guerra abierta en la que Superman debe decidir si es un salvador o, como muchos temen en este universo, un simple verdugo de acero.

Brainiac y Ra’s al Ghul: Villanos de pesadilla y corporaciones

Lo más estimulante de este tomo es cómo Aaron abraza el género de terror para redefinir la amenaza. El Brainiac que se nos presenta en el número 7 es, sencillamente, una pesadilla sacada de una película de John Carpenter. Olvidaos del coleccionista frío de ciudades; este es un monstruo visceral capaz de licuar huesos y arrancar la piel con un pensamiento, una suerte de virus emocional que funciona como el perfecto antagonista para un Superman que todavía está buscando su lugar en el mundo.

Por otro lado, la figura de Ra’s al Ghul termina de consolidarse como el gran titán detrás de Lazarus Corp. Su plan no es el típico equilibrio ecológico, sino convertir a Kal-El en su arma personal, en su «hijo del demonio». La brutalidad llega a su cenit cuando la acción se traslada a una Smallville ocupada por tanques y mechs, transformando el idílico paisaje de Kansas en una zona de guerra que parece un espejo deformado de la crisis fronteriza actual.

La fragilidad del último hijo de Kriptón

A diferencia del volumen anterior, donde la IA Sol servía de muleta narrativa, aquí vemos a un Superman mucho más vulnerable y humano en su sufrimiento. Aaron nos muestra a un Kal-El que se desangra literalmente bajo una espada de kriptonita, pero que aun así se niega a doblar la rodilla ante el totalitarismo corporativo.

El desarrollo de los secundarios es, por fin, el que esperábamos. Jimmy Olsen deja de ser una nota al pie para convertirse en el ancla moral de la serie, demostrando que en un mundo tan oscuro, la bondad es el acto más rebelde posible. Lois Lane, por su parte, se confirma como una mujer de hierro capaz de encarar a monstruos sin parpadear. Sin embargo, persiste una ligera pega: a pesar de los 14 números que ya llevamos, Superman sigue sintiéndose a ratos como un símbolo distante, un enigma que el guion se resiste a descifrar del todo en favor de la espectacularidad visual.

Veredicto: 🟢 IMPRESCINDIBLE

Jason Aaron y un espectacular Rafa Sandoval (que aquí se desata con un diseño de poderes y capas de «polvo estelar» que son puro espectáculo) han logrado que la serie pase de ser un experimento interesante a una lectura obligatoria. Aunque el Clark Kent «angustiado» sigue sin echar ese buen polvo que reclamábamos en la anterior reseña, este arco de horror, espionaje y guerra total es el chute de adrenalina que el Universo Absolute necesitaba para volar por sí solo.