Bate de béisbol, gatos y bajos fondos: ‘Bala perdida’ es el viaje más salvaje (y divertido) de Aronofsky

Hay directores que parecen condenados a cargar con el peso de la trascendencia en cada plano. Darren Aronofsky era uno de ellos. Tras la densidad dramática de The Whale y el delirio simbólico de mother!, nadie esperaba que su siguiente paso fuera un ejercicio de estilo tan macarra, vibrante y, sobre todo, condenadamente divertido. ‘Caught Stealing’ no es solo una película de crímenes; es una carta de amor eléctrica a una Nueva York que ya no existe, servida con un humor negro que corta como una cuchilla de afeitar.

La premisa es puro cine negro de manual, pero ejecutada con una energía renovada. Austin Butler interpreta a Hank Thompson, un exjugador de béisbol cuya carrera se fue al traste y que ahora sobrevive como barman alcohólico. Su vida es un cúmulo de lamentos hasta que acepta una tarea aparentemente inocua: cuidar el gato de su vecino. Lo que sigue es una espiral de violencia donde Hank, sin comerlo ni beberlo, se convierte en el epicentro de una guerra entre mafias rusas, gánsteres jasídicos y policías que saben demasiado.

Austin Butler: El carisma como motor de supervivencia

Si alguien dudaba de que Austin Butler podía cargar con el peso de un protagonista absoluto fuera de los biopics o la ciencia ficción épica, aquí tiene la respuesta. Su Hank es vulnerable pero físico, un hombre que recibe golpes (muchos, y muy reales) pero que conserva ese «swing» que lo hizo grande en el diamante. La química con Zoë Kravitz, que interpreta a una paramédica que es mucho más que el simple interés romántico, aporta un anclaje emocional necesario entre tanto caos.

Pero lo que realmente eleva la cinta es su galería de secundarios pasados de rosca:

  • Matt Smith: Irreconocible con un mohicano punk, desatando un caos absoluto cada vez que asoma por pantalla.
  • Regina King: Como la detective de policía, entrega una interpretación gélida y perceptiva que se come cada escena.
  • Liev Schreiber y Vincent D’Onofrio: Una pareja de criminales jasídicos que protagonizan los momentos más surrealistas y brillantes de la película, incluyendo una cena de Shabat que es, sencillamente, oro puro del guion.

Estética retro y una banda sonora que golpea

Aronofsky renuncia aquí a la cámara estática para recuperar el nervio de sus inicios (Pi, Requiem por un sueño). La ambientación en los años 90 no es un simple capricho nostálgico; es una herramienta narrativa. En un mundo sin smartphones, donde «gastar los minutos» del móvil era un drama y la información no volaba, la tensión se cocina a fuego lento.

Mención aparte merece la banda sonora. La colaboración entre el compositor Rob Simonsen y la banda post-punk Idles es un acierto total. La música no acompaña la acción, la empuja, creando una atmósfera sucia y rítmica que encaja perfectamente con el montaje frenético de Andrew Weisblum.

¿Vale la pena el riesgo?

‘Bala perdida’ es una anomalía deliciosa. Es violenta, es sucia y a veces estira la verosimilitud hasta el límite (Hank parece tener una resistencia sobrehumana a los traumatismos), pero se lo perdonamos porque el viaje es impecable. El guion de Charlie Huston, adaptando su propia novela, mantiene los giros con precisión de relojero sin perder el alma de sus personajes.

No es la película que esperábamos de Aronofsky, y precisamente por eso es su mejor trabajo en años. Es un thriller que no pide permiso ni perdón, una pieza de género que sabe que para ganar la base, a veces hay que arriesgarse a que te pillen robando. Un espectáculo imprescindible para los que buscan cine con garra, estilo y mala leche