La comedia que esconde una épica y se convirtió en un clásico instantáneo: ‘Bone: Out From Boneville’

Bone es una de las series más largas de la historia del cómic norteamericano independiente —cinquenta y cinco números publicados entre 1991 y 2004— y también una de las más extrañas: comienza como una comedia de gags dibujada al estilo de los tiras dominicales de los años cincuenta y termina como una épica fantástica con ecos de Tolkien, sacrificio y mitología antigua. Out From Boneville, el primer volumen que recopila los números del uno al seis, no es el principio de esa épica. Es algo más modesto y más difícil de hacer bien: la invitación. Los seis números que Jeff Smith publicó entre julio de 1991 y agosto de 1992 a través de su propia editorial, Cartoon Books, no resuelven nada, no revelan nada, no coronan a ningún héroe. Establecen un tono, construyen un mundo y presentan a un elenco con la energía suficiente para que el lector quiera saber qué viene después. En el cómic, en el que las series se abandonan por decenas cada temporada, hacer que el lector quiera el siguiente número es el único mérito que importa. Smith lo consigue.

Jeff Smith, Cartoon Books y la decisión de autopublicar

En 1991, la vía más honesta para publicar un tebeo en blanco y negro protagonizado por criaturas de nariz bulbosa sin poderes ni violencia ni agenda comercial obvia era autopublicarlo. Smith lo sabía. Creó Cartoon Books, se ocupó él solo del guion, el dibujo, el entintado, el lettering y la distribución, y empezó a enviar Bone al circuito de tiendas de cómic especializadas con la convicción de quien no tiene un plan alternativo. El resultado es una obra que lleva la huella de esa decisión en cada página: sin editor que exija explicaciones ni marketing que demande un anzuelo para nuevos lectores en el número uno, Smith se tomó el tiempo de construir en lugar de vender.

La influencia visible en el trazo es la de Walt Kelly —creador de Pogo, el posumio más político de la historia de las tiras cómicas— y la de Carl Barks, que dibujó a los patos de Disney durante décadas con una elegancia gráfica que el mundo tardó en reconocer como genialidad. También Charles Schulz, cuya economía de línea y precisión emocional están en el ADN del dibujo de Smith. El resultado es un estilo que miente sobre sí mismo: parece simple porque la línea es limpia, los personajes son expresivos sin ser detallados, el humor es visual y directo. Lo que esconde esa aparente simplicidad es una arquitectura de composición de página que controla el ritmo de lectura con la disciplina de quien ha estudiado cómo funciona el tiempo en el cómic. Smith sabe exactamente cuándo cortar, cuándo dejar respirar y cuándo acelerar. El blanco y negro de la edición original —la única edición de autor; la coloreada de 2005 es una decisión de Scholastic, no de Smith— no es una concesión económica sino la condición natural de un dibujo que no necesita color para funcionar.

Los Bone, el valle y el elenco que lo sostiene

Los tres Bone cousins son la misma persona dividida en tres funciones narrativas que Smith gestiona con eficiencia casi algebraica. Fone Bone es el centro moral: honesto, leal, cargado con un ejemplar de Moby Dick que relee con una devoción que el cómic usa para gags recurrentes y que el lector tardará en entender que no es una broma sino un leitmotiv. Phoney Bone es la ambición sin ética: el personaje que sacó a toda la familia de Boneville con una campaña electoral fraudulenta y que en el valle busca el próximo ángulo que explotar antes de entender que el valle no funciona con sus reglas. Smiley Bone es el tonto sabio, la función del coro clásico en formato de criatura regordeta que fuma puros y sonríe mientras el mundo arde. Los tres son arquetipos, pero los arquetipos bien ejecutados no parecen estrechos: parecen inevitables.

El elenco del valle que los recibe es donde Out From Boneville más sorprende. Thorn es la joven que encuentra a Fone Bone perdido en el bosque: aparentemente el personaje de la chica-guía de la aventura, el rol más desgastado del fantasy. Smith la dibuja con una sexualización que la edición original no esconde y que la serie irá complejizando progresivamente hasta que el personaje resulte ser algo completamente distinto a lo que estos primeros números sugieren. Gran’ma Ben —la abuela de Thorn— es la gran baza del primer volumen: una anciana que gana carreras de vacas y que tiene la amabilidad de no aclarar en ningún momento qué es exactamente lo que esconde. Lucius Down, propietario de la taberna del pueblo, tiene la energía del personaje que sabe más de lo que dice. Y los Rat Creatures —las dos criaturas amenazantes que se persiguen como villanos de slapstick durante los seis números— protagonizan la escena más citada de este volumen: el debate sobre si preferirían comer a Fone Bone con una tarta de queso o con una de cerezas, que interrumpe la acción con una precisión cómica que debería estudiarse en escuelas de guion. La discusión no está en el tono equivocado. Está exactamente en el tono correcto: el tono de un cómic que sabe que la comedia y la amenaza no se excluyen.

Lo que Out From Boneville promete y no resuelve (todavía)

La crítica más frecuente al primer volumen de Bone es que es lento. Es una crítica justa y completamente irrelevante, porque lo que se entiende por lentitud en este contexto es en realidad el tiempo que cualquier historia que no sea un tebeo de superhéroes necesita para construir las cosas que los tebeos de superhéroes no construyen nunca: atmósfera, geografía emocional, personajes a los que el lector puede querer antes de que les ocurra algo importante. Los seis números de Out From Boneville no tienen un climax convencional porque no están diseñados para tenerlo. Son un primer acto. El misterio del Gran Dragón Rojo —la criatura que aparece y desaparece sin explicarse—, la naturaleza exacta de Gran’ma Ben, la sombra oscura que el cómic sugiere que se cierne sobre el valle: nada de esto se resuelve. Todo esto se planta.

Lo que Smith entrega en estos seis números es algo más difícil de cuantificar que una trama: entrega la certeza de que hay algo esperando. El lector que termine Out From Boneville sin saber qué es el Gran Dragón, sin saber por qué las Rat Creatures buscan a los Bone, sin saber qué esconde Gran’ma Ben, tiene dos opciones. La primera es interpretar esa falta de resolución como insuficiencia. La segunda es coger el volumen dos. Smith apostó treinta y dos años de su vida profesional a que el lector elegiría la segunda opción. Que Bone se publicara íntegra, que se reeditara, que se releyera y que se siga leyendo confirma que acertó. El cómic que parece un cuento de animación para niños resulta ser el comienzo de una de las historias más largas y más oscuras del cómic independiente norteamericano. Out From Boneville es donde esa historia todavía no lo sabe, pero ya lo presiente.