Superman es invulnerable a casi todo: Batman/Superman: World’s Finest Vol. 1: The Devil Nezha

En 2022, DC Comics encargó a Mark Waid —uno de los escritores que mejor entiende la mitología de la editorial, el mismo que dos décadas antes redefinió lo que podía ser un cómic de Superman con Birthright— una nueva serie protagonizada por los dos personajes más icónicos del género. La premisa era tan sencilla como arriesgada: una historia sobre la amistad entre Batman y Superman ambientada en los primeros años de esa amistad, con el tono exacto de los cómics de la Era de Plata —optimistas, coloridos, liberados de la ironía cínica que los noventa convirtieron en posición por defecto— y con la inteligencia narrativa suficiente para que esa apuesta no pareciera mera nostalgia. The Devil Nezha, el primer TPB de la serie regular, recoge los cinco primeros números y establece con una solidez admirable las coordenadas de lo que World’s Finest va a ser: una de las series de superhéroes más bien ejecutadas de los últimos años, y la demostración de que el optimismo también puede ser una forma de rigor.

Un universo antes del cinismo

La primera y más importante de las decisiones que toman Waid y Dan Mora es de escenario: World’s Finest transcurre en un pasado indeterminado de la historia de DC, anterior a la acumulación de traumas y eventos que la continuidad moderna lleva décadas apilando sobre sus personajes, en un momento en que Bruce Wayne y Clark Kent son ya héroes consagrados pero todavía no llevan décadas siendo la única línea de defensa de un mundo sistemáticamente al borde del apocalipsis. Es un universo donde la amistad entre Batman y Superman no está en negociación permanente ni es un proceso de desconfianza gestionada, sino un hecho consumado que los dos hombres asumen como parte de su identidad. Waid escribe esa amistad con la naturalidad de quien sabe que no necesita subrayarla: está en la forma en que Batman delega cuando la situación supera su perímetro de control, en la forma en que Superman busca a su amigo cuando necesita un tipo de inteligencia que la fuerza bruta no puede sustituir. Mora y la colorista Tamra Bonvillain construyen ese mundo con una paleta cálida y saturada, líneas claras y una energía visual que hace que cada página tenga la inmediatez de un póster y la profundidad de un storyboard. El resultado es uno de los libros visualmente más generosos que DC ha publicado en años: no hay una sola splash page que no justifique su existencia, y no hay un solo plano de personaje que no transmita exactamente lo que el guion necesita que transmita.

Lo que ocurre cuando posees al invencible

Devil Nezha es un ser antiguo —milenios de antigüedad, no décadas— que lleva exactamente tres mil años trabajando desde el interior de su propia tumba en el hechizo que le abrirá la puerta al mundo exterior. Cuando lo consigue, no pierde el tiempo: Nezha tiene poderes mágicos de alcance devastador y, lo que lo convierte en una amenaza genuinamente distinta a las habituales, la capacidad de poseer cuerpos ajenos. Y el cuerpo más valioso del planeta Tierra es el de Superman. La magia es el punto ciego del hombre de acero —uno de sus muy escasos puntos ciegos— y Nezha lo explota con la eficiencia de quien lleva milenios planificando su primer movimiento. Bajo el control de Nezha, Superman no es un aliado en peligro: es la amenaza más peligrosa de la historia, capaz de atacar a Supergirl con la misma potencia con que habría defendido al mundo. La respuesta de Batman a este problema es el corazón narrativo del tomo: cómo detiene un hombre sin poderes —inteligente, disciplinado, con los mejores aliados posibles— a su mejor amigo convertido en arma de destrucción masiva. La solución pasa por Dick Grayson como Robin, por Supergirl, y por un recurso que Waid despliega con una satisfacción evidente: el Doom Patrol, el equipo de héroes inadaptados y marginales de DC, que aquí funciona tanto como refuerzo táctico como declaración de que este universo tiene más profundidad de la que los títulos de portada sugieren. El arco cierra con una nota de sacrificio que aterriza emocionalmente con más fuerza de la que el ritmo de aventuras habría hecho presagiar, y que establece el tono de lo que la serie va a exigir a sus personajes: no solo fuerza o ingenio, sino disposición a ceder algo.

Dan Mora y Tamra Bonvillain, o el arte como argumento

Hablar de World’s Finest sin detenerse en Dan Mora equivale a analizar una película de gran cinematografía mencionando solo el guion. Mora dibuja con una fluidez que hace que el cómic de acción parezca fácil —y no lo es— y con una generosidad compositiva que convierte cada número en un objeto con entidad propia antes de que sea parte de un arco. Las secuencias de acción tienen coreografía y lógica espacial; los primeros planos comunican con precisión lo que el personaje está sintiendo antes de que abra la boca; las páginas dobles de batalla tienen la escala del gran espectáculo sin sacrificar la legibilidad. Tamra Bonvillain hace con el color algo que va más allá de la ejecución técnica: construye la temperatura emocional de cada escena. Los exteriores iluminados de Metrópolis tienen una cualidad distinta a los interiores de la tumba de Nezha, que son distintos a los espacios intermedios donde Batman piensa y planifica. La coherencia visual entre ambos es la razón por la que el libro funciona como un sistema y no como una suma de páginas. The Devil Nezha es, entre otras cosas, uno de los mejores argumentos recientes para el cómic en papel: en pantalla pequeña se puede leer; en el tamaño y el papel correctos, se puede ver de verdad.

Batman/Superman: World’s Finest Vol. 1: The Devil Nezha es una primera entrega que cumple lo más difícil: establece un tono y lo sostiene, presenta un villano de suficiente peso para que la amenaza sea real, y hace todo eso sin sacrificar ni un gramo de la ligereza que la serie necesita para ser lo que quiere ser. Mark Waid sabe que el optimismo no es lo contrario de la complejidad; es, cuando está bien manejado, una forma de ella. Dan Mora sabe que el superhéroe clásico no necesita ser rediseñado para ser contemporáneo; necesita ser dibujado por alguien que lo entienda. En este primer tomo, ambos lo entienden de sobra.