‘Aquaman: The Dark Tide’, el cómic que Timms dibuja mejor de lo que Adams escribe

Jeremy Adams lleva años siendo el escritor que DC llama cuando un personaje necesita que alguien se lo tome en serio sin solemnizarlo. Lo hizo con The Flash y lo intenta aquí con Arthur Curry, en la serie que arranca en enero de 2025 como el primer gran proyecto del universo post-Absolute Power: Arthur recupera sus poderes con una variación inesperada —adquiere la hidrocinesis que hasta entonces era el poder distintivo de Mera, la capacidad de manipular el agua en lugar de solo comandar criaturas marinas—, Atlantis desaparece borrada de la memoria por un artificio mágico, y el rey de los mares emprende una travesía por dimensiones alternativas acompañado de Dagon para desbloquear los secretos de «el azul», la fuerza elemental acuática que podría salvar a su pueblo o destruirlo. El tomo recoge ocho números de una serie que tiene todo lo que un cómic de aventuras épicas necesita excepto la profundidad emocional que ese nivel de espectáculo requeriría para ser memorable.

John Timms y el trabajo de dar escala al océano

Lo primero que queda claro al pasar la primera página es que la decisión de contratar a John Timms para esta serie fue la correcta. Timms dibuja el agua —los constructos líquidos que Arthur genera con sus poderes nuevos, las criaturas que emergen del fondo, las dimensiones sumergidas donde transcurre la mayor parte del arco— con una dinámica que los cómics de superhéroes consiguen raramente: la sensación de que el material tiene física, de que las salpicaduras pesan y que el espacio submarino tiene sus propias reglas de perspectiva y movimiento. La comparación inevitable es con Dan Mora —la línea limpia, la capacidad de gestionar páginas de alta densidad sin que la acción resulte ilegible—, y aunque Timms no llega todavía a la libertad gestual que Mora ha alcanzado en Batman/Superman: World’s Finest, el trabajo es sólido en cada número del tomo.

El diseño de criaturas es donde el dibujante encuentra su mejor argumento. Jenny Greenteeth —una entidad sacada directamente del folclore británico, una amalgama de ciénaga y fábula que enfrenta a Arthur en el segundo número— es el mejor monstruo del tomo y posiblemente una de las mejores apariciones de un antagonista secundario en el DC de 2025: parte de la tradición visual del Swamp Thing, parte del terror acuático del imaginario lovecraftiano, con una composición en la que el horror funciona exactamente porque no es exagerado. Rex Lokus, cuya paleta de color tiene la inteligencia de saber cuándo enfriar y cuándo saturar, completa el triángulo visual: los planos de acción van a colores primarios y alta energía, los momentos de quietud a azules y grises que dan al lector el espacio de respirar que los dibujos de Timms, en su densidad, a veces no permiten solos.

Adams y la aventura que no encuentra su fondo

El problema del guion de Jeremy Adams no es que sea malo. Es que es suficientemente bueno para evidenciar que podría haber sido mejor. Adams entiende a Arthur Curry en su dimensión de héroe épico —el tono de las cajas de texto, la cadencia de los diálogos, la conciencia del personaje de que actúa en una escala mítica— y construye el arco como una epopeya clásica: cada número es un mundo nuevo, una prueba distinta, una criatura o aliado sacado del mismo pozo de referencia literaria que produjo a Jenny Greenteeth. Arion el mago, el Capitán Nemo, Vivienne como figura de guía: la tradición que Adams quiere habitar es recognoscible y tiene ambición. El problema es que la arquitectura emocional del viaje no iguala la arquitectura visual.

Dagon, el antagonista principal, es el ejemplo más claro de este desequilibrio. El diseño funciona, la amenaza está establecida con la suficiente economía para que el lector la entienda como seria, pero el personaje no tiene la complejidad que un villano de ocho números necesita para que la resolución importe. La pregunta que Arthur tiene que responder al final del arco —quién es sin el rol de rey, quién es con poderes que no eligió— está formulada en el guion pero no desarrollada escena a escena de la forma en que los mejores cómics de superhéroes la desarrollan: haciendo que el lector la sienta antes de que el texto la declare. Que Mera ceda su rasgo definitorio —la hidrocinesis— a Arthur sin que eso produzca ninguna tensión dramática real entre ellos es la decisión que más trabajo habría dado al primer Adams y que el Adams de esta primera colección resuelve como si fuera un detalle de continuidad.

Un cómic para quienes ya saben quién es Arthur Curry

The Dark Tide es el tipo de primer tomo que funciona mejor si ya tienes una relación con el personaje. Para el lector que llega sin esa relación, el arranque exige un conocimiento previo de Absolute Power y del estado de la DC en 2025 que la serie no construye desde cero. Eso no es necesariamente un defecto —los cómics de superhéroes en curso siempre han operado en ese registro— pero limita el alcance de lo que Adams y Timms podrían conseguir juntos si la serie decidiera apostar por ser también una historia para lectores nuevos.

Para quien sí lleva tiempo con Aquaman, el tomo es lo que promete: una aventura épica de escala oceánica, con dibujos que justifican el precio de la colección antes de llegar al tercer número, y una propuesta narrativa que tiene suficiente mundo construido como para que la segunda entrega tenga material con el que crecer. Adams ha demostrado que puede llevar una serie larga —The Flash fue su prueba más concluyente— y los cimientos que deja aquí son sólidos. El problema es que The Dark Tide no termina siendo más que eso: cimientos con un acabado visual extraordinario. Un buen comienzo que espera convertirse en algo que ya no necesite explicarse con ese adjetivo.