Omega cumple treinta años: el disco que escandalizó a todos el tiempo que tardó en tener razón

En 1996, Enrique Morente y la banda granadina Lagartija Nick publicaron Omega y consiguieron el raro mérito de escandalizar simultáneamente a los puristas del flamenco y a los del rock. Ninguno de los dos bandos lo quería: los primeros veían en las guitarras eléctricas y la distorsión una profanación del cante jondo; los segundos desconfiaban de un cantaor que se metía en su terreno sin pedir permiso. Lo que los dos bandos no vieron, o tardaron en ver, es que Morente y Lagartija Nick no estaban haciendo una fusión de géneros en el sentido turístico del término —ese encuentro de culturas que siempre resulta más bonito en el cartel que en el disco— sino que estaban construyendo algo que no tenía precedente real: un álbum basado en los poemas de Poeta en Nueva York de Federico García Lorca y en el Hallelujah de Leonard Cohen que sonaba a las dos cosas a la vez, con toda la tensión que eso implicaba, sin suavizar las aristas para que nadie se incomodara. La incomodidad era el punto.

Treinta años después, Omega es una de las obras más importantes que ha producido la música española del siglo XX, lo cual es el tipo de frase que suena a exageración hasta que te pones a pensar en cuántos discos españoles de 1996 se siguen escuchando con la misma urgencia. Enrique Morente murió en 2010 sin llegar a ver del todo el proceso por el que el disco que nadie quiso en su momento se fue convirtiendo en canon, en referencia, en el álbum que los músicos de dos generaciones señalan cuando alguien les pregunta qué significa arriesgar de verdad. Lagartija Nick sigue en activo. El aniversario se celebró este mes con un concierto en las Noches del Botánico de Madrid en el que Kiki Morente, el hijo de Enrique, tomó el relevo junto a la banda con Israel Galván como invitado —una ceremonia que, por lo que cuentan quienes estuvieron, entendió que honrar el disco significaba no domesticarlo.

Omega tardó en tener razón, pero la tuvo. Eso es lo que celebran sus treinta años: no que el tiempo haya sido amable con el disco sino que el disco tenía suficiente dentro para sobrevivir al tiempo que tardó el mundo en ponerse al día.