El día que los mutantes entraron en el siglo XXI: Millar inyectó cinismo, geopolítica en ‘Ultimate X-Men’

Ahora que la segunda encarnación del Universo Ultimate de Jonathan Hickman se encamina hacia su gran desenlace editorial con Endgame, resulta un ejercicio de justicia histórica volver la vista atrás hacia el Big Bang del experimento original a comienzos de siglo. Mucho antes de que el concepto de «línea alternativa moderna» se transformara en un vicio corporativo para limpiar continuidades, hubo una cabecera que redefinió las reglas del juego de la industria. Ultimate X-Men fue la piedra angular que demostró que el plan de Marvel no era una quimera, y su arco fundacional, The Tomorrow People (que recopiló los primeros seis números de la serie), se alza como el manifiesto más honesto de lo que la Casa de las Ideas pretendía: coger iconos con cuarenta años de farragosa continuidad a sus espaldas y reconstruirlos desde los cimientos para la era de la conectividad digital y el desencanto político.

La paranoia mutante post-Columbine y el terrorismo de Magneto

La maniobra era infinitamente más temeraria de lo que nuestro filtro nostálgico actual nos permite recordar. A las puertas del año 2001, la franquicia mutante tradicional languidecía asfixiada por décadas de retcons, árboles genealógicos imposibles, viajes en el tiempo e incongruencias espaciales que espantaban a cualquier lector neófito. Mark Millar asumió el encargo de hacer a la Patrulla-X accesible, peligrosa y rabiosamente contemporánea. Su principal acierto consistió en dinamitar la metáfora social abstracta de los prejuicios raciales de Stan Lee y Jack Kirby para sustituirla por una geopolítica del miedo tangible. El pánico hacia el gen mutante conecta aquí de forma directa con la psicosis mediática de la era post-Columbine; los gobiernos, los ejércitos y las cadenas de noticias reaccionan ante el Homo Superior con una agresividad militar e institucional sobrecogedora.

Al convertir a la Hermandad de Magneto en una organización terrorista global de corte radical, Millar erradicó las ambigüedades revolucionarias clásicas que Chris Claremont había madurado en los ochenta. En este nuevo tablero, la guerra biológica no es una amenaza distópica futurista, sino una crisis de seguridad nacional a punto de estallar en el telediario de las ocho. La modernización zarandeó con idéntica crudeza al bando escolar de Charles Xavier: Cíclope, Jean Grey, Tormenta o Bestia mantuvieron sus constantes vitales psicológicas, pero reformulados bajo el cinismo del siglo XXI. El caso de Lobezno es paradigmático y actúa como el gran motor dramático del arco; un Logan que no acude a la Mansión buscando redención o una familia sustitutiva, sino infiltrado como un asesino a sueldo con una agenda secreta.

El bloque de los hermanos Kubert y la estética del ‘blockbuster’

En el apartado gráfico, los hermanos Adam y Andy Kubert firmaron un trabajo monumental que justifica por sí solo el millonario éxito comercial del relanzamiento. El mandato editorial era transparente: transformar el cómic en una superproducción cinematográfica de primer nivel meses antes de que las mallas y las capas colonizaran las carteleras de todo el mundo. Las páginas de The Tomorrow People desbordan una energía cinética rabiosa; los rediseños de los uniformes (herederos directos de la matriz estética de la película de Bryan Singer de los años 2000) hacían lucir a los héroes como estrellas de acción, los Centinelas poseían una escala colosal e intimidante y los combates transmitían una velocidad física formidable que ensanchó la brecha visual respecto al resto del catálogo clásico de la editorial.

Es de justicia reconocer que un cuarto de siglo después, evaluado en pleno 2026, el volumen expone de forma flagrante las costuras de la era dorada de Millar. El guionista escocés despliega aquí todos sus tics habituales: diálogos cortados a golpe de eslogan agresivo, una tendencia obsesiva hacia la provocación gratuita y una fijación casi adolescente por volver turbio y extremo cualquier conflicto moral. Determinados secundarios operan meramente como conceptos estéticos en lugar de como seres humanos tridimensionales y la ausencia de sutileza es una constante que a la larga provocaría el colapso argumental de esta misma línea cronológica.

Veredicto: el nacimiento de la iconografía mutante moderna

Con todas sus arritmias temporales y sus excesos testosterónicos, The Tomorrow People permanece como un hito imprescindible del noveno arte norteamericano. Captura con precisión milimétrica el momento exacto en el que Marvel dejó de comportarse como una biblioteca de guardia que custodiaba con pavor sus reliquias de los años sesenta para atreverse a reinterpretarlas sin red de seguridad. El impacto visual e iconográfico de esta obra ha alimentado de forma directa o indirecta a casi todas las adaptaciones multimedia posteriores de la franquicia. Puede que Ultimate Spider-Man de Brian Michael Bendis se coronase como la joya de la corona de aquel universo alternativo, pero fue la mala leche y la espectacularidad de los X-Men de Millar lo que terminó por derribar la puerta. Un reinicio imperfecto, ruidoso y musculado cuyas mejores viñetas retienen intacto el poder del átomo.