¿Es Movistar Plus+ la HBO española? Radiografía de la pregunta más necesaria de nuestra televisión

Hay preguntas que parecen inocentes hasta que se formulan en voz alta dentro de un foro de la industria: ¿Es Movistar Plus+ la HBO española? La comparación, lejos de diluirse con el paso del tiempo, reaparece con una insistencia casi matemática en redes sociales, mesas redondas y festivales de prestigio cada vez que una producción patria rompe el molde de lo convencional. Ocurrió en su día con la ambición histórica de La Peste, se repitió con la visceralidad de Antidisturbios, cristalizó a nivel internacional con La Mesías y ha vuelto a colonizar el debate crítico recientemente gracias a la crudeza judicial de Querer y al preciosismo costumbrista de Los años nuevos.

Sin embargo, cuanto más se analiza el mapa de ruta de ambas marcas, más evidente resulta que la respuesta esquiva el binomio del sí o el no. Porque, a fin de cuentas, HBO nunca fue simplemente una plataforma. Y Movistar Plus+, tampoco.

La diferencia entre una plataforma de catálogo y una filosofía de autor

Cuando el espectador contemporáneo pronuncia las siglas de HBO, en realidad no está pensando en un conglomerado mediático, sino en una promesa de calidad. Durante décadas, la firma estadounidense cimentó su identidad sobre tres pilares innegociables: presupuestos generosos, libertad creativa absoluta para sus directores y una obsesión enfermiza por el prestigio. Mucho antes de que el ecosistema se fragmentara con la llegada de Netflix o Prime Video, la cadena ya había demostrado que la televisión podía ser el hogar de la alta literatura audiovisual gracias a Los Soprano, The Wire, A dos metros bajo tierra o Hermanos de sangre.

Aquello dio forma a un eslogan que terminó mutando en doctrina cultural: «It’s not TV. It’s HBO». No era una burda campaña de marketing; era una declaración de intenciones que priorizaba el impacto artístico sobre la tiranía del audímetro masivo. La verdadera cuestión es si la filial de Telefónica ha conseguido replicar exactamente ese mismo milagro a escala ibérica.

La década prodigiosa que dinamitó las reglas del juego en España

Para calibrar el mérito de la plataforma española es obligatorio recordar el panorama de principios de la década de 2010. Por aquel entonces, el ecosistema nacional estaba tiranizado por las cadenas generalistas: las series se estiraban por encima de los setenta minutos para encajar bloques publicitarios, las temporadas superaban los veinte episodios y la idea de alumbrar una ficción de autor con ambición internacional se despachaba como una excentricidad de tintes suicidas.

La irrupción de La Peste en 2018 lo cambió todo. Aquella inmersión en la Sevilla pestilente del siglo XVI supuso una inversión económica inédita y marcó el inicio de una política de originales que transformaría el ADN de la compañía. A partir de ahí, el goteo de creadores fue incansable: Rodrigo Sorogoyen, los hermanos Enric Auquer y Javier Ambrossi, Alberto Rodríguez o Movistar Plus+ dando cobijo a las visiones más indómitas del audiovisual. Lo verdaderamente relevante del catálogo resultante (Hierro, Arde Madrid, Rapa, Fácil) no es que todas las piezas fuesen obras maestras indiscutibles, sino que ninguna de ellas daba la sensación de haber sido diseñada en los despachos por un comité de algoritmos. Cada proyecto respondía a una voz autoral reconocible y arriesgada. Es decir, la definición histórica de HBO.

La paradoja del algoritmo: prestigio local frente a viralidad global

Es aquí donde emerge la gran bifurcación de la comparativa. Mientras que HBO ha parido mitos universales que moldean la cultura popular global —desde los dragones de Juego de Tronos hasta el cinismo corporativo de Succession o el horror pandémico de The Last of Us—, Movistar Plus+ ha operado en una escala diferente. No ha inundado el planeta de fenómenos virales masivos, pero ha edificado un fortín de reputación crítica envidiable. Si se le pregunta a un espectador medio internacional por la plataforma española, probablemente cite menos títulos que si se le interroga por los gigantes norteamericanos, pero los nombres que deje caer sobre la mesa gozarán de un estatus de culto superlativo.

En cierto sentido, la estrategia de Movistar Plus+ guarda una correlación asombrosa con la HBO de finales de los noventa: un reducto más selectivo, menos mastodóntico y firmemente obsesionado con la distinción. Su reverso tenebroso en el mercado actual no es la marca de Warner Bros. Discovery, sino el modelo Netflix. La gran N roja ha ganado de forma incontestable la batalla de la conversación diaria y el consumo compulsivo, pero a costa de devaluar su reputación con un cementerio de cancelaciones y producciones clónicas. Movistar Plus+, por el contrario, parece abrazar una política editorial casi anticomercial: producir a fuego lento, menos volumen, pero garantizando que cada cabecera posea una personalidad jurídica y estética propia. No es casualidad que hitos como La Mesías hayan terminado rompiendo fronteras y distribuyéndose bajo el propio sello de HBO en territorio latinoamericano; el producto encajaba de forma natural en su parrilla porque compartía sus mismos estándares de excelencia.

Veredicto: el valor intangible de la expectativa previa

¿Es entonces Movistar Plus+ la HBO española? La respuesta más honesta sigue siendo dual. No lo es si nos ceñimos a la capacidad industrial, al impacto macroeconómico mundial o a la influencia histórica acumulada durante más de cuarenta años de emisión transatlántica. Pero sí lo es en lo que verdaderamente importa: la forma de entender el respeto por el espectador y el creador. Es, con diferencia, la única ventana de exhibición en España que ha logrado que su propio logotipo funcione como un sello de garantía artística; cuando el espectador ve aparecer su cortinilla de inicio, ya alberga una expectativa de madurez narrativa previa.

En un panorama audiovisual actual obsesionado con los remakes, los universos compartidos y la explotación infinita de propiedades intelectuales nostálgicas, que una empresa siga financiando propuestas tan incómodas, libres y difíciles de catalogar es el homenaje más sincero que se le puede rendir a la edad de oro de la televisión estadounidense. Puede que la comparación resulte incómoda para los contables de la industria, pero una verdad permanece inmutable: si HBO no hubiera existido nunca para romper el statu quo, la Movistar Plus+ que hoy conocemos jamás habría aprendido a hablar su mismo idioma.