‘The Incredible Hulk’ (2008): la película que el MCU dejó a medias y Edward Norton intentó salvar
Si Iron Man demostró en mayo de 2008 que Marvel Studios podía construir un universo cinematográfico apostando por el talento y dejándolo trabajar, The Incredible Hulk llegó seis semanas después para mostrar qué ocurría cuando la misma empresa sacaba la conclusión contraria de su propio éxito. La película de Louis Leterrier es el segundo filme del MCU, el único distribuido por Universal en lugar de Paramount, y el que durante quince años se mantuvo como el eslabón más incómodo de la cadena: demasiado comprometida para ser la película de personaje que Edward Norton quería hacer, demasiado incompleta para ser el entretenimiento de acción que Marvel necesitaba. Lo que queda —112 minutos de un montaje que ninguna de las dos partes en conflicto eligió— tiene momentos que el MCU tardó años en igualar y una fractura en su centro que no termina de cicatrizar.

Los primeros treinta minutos y la promesa del fugitivo
La mejor decisión de The Incredible Hulk es la primera: prescindir del origen y contarlo en los créditos de apertura. Bruce Banner —un hombre cuya biología se ha convertido en su peor enemigo— lleva meses escondido en Rio de Janeiro trabajando en una fábrica de bebidas, aprendiendo portugués con DVDs y estudiando meditación budista para controlar su ritmo cardíaco. La película de Leterrier empieza en la huida, no en el accidente que la generó, y esa decisión de arrancar con el personaje ya formado —ya roto, ya consciente de lo que puede llegar a hacer— le da a la primera media hora una densidad emocional que el resto del metraje no siempre mantiene.

Norton construye un Banner con la física del hombre que vive en el interior de sí mismo: tenso, preciso, consciente de cada reacción de su propio cuerpo. La primera transformación no es un triunfo sino una amenaza: Banner se convierte porque no tiene más remedio, porque el sistema le ha fallado y la única alternativa que le queda es la que lleva meses intentando suprimir. Leterrier filma la escena con la economía de quien sabe que lo más aterrador no es el monstruo sino el momento en que el hombre pierde el control de convertirse en él. Es la mejor versión de lo que esta película quería ser: un thriller de ciencia ficción sobre la violencia como condición involuntaria, sobre el precio de ser peligroso para los que quieres.

El actor que reescribió el guion y el estudio que rehízo al actor
El dato que define toda la producción de The Incredible Hulk es este: el director que rodó la película, Louis Leterrier, tenía como primera opción para el papel protagonista a Mark Ruffalo —el actor que acabaría interpretando al personaje en todos los filmes posteriores del MCU—. La razón por la que Norton ocupó ese espacio, y la razón por la que no lo volvió a ocupar, es la misma historia.

Norton rehizo de cero el guion de Zak Penn dos meses antes del inicio del rodaje. Como los decorados y localizaciones ya estaban en marcha, no podía cambiar la estructura, así que añadió motivación, diálogo y matiz: la escena de la tentativa de suicidio en el Ártico que abría su versión, los flashbacks con el Doctor Samson, la dimensión psicológica de un hombre que estudia su propio monstruo como un científico estudia una amenaza externa. El Writers Guild of America, en el proceso de arbitraje, otorgó el crédito único a Penn: las reglas establecen que los cambios de un corrector de guion deben superar el cincuenta por ciento del material final, y los de Norton eran principalmente de diálogo, no de estructura. Que el resultado en pantalla sea más parecido a la versión de Norton que a la de Penn es irrelevante para el sindicato.

Lo que Marvel cortó del montaje de Leterrier no fue accesorio. La apertura con Banner en el Ártico intentando suicidarse —y en la que, en un segundo plano, era visible el cuerpo congelado del Capitán América, años antes de El primer vengador— fue eliminada porque los test screenings la consideraron demasiado oscura para el público familiar. Las escenas de Doc Samson. Setenta minutos de material que en ningún caso llegó a las salas. Norton quería un corte de 135 minutos; Marvel entregó 112. El conflicto se filtró a la prensa, Norton lo llamó «malentendido» públicamente y concedió el corte del estudio para no ser etiquetado de problemático. Cuatro años después, cuando llegó el momento de Los Vengadores, fue sustituido por Ruffalo —el hombre que Leterrier había querido desde el principio.

El universo que no esperó y el monstruo que se quedó solo
La película que llegó a las salas tiene un tercer acto que no merece su primer acto. La batalla final entre el Hulk y el Abomination —Emil Blonsky transformado por una dosis de suero que Tim Roth lleva el metraje entero construyendo con una intensidad que el desenlace no recompensa— es exactamente el tipo de combate entre dos figuras generadas por ordenador en una calle mojada que el cine de superhéroes lleva décadas produciendo sin que nadie haya encontrado la manera de hacerlo interesante. Roth es un villano que funciona en escala humana: el soldado que quiere ser el arma perfecta, que asume cada dosis de suero como una deuda que el Hulk le debe. Cuando la película lo convierte en un monstruo digital de proporciones equivalentes al protagonista, pierde exactamente lo que lo distinguía.

Lo que The Incredible Hulk sembró y nunca cosechó es otro asunto. Tim Blake Nelson como Samuel Sterns —el científico cuya cabeza muta en los últimos segundos del filme, presagiando al Líder como antagonista— esperó catorce años para volver al MCU, en She-Hulk: Attorney at Law (2022), antes de aparecer como villano en Capitán América: Un mundo feliz (2025). La partitura de Craig Armstrong es uno de los mejores trabajos sonoros de la primera fase del MCU, discreto y eficaz donde muchas de las siguientes serían genéricas. Y el cameo de Robert Downey Jr. como Tony Stark en el último plano —apareciendo ante el general Ross con la frase «we’re putting a team together»— es el momento en que el MCU se volvió explícitamente consciente de sí mismo como proyecto colectivo, seis semanas después de haberlo insinuado con Nick Fury en la primera Iron Man.

The Incredible Hulk es la película del MCU que nadie ha visto —llegó a Disney+ quince años después de su estreno, cuando los derechos de Universal finalmente lo permitieron— y que contiene la versión más honesta del personaje que el universo compartido jamás permitió desarrollar. Norton tenía razón sobre Banner. El problema es que tenía razón en una franquicia que acababa de aprender que el universo importa más que la película.





