Chevi Muraday lleva su Bacanal al Festival de Mérida y el Teatro Romano responde

La 72ª edición del Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida tiene ya su cuarto espectáculo sobre las tablas de piedra del Teatro Romano, y llega con un argumento que conecta el año 186 antes de Cristo con el presente sin necesidad de forzar nada. Bacanal, dirigida, coreografiada e interpretada por Chevi Muraday, parte del culto a Baco —el desenfreno, el deseo, los cuerpos que se mueven sin permiso— para llegar directamente al momento en que Roma decreta la prohibición de ese culto porque los cuerpos libres y el deseo sin control son, para el poder, una amenaza que hay que legislar. El salto al presente no lo hace la obra: lo hace el espectador, inevitablemente. El montaje combina danza, música y movimiento en un lenguaje escénico contemporáneo que no traiciona la tradición clásica sino que la usa como lo que siempre ha sido: un espejo en el que mirarse sin la coartada de la distancia histórica.

El elenco es de los que convierten el programa de mano en algo que vale la pena leer. Carlos Hipólito encarna a Dionisio, el origen griego del dios antes de que Roma lo rebautizara, y junto a él Mapi Sagaseta guía el rito colectivo que sostiene la dramaturgia. Las bacantes —Juana Acosta, Toni Acosta y Elisa Hipólito— completan el cuadro con un detalle que no es anecdótico: Elisa Hipólito comparte escenario con sus padres, Carlos y Toni, y la emoción que eso genera no necesita subrayarse cuando ella misma la resume así: «Pisar este escenario con mis padres, que son mis maestros, es lo más bonito que me puede pasar en la vida». Chevi Muraday reconoció al término de la función que todavía no había aterrizado: «Ha sido todo un viaje. Es impresionante sentir al público». Juana Acosta describió la experiencia de actuar al aire libre, con la luna y el teatro lleno, como «una de las más extraordinarias» de su vida. El público lo corroboró con la respuesta.

Toni Acosta llega al Teatro Romano en un momento en el que parece incapaz de frenar: In Memoriam, el cortometraje de Teresa Bellón y César F. Calvillo en el que también participa, acumula reconocimientos en el circuito de festivales con una historia sobre una actriz que acaba de cumplir cuarenta años, hace balance de una carrera que nunca terminó de arrancar y busca a alguien que la entienda —su novio, su ginecóloga, la administrativa de la Academia de Cine— hasta que aparece ella. El cortometraje arrasa allá donde se presenta, y Acosta lo simultanea con Bacanal con la naturalidad de quien sabe que los buenos proyectos no siempre piden turno.