Charli XCX ejecuta el desvío gótico perfecto tras la resaca de ‘BRAT’: ‘Wuthering Heights’
Pocas veces alguien sale de un año tan aplastante —el fenómeno cultural de BRAT, el verano de 2024 y esa marea verde neón que redefinido el pop reciente— y encuentra la forma de dar el paso siguiente sin repetirse ni colapsar bajo el peso de las expectativas. Wuthering Heights, el proyecto concebido junto al productor Finn Keane como banda sonora para la provocadora adaptación cinematográfica de Emerald Fennell, funciona como una maniobra brillante. En lugar de intentar superar un disco de éxito global con otro lanzamiento de primera línea, Charli opta por un desvío estratégico: un álbum conceptual, oscuro y gótico que resetea el marcador y le otorga un espacio creativo libre de presiones.
En lo sonoro, el trabajo se mueve en una tensión fascinante entre la brutalidad refinada y la inmediatez del pop. El punto de partida y corazón del proyecto es «House», una colaboración monumental con John Cale que condensa el espíritu de la obra. Con arreglos de violonchelos y violines abrasivos que rozan el post-industrial, la voz desgastada de Cale recita pasajes ominosos antes de que Charli irrumpa con gritos distorsionados bajo la desgarradora máxima: «I think I’m gonna die in this house». Es una pieza incómoda, teatral y turbia que establece de golpe el cambio de rasante respecto a su etapa anterior.
A lo largo de sus 12 cortes y poco más de 30 minutos, la producción entrelaza síntesis electrónica, distorsión y cuerdas orquestales para envolver relatos de obsesión, toxicidad romántica y codependencia. Canciones como «Chains of Love» recuperan la grandilocuencia melódica de las baladas ochenteras de su debut True Romance, mientras que temas como «Funny Mouth» o «Wall of Sound» se adentran en arquitecturas sonoras más complejas y dramáticas, rozando el terreno de artistas como Björk o Bat for Lashes. Incluso la esperada reaparición de Sky Ferreira en «Eyes of the World» añade una textura áspera y sombría que refuerza esa atmósfera de romance trágico.
Aunque el disco oscila entre canciones con estructura formal y breves pasajes incidentales que funcionan más como bocetos o interludios para la película («Out of Myself», «Open Up»), la propuesta mantiene una coherencia estética notable. Wuthering Heights no busca competir con la inmediatez eufórica de la pista de baile, sino construir un paisaje sonoro denso y atormentado. Charli XCX demuestra una madurez artística impecable al entender que, tras la tormenta mediática, la mejor forma de avanzar era retirarse a los páramos del pop gótico antes de firmar su próximo gran enunciado en solo.





