El rugido del melodrama y la consagración del desastre: ‘Euphoria’ (Temporada 2)
Con el salto temporal de la tercera temporada recién estrenado, revisar la segunda tanda de episodios de ‘Euphoria’ se siente como analizar los restos de una explosión controlada. Si la primera entrega fue el descubrimiento de un estilo, la segunda —lanzada a principios de 2022— fue la confirmación de que Sam Levinson no tiene miedo de cruzar la línea hacia el melodrama violento y visualmente embriagador. Es una temporada que decide abrazar sus instintos más crueles, sustituyendo la frescura inicial por una introspección melancólica que, por momentos, bordea lo insoportable.

Zendaya y el arte de la caída libre
El corazón de esta entrega sigue siendo Rue Bennett, pero aquí ya no hay espacio para la ironía romántica. La interpretación de Zendaya alcanza una madurez aterradora, especialmente en los episodios centrales donde su adicción la lleva a una espiral de crueldad y desesperación física que sostiene por sí sola el peso de la serie. Rue deja de ser la narradora omnisciente para convertirse en un cuerpo que duele, en una adicta que traiciona a su madre, a su hermana y a su pareja en escenas que abandonan el videoclip para abrazar el realismo más descarnado. Es un trabajo monumental que justifica, por sí solo, cualquier exceso del guion.

El coro femenino: de la sumisión a la escena
A diferencia de la primera etapa, esta temporada desplaza el foco para explorar dinámicas mucho más tóxicas y reveladoras. La trama entre Nate y Cassie se convierte en un estudio sobre la obsesión y la anulación personal, con una Sydney Sweeney que logra transmitir una fragilidad y una rabia contenida que estallan en el clímax final. Sin embargo, la gran sorpresa es Lexi Howard. Su transformación de observadora pasiva a directora de su propia narrativa a través de la obra de teatro escolar es el recurso más arriesgado y brillante de la temporada. Lexi utiliza el escenario para denunciar la vigilancia y la performatividad de sus amigas, logrando que el teatro funcione como el único lugar donde la verdad es permitida.

Estilo sobre sustancia y el eco de la violencia
El gran reproche de esta segunda parte es su tendencia a regodearse en la estética de la miseria. Levinson parece haber decidido que no era lo suficientemente impactante y decidió subir el volumen a la desnudez, la violencia física y el caos visual. Desde el inicio con tintes de cine de gánsteres protagonizado por Fezco y Ashtray, hasta el tiroteo final que cierra la temporada, la serie coquetea peligrosamente con convertirse en una versión superficial de sí misma. Los personajes masculinos, especialmente Cal Jacobs, son analizados a través de prólogos fascinantes que explican su trauma, pero que a menudo los dejan estancados en el rol de «monstruos-síntoma» más que de seres complejos en el presente.

Veredicto: La belleza de la ruina
A pesar de sus irregularidades y de un ritmo que por momentos se siente disperso, ‘Euphoria’ sigue siendo capaz de capturar la soledad en la era de la hiperconexión como ninguna otra ficción. La banda sonora de Labrinth y la cinematografía analógica crean una atmósfera de ensueño roto que envuelve al espectador. No es una serie sutil, y ciertamente no es para todos los gustos, pero su capacidad para filmar la resaca emocional y el vacío posterior a la fiesta sigue siendo inigualable. En su segunda temporada, ‘Euphoria’ dejó de ser una promesa para convertirse en una obra hipnótica y lúcida sobre cómo intentar ser una «buena persona» cuando el mundo parece haber perdido la brújula.





