El Hollywood que se comió a Valerie Cherish ahora escribe sus guiones con IA y ella lo sabe: The Comeback
The Comeback ha funcionado siempre como instrumento de diagnóstico: una serie que cada vez que reaparece examina con precisión quirúrgica qué ha cambiado en Hollywood y qué no ha cambiado en absoluto. Lisa Kudrow y Michael Patrick King crearon en 2005 a Valerie Cherish —actriz de los noventa en proceso de declive, protagonista de una docu-serie de telebasura que nadie quería ver, incapaz de percibir el grado en que la industria la estaba usando y descartando simultáneamente— y la convirtieron en el personaje cómico más certero sobre cómo funciona el negocio del entretenimiento con las mujeres que no saben quedarse quietas. La segunda temporada llegó en 2014 con Valerie en el centro de una dramedia de prestigio de HBO, dispuesta a humillarse en nombre del respeto artístico que siempre le habían negado. La tercera —y definitiva— llega en 2026 con Valerie produciendo ejecutivamente How’s That?!, una sitcom escrita íntegramente por inteligencia artificial para la plataforma de streaming NuNet, en un Hollywood donde nadie parece ya necesitar que haya seres humanos involucrados en el proceso creativo. Lo que la serie ha convertido en trilogía es la historia de una industria que se come a sus propias personas y que cada generación encuentra una excusa nueva para hacerlo.

Tres temporadas, tres décadas, tres diagnósticos de Hollywood
La estructura de The Comeback como proyecto es la parte más inteligente del proyecto. Cada temporada funciona como una cápsula de su momento: 2005 era la televisión de realidad convirtiendo la humillación en entretenimiento, 2014 era el complejo de superioridad del drama de streaming que se tomaba a sí mismo demasiado en serio, 2026 es la sustitución de la creatividad humana por sistemas que producen más rápido, más barato y sin los inconvenientes que produce tener criterio propio. El chiste de cada temporada es el mismo: Valerie es la única que parece tomarse en serio el trabajo real de hacer algo bueno, y el sistema a su alrededor la ignora por eso. Lo que cambia es que el sistema se ha vuelto más eficiente en ignorarla. En 2005 al menos la miraban mientras lo hacían. En 2026 la IA no necesita que Valerie esté en la sala para producir el contenido que NuNet quiere. Andrew Scott como Brandon Wollack —el ejecutivo de la plataforma que la contrata y que está dispuesto a ser encantador con ella exactamente hasta el momento en que deja de serle útil— es el antagonista más bien calibrado que la serie ha tenido, y la dinámica entre los dos funciona con una precisión que la temporada necesitaba para que el argumento temático no aplastase a los personajes.

La IA como último insulto y Kudrow como única persona que importa
Lo que esta temporada hace diferente no es solo el ángulo de la inteligencia artificial —que llega afilado y oportuno, con los comentarios de la propia Kudrow sobre la tecnología (sentimientos encontrados, preocupación real por los empleos que destruye) filtrándose en el texto— sino la evolución del personaje. Valerie Cherish ha absorbido veinte años de humillaciones con una sonrisa, ha corregido y ha girado y ha reencuadrado, ha dicho «¿verdad?» al final de cada frase mientras el mundo la ninguneaba. En esta temporada, en algún momento del arco, decide no hacerlo más: confronta el desprecio en lugar de tragárselo, y lo hace de manera pública y costosa para ella. Es el giro emocional que el personaje llevaba dos décadas ganando y que la serie tiene el buen criterio de no convertir en un momento de triunfo limpio — la victoria de Valerie cuando llega es complicada de la misma manera en que han sido complicadas todas las victorias de Valerie. Kudrow hace todo esto con la misma economía física que siempre —el cabeceo, el «¿verdad?» al final de cada frase, la sonrisa que es también una defensa— pero añadiéndole una capa de cansancio honesto que es la mejor actuación que ha entregado en el papel. Jane Fonda y Abbi Jacobson se incorporan a la temporada y los dos funcionan; que la propia Kudrow haya elegido este momento para que su hijo Julian haga su debut actoral como experto en tecnología de IA dice algo sobre la dimensión personal que tiene para ella este adiós.

Más oscuro que nunca y con alguna costura que se nota
La temporada es también la más inquietante de las tres, y no siempre de manera controlada. Hay momentos en que la sátira se desplaza hacia algo que se parece más al horror distópico que a la comedia, y el ritmo en los primeros episodios acusa esa tensión: la serie ha bajado un escalón en velocidad de chiste para ganar en densidad temática, y el intercambio no siempre sale a favor de la comedia. Las dos escenas donde la ironía cede completamente a la emoción directa —un legendario escritor de comedia que le da a Valerie la validación que nunca recibió, el reencuentro con parte del reparto de temporadas anteriores— son los momentos más débiles de la temporada porque la serie lleva veinte años construyéndose sobre la distancia entre lo que Valerie siente y lo que el mundo le devuelve, y cuando esa distancia desaparece algo se escapa. No es que los momentos fallen exactamente: es que la serie ha apostado tanto por el cinismo elegante que cuando decide ser directamente tierna resulta ligeramente extraña, como si no terminara de fiarse de sí misma. El finale, filmado en el Stage 24 de Warner Bros. —el mismo plató donde se rodó Friends, donde Kudrow dijo que llegó a las lágrimas al grabar la última escena—, se gana la emoción que busca, aunque lo hace a un precio tonal.
The Comeback cierra como trilogía habiendo hecho algo que muy pocas series de comedia consiguen: mantenerse relevante a lo largo de tres décadas distintas sin necesitar traicionar al personaje que la sostiene. Valerie Cherish es en 2026 la misma persona que era en 2005 y también una versión de sí misma que esa persona no habría reconocido, que es exactamente lo que le ocurre a la gente cuando pasan veinte años y el mundo cambia y ellas también. Que el Hollywood de la IA sea el escenario de su despedida no es solo pertinente: es perfecto.





