La irrupción de New Champions en la línea Marvel fue, sobre el papel, una declaración de intenciones. El tomo Changing Is Coming, que recopila la colección completa, nace directamente de los acontecimientos de Spider-Woman #10 para ocupar un hueco cada vez más complicado: el del equipo adolescente fundacional, compuesto casi en su totalidad por personajes nuevos para el lector.
Eso implica asumir el mayor de los riesgos posibles: pedir atención sin un icono previo que actúe como ancla emocional. No hay aquí una Ms. Marvel, ni un Spider-Boy, ni un nombre con tirón inmediato. Solo una premisa y la promesa de que “esta vez será distinto”.
El problema es que el destino de la serie —cancelada tras este mismo arco de ocho números— planea sobre la lectura como una sombra inevitable. Y obliga a hacerse la pregunta incómoda:
si estaba bien escrita… ¿por qué no funcionó?
La base del grupo es potente, incluso incómoda. Liberty, Moon Squire, Cadet Marvel y Hellrune no son aspirantes a héroes al uso: fueron creados por Hydra bajo el nombre de La Asamblea. Rescatados por Spider-Woman, su lucha no pasa solo por derrotar villanos menores, sino por redefinirse a sí mismos mientras intentan llevar una vida más o menos normal entre hogares de acogida, padres ausentes y un pasado que pesa demasiado.
Aquí está uno de los grandes aciertos del guion de Steve Foxe: la idea de que la heroicidad no es una vocación épica, sino un proceso de reapropiación de la identidad. No basta con “hacer el bien”; hay que desmontar lo que otros construyeron dentro de ti.
El punto de inflexión llega con Hellrune. Su búsqueda de sus raíces consanguíneas la arrastra a una trama mágica en Noruega que actúa como catalizador del conjunto. Y Foxe demuestra inteligencia narrativa en el segundo número al dinamitar el cliché de la gran reunión juvenil: cuando se convoca a otros jóvenes héroes, la mayoría rechaza unirse sin rodeos. No hay épica ni discurso inspirador. Solo desinterés, cansancio o prioridades distintas.
Ese gesto, pequeño pero honesto, redefine la serie. El foco se estrecha y el equipo se completa con Fantasma y Gold Tiger, personajes con voces muy diferenciadas que aportan fricción real al grupo.
A partir de ahí, el volumen avanza entre conflictos personales y legitimación editorial. El cruce con los Campeones originales (#3) y, más adelante, con los Vengadores (#6) —incluyendo a Captain Marvel y la Bruja Escarlata— sirve para insertar a los New Champions en la continuidad, pero también subraya su mayor problema: la sensación persistente de déjà vu.
Por momentos, la serie parece un Young Avengers 3.0 o un Champions 2.0, sin la urgencia social del primer equipo ni el empuje mediático del segundo. La pregunta flota constantemente:
¿era necesaria una cabecera propia… o esta historia llegó antes de que los personajes estuvieran realmente listos para sostenerla?
El clímax, concentrado en los números siete y ocho, es sin duda lo mejor del tomo. La misión de rescate en Islandia destapa el verdadero conflicto: la tía Veleda, manipulando el linaje mágico de Hellrune como parte de un juego mayor que involucra a Hela, diosa asgardiana de la muerte. La revelación del origen de Hellrune la obliga a elegir entre un destino impuesto y la familia que ha elegido.
La resolución es clara, casi didáctica, pero efectiva: la manipulación no es amor, y el vínculo elegido pesa más que la sangre o el designio divino. Temáticamente, Foxe clava la tesis: la redención no es un momento heroico, sino una acumulación de decisiones pequeñas.
A nivel artístico, la serie cumple sin deslumbrar. El paso de Ivan Fiorelli a Ruairí Coleman en el tramo final mantiene una línea clara y legible, con diseños acertados —especial mención al traje Mr. Knight de Moon Squire—, pero se echa en falta un dibujante “estrella” que eleve el conjunto y lo haga destacar en un mercado saturado. El color de Arthur Hesli ayuda, pero no obra milagros.
Y ahí, probablemente, está la clave de su cancelación.
Changing Is Coming es una serie bien escrita, honesta y con personajes que funcionan, pero sin un gancho editorial claro ni un impacto visual capaz de convertirla en imprescindible. Viéndola en perspectiva, cuesta no pensar que Marvel la concibió tanto como laboratorio narrativo… como semillero de IPs reutilizables en otros formatos más rentables.
No es un mal cómic. Pero tampoco uno que deje cicatriz.
VEREDICTO: 🟡 CORRECTA, PERO PRESCINDIBLE
Buen corazón, buenas ideas… y ningún motivo de peso para que Marvel apostara a largo plazo por ella.




