‘Secret War’ (Omnibus): Dell’Otto pinta una obra que Bendis casi no tiene espacio para contar
Secret War tiene la mejor premisa de cualquier evento Marvel de la primera mitad de los años 2000: Nick Fury descubre que los villanos de segunda fila del universo —los que los superhéroes apalean sin esfuerzo semana tras semana— están recibiendo financiación tecnológica de Latveria, el estado vasallo de Doctor Doom, y que el gobierno de los Estados Unidos no tiene ninguna intención de hacer nada al respecto. Fury, que ha visto esa película antes del 11 de septiembre, decide actuar por su cuenta. Recluta un equipo —el Capitán América, Spider-Man, Daredevil, Viuda Negra, Luke Cage, Lobezno, Daisy Johnson— sin decirles para qué, los lleva a Latveria, y un año después el Lower East Side de Nueva York aparece en llamas y nadie recuerda haber estado en Europa el invierno anterior. La pregunta que Bendis formula en esa premisa es precisa: ¿cuándo el espía que tiene razón deja de serlo si para tenerla ha cruzado todas las líneas? El omnibus de 2025 recoge los cinco números originales, los cuatro números de The Pulse que narran las consecuencias desde el punto de vista de Jessica Jones, y el archivo de Nick Fury que Bendis y Mike Raicht construyeron como expansión del universo del evento. La razón de que exista este omnibus es Gabriele Dell’Otto. La razón de que valga la pena leerlo en cualquier formato es que Dell’Otto y Bendis se alinean en los momentos en que esta serie es exactamente lo que quiere ser.

Dell’Otto y la pregunta de qué aspecto tiene un thriller político en papel
Gabriele Dell’Otto es uno de los artistas que ha hecho menos trabajo de interior en toda su carrera porque ese trabajo le cuesta lo que le cuesta a alguien que entiende cada página como un cuadro antes que como una secuencia. Secret War es, junto a una miniserie de X-Force posterior, su única incursión sostenida en el interior de un cómic de superhéroes del mainstream Marvel, y los cinco números que produce son la razón de que la serie se publicara con los retrasos que se publicó —la colección completa tardó casi dos años en salir, con meses entre algunos números— y también la razón de que nadie que la haya leído lo haya olvidado. Su estilo pictórico —carboncillo, óleo digital, una textura que recuerda a la pintura figurativa europea antes que al tebeo de superhéroes americano— produce una temperatura visual completamente distinta a la del Marvel de 2004: los personajes tienen peso físico, las escenas de acción tienen consecuencias visualibles en la cara de quien recibe el golpe, y la oscuridad —que es el defecto que más se señala en la paleta de Dell’Otto, con razón— tiene también la función de hacer que la luz importe. La doble página del ataque al Lower East Side es el mejor plano del tomo y uno de los mejores de la historia de Marvel Events: la escala del daño vista desde abajo, los personajes reducidos a siluetas en el humo, el caos organizado con la composición de alguien que sabe exactamente qué quiere que el ojo haga. Que el omnibus exista para que ese trabajo pueda verse en el formato que merece —papel de calidad, dimensiones adecuadas, reproducción limpia— es su justificación más sencilla y más suficiente.

Bendis y el Nick Fury que el universo Marvel necesitaba entonces
La operación narrativa de Bendis en Secret War es más interesante de lo que el resultado parece a primera lectura, que es de acción trepidante y personajes bien escritos. Lo que Bendis hace con Nick Fury es sacarlo de la función decorativa que había ocupado durante décadas —el general carismático que autoriza misiones y tiene el cigarro en la comisura de la boca— y convertirlo en el eje moral de una historia sin salida fácil: un hombre que tiene información correcta, que saca conclusiones correctas a partir de ella, y que aun así toma una decisión que hace daño real a personas que confiaban en él. El Fury de Bendis no es el héroe de la película de espías sino su problema: el tipo que hace lo que nadie más haría con los recursos que nadie más tendría y que luego desaparece por una escotilla antes de que alguien le pida cuentas. La estructura no lineal —el presente de la investigación de Maria Hill, los flashbacks de la operación en Latveria, los saltos entre el año del operativo y el año del ataque— sirve exactamente a esa función: hace que el lector entienda el qué antes que el cómo, igual que los héroes brainwashed del interior de la historia. Los diálogos de Bendis funcionan con la agilidad que le conocemos cuando está cómodo —Spider-Man, Daredevil y el propio Fury están escritos con la voz correcta—, y los momentos en que se precipitan en continuidad o en caracterizaciones que no encajan del todo con los personajes en otros títulos son el precio de una historia que en cinco números tiene la ambición argumental de doce.

The Pulse, el archivo y lo que el omnibus añade al original
Los cuatro números de The Pulse recogidos en el omnibus —originalmente parte del arco de la serie regular de Jessica Jones como reportera en el Daily Bugle— tienen la función de narrar las consecuencias del evento desde el suelo: Luke Cage en coma, Jessica Jones buscando respuestas que nadie quiere dar, Ben Urich investigando por su cuenta. El arte de Michael Gaydos —el dibujante habitual de Alias, la serie que definió visualmente a Jessica Jones— tiene una rugosidad de calle que contrasta deliberadamente con el academicismo pictórico de Dell’Otto: donde Secret War era un thriller político de escala internacional, The Pulse es el periodismo de investigación aplicado a las consecuencias de ese thriller, y esa diferencia de registro es la que hace que la lectura conjunta sea más rica que cualquiera de las dos partes sola. El Archivo de Nick Fury —dossiers ficticios de S.H.I.E.L.D. sobre los héroes considerados para la operación— es el material más prescindible del omnibus en términos narrativos y posiblemente el más interesante para quien lee la serie como documento de un momento en el universo Marvel: ver la lista de héroes que Fury descarté y por qué es ver a Bendis construyendo el mapa de lo que vendría después, el tránsito hacia los Nuevos Vengadores, hacia Civil War, hacia el decenio de eventos que esta pequeña miniserie de espionaje puso en marcha sin que nadie lo supiera del todo en 2004.





