El antibelicismo de los dragones trinchera: ‘Arrowsmith’, la obra maestra más libre de Carlos Pacheco
Mucho antes de que la tiranía de los universos compartidos y las continuidades infinitas se convirtieran en la única religión aceptada por los grandes despachos de Hollywood y el noveno arte, existió un breve oasis temporal donde los autores estrella utilizaban los sellos alternativos para lo contrario: escapar de ellos. Arrowsmith: So Smart in Their Fine Uniforms nació originalmente en 2003 bajo el paraguas de Cliffhanger!, la línea de creadores fundada dentro de WildStorm para dar cobijo a proyectos de autor radicalmente personales. Lo que el guionista Kurt Busiek y el añorado dibujante español Carlos Pacheco entregaron allí fue una miniserie de seis números autocontenida, ambiciosa y ajena a cualquier corsé de superhéroes. Vista más de dos décadas después, la obra se alza como uno de los grandes e hipnóticos «¿y si…?» de la historieta contemporánea. Una respuesta salvaje a una premisa imposible: ¿qué habría pasado si la Primera Guerra Mundial se hubiese librado con dragones, trolls y hechizos en lugar de biplanos y artillería?

Cuando las trincheras de Tolkien se cruzan con Erich Maria Remarque
El verdadero triunfo de Busiek en este relato iniciático es que la fantasía jamás opera como un analgésico o un escapismo barato para maquillar la crudeza del frente. La historia sigue a Fletcher Arrowsmith, un joven idealista que se alista en el frente europeo soñando con la gloria de la aviación, con la particularidad de que en su realidad los pilotos vuelan amarrados a crías de dragón mediante arneses místicos. Un escritor mediocre se habría conformado con el espectáculo visual, pero Busiek utiliza la magia para potenciar el absurdo de la guerra: las trincheras siguen siendo fosas asfixiantes de barro y sangre, los oficiales continúan enviando a la juventud al matadero desde despachos limpios y el conflicto tritura la inocencia con la misma crueldad. Da igual que el enemigo te pulverice con un obús de acero o con un conjuro de fuego arcano; el resultado en el tejido humano es exactamente el mismo. Liberado de las tiranías de los crossovers mensuales de Marvel o DC, el guionista despliega su mayor virtud: una construcción de mundo obsesiva donde la geopolítica alternativa se respira en cada esquina sin necesidad de recurrir a farragosos textos de apoyo.

Carlos Pacheco en estado de gracia y el mito de Cliffhanger!
Si el guion es un ejercicio de madurez narrativa, el apartado gráfico juega directamente en la liga de las obras maestras. Solemos recordar a Carlos Pacheco por sus icónicas etapas en los Vengadores, Superman o los X-Men, pero Arrowsmith es la prueba irrefutable de que, cuando gozaba de libertad absoluta sobre sus propios diseños, el lápiz del maestro gaditano no tenía rival en el planeta. El despliegue de diseño visual es apabullante: uniformes coloniales reinterpretados, criaturas mitológicas integradas en la heráldica militar, arquitecturas victorianas y batallas aéreas de una legibilidad y elegancia anatómica prodigiosas. Pacheco logra el mayor milagro del cómic de aventuras: hacer que lo extraordinario luzca cotidiano y tangible. Es imposible revisitar estas páginas sin una punzada de melancolía editorial por la desaparición de sellos como WildStorm, que demostraron que el mercado comercial estadounidense podía albergar historias con un principio, un nudo y un final cerrado.

Veredicto: un artefacto atemporal que no envejece
Arrowsmith: So Smart in Their Fine Uniforms es un triunfo absoluto que ha envejecido mejor que el 90% de las cabeceras publicadas a comienzos de siglo. Si un lector se aproximase hoy a su lectura sin conocer su fecha de publicación, asumiría que se trata de una novela gráfica contemporánea de rigurosa actualidad; no tiene las costuras de una reliquia del pasado porque nunca tuvo tiempo de convertirse en una fórmula industrializada. El viaje de Fletcher no revoluciona el manual del relato antibelicista, pero lo ejecuta con una honestidad y una épica de la vieja escuela que desarma cualquier cinismo. Una obra de culto imprescindible que satisface por igual al amante de la historia militar y al devoto de la alta fantasía, recordándonos el talento eterno de un Carlos Pacheco que nos hizo desear volar en dragón… justo antes de recordarnos lo peligroso que sería caer desde el cielo.





