Nightwing: Saltando a la luz — El heredero que Batman no merece, pero Blüdhaven necesita
Hay una regla no escrita en el mundo del cómic: si quieres que un personaje funcione, deja de torturarlo y déjalo brillar. Tras años de bandazos editoriales (incluyendo esa etapa de «Ric» Grayson que todos preferiríamos borrar de nuestra memoria colectiva), Tom Taylor y el dibujante español Bruno Redondo han tomado las riendas de Nightwing para recordarnos por qué Dick Grayson es el corazón del Universo DC. Ganadora del Eisner a mejor serie regular en 2023, la etapa recogida en Saltando a la luz no es solo un cómic de superhéroes; es una declaración de intenciones sobre lo que significa ser un faro en una ciudad que se ahoga en sombra.

Un millonario con conciencia (y una perrita)
La premisa arranca con un giro de guion que lo cambia todo: tras la muerte de Alfred Pennyworth, Dick descubre que es el único heredero de una fortuna multimillonaria. Pero aquí no hay bat-cuevas ni tanques camuflados; la primera medida de Grayson es crear una fundación para ayudar a los niños sin hogar. Es un cierre de círculo poético para alguien que perdió a sus padres en el circo y fue acogido por un multimillonario. Taylor entiende que el superpoder de Nightwing no es su agilidad, sino su empatía. A esto le sumamos la adopción de Haley (alias «Bitewing»), una perrita de tres patas que se ha convertido instantáneamente en el icono de la serie, y ya tienes el ingrediente secreto para que el lector se enamore de la historia.

El arte como motor narrativo
Si el guion de Taylor es sólido, el arte de Bruno Redondo es, sencillamente, de otro planeta. Redondo no solo dibuja; coreografía. Su capacidad para narrar el movimiento de Dick a través de los edificios —utilizando sus escrima sticks de formas que no habíamos visto en 80 años— convierte cada página en un póster. La Blüdhaven de Redondo y el colorista Adriano Lucas no es una copia barata de Gotham; es una metrópolis vibrante, luminosa incluso en sus callejones más turbios. El diseño de página, especialmente ese splash de dos páginas que recorre el apartamento de Dick como si fuera un plano secuencia, es puro oficio cinematográfico aplicado a la viñeta.

¿Demasiada luz en la oscuridad?
No todo es perfecto en esta nueva era. Si algo se le puede achacar a Taylor es esa narrativa «descomprimida» tan de moda, donde en seis números parece que pasan pocas cosas a nivel de trama pura. Los villanos, como el misterioso Heartless (Sin Corazón) o el Kingpin de saldo que es Blockbuster, se sienten a veces como meras excusas para lo que realmente le importa al autor: el «charme» entre los personajes. El tonteo entre Dick y Bárbara Gordon (Oráculo) es, de lejos, lo mejor del tomo; sus piques sobre el grupo de WhatsApp de la Bat-familia son oro puro y dotan de una humanidad al héroe que lo aleja de la figura pétrea de su mentor, Bruce Wayne.
VEREDICTO: IMPRESCINDIBLE
Saltando a la luz es el punto de entrada perfecto para nuevos lectores y un bálsamo para los veteranos. Es un cómic que se siente vivo, optimista y visualmente arrebatador. Puede que la revelación de una «media hermana» perdida sea un recurso de culebrón, pero en manos de este equipo creativo, hasta los tropos más manidos se sienten frescos. Si James Gunn está buscando un tono para el Nightwing del nuevo DCU, ya puede ir comprando este tomo.






