El regreso del detective más canalla: Eduardo Mendoza desata el caos con ‘La intriga del funeral inconveniente’
Eduardo Mendoza ha decidido que la jubilación es un concepto sobrevalorado cuando todavía queda mucha plancha que cortar en las calles de Barcelona. Diez años después de su última aventura, el autor barcelonés resucita a su detective sin nombre en ‘La intriga del funeral conveniente’ (Seix Barral), una novela que nace de la pura necesidad vital: «Si no escribo, no sé qué hacer», confiesa un Mendoza que, a sus 81 años, parece estar pasándoselo mejor que nunca. La trama arranca con un funeral insignificante que, por caprichos del destino y de un periodista novato, acaba destapando una conspiración financiera de alto voltaje en esa ciudad que el autor define como la mezcla perfecta entre lo civilizado y lo «terrunche».
Fiel a su estilo, el premio Cervantes no ha dejado títere con cabeza durante la presentación, cargando con su ironía habitual contra la festividad de Sant Jordi. Mendoza propone rebautizarla simplemente como el «Día del Libro», argumentando con sorna que el caballero de la leyenda no era más que un «maltratador de animales que seguramente no sabía leer». Entre risas y verdades incómodas, el escritor reivindica el humor como una disciplina literaria que debe tomarse muy en serio, especialmente en un contexto mundial donde los líderes políticos actuales le parecen personajes demasiado incomprensibles —y peligrosos— como para protagonizar sus ficciones.
La novela no solo supone el reencuentro con su alter ego más querido, sino que funciona como una carta de amor ácida a una Barcelona que, según Mendoza, corre el riesgo de «morir de éxito». A través del juego de la intriga, donde reta al lector a dejarse engañar en lugar de jugar a ser Sherlock Holmes, el autor de La ciudad de los prodigios demuestra que su colmillo sigue tan afilado como siempre. No es solo un regreso al género que lo consagró como el rey del humor inteligente en castellano; es la confirmación de que, mientras haya una trama absurda que desentrañar, Mendoza seguirá ahí para recordarnos que la realidad se entiende mucho mejor a través de la risa.





