El precio de la corona: Crítica de ‘Más cara’ de Bad Gyal

Nueve años después de que una joven de Vilassar de Mar irrumpiera en el underground con un micrófono y una actitud que España no terminaba de entender, Alba Farelo ha completado su metamorfosis. Si La Joia (2024) fue el manifiesto de su entrada en la industria del lujo, ‘Más cara’ (2026) es la factura detallada de ese proceso. Un álbum de 19 canciones que funciona como una «playlist de ensueño» personal, pero que también abre un debate necesario sobre el peaje que paga una artista de nicho al intentar conquistar el algoritmo global.

Arqueología del perreo: Entre el Olimpo y la nostalgia

La gran virtud de ‘Más cara’ reside en su dirección musical. Alba ha dejado de buscar la validación del mañana para abrazar los sonidos que la formaron. Contar con leyendas como Luny Tunes, Nely El Arma Secreta o Danja (el arquitecto detrás del sonido dosmilero de Britney y Nelly Furtado) no es un simple ejercicio de presupuesto, sino una declaración de intenciones.

El disco brilla cuando se entrega a esa nostalgia bien entendida: «Un Coro y Ya :)» es un ejercicio de R&B minimalista que recupera la elegancia de principios de siglo, mientras que «Noticia de Ayer» se atreve con un merengue-house que rompe la monotonía del 4×4. Aquí vemos a la Bad Gyal directora de orquesta, capaz de reunir a la vanguardia —Maureen o 8belial— con las instituciones del género.

La paradoja de la ‘Hitmaker’ frente a la ‘Albummaker’

Sin embargo, el volumen de canciones (diecinueve cortes que rozan la hora de duración) revela la fisura estructural del proyecto. Bad Gyal es, por definición, una generadora de momentos, una hitmaker infalible que domina la barra pegajosa y el hook de discoteca. Pero en el formato largo, la intensidad se diluye.

A medida que avanzamos hacia la mitad del tracklist, cortes como «Perro» o «Gatitas» caen en fórmulas genéricas que palidecen ante la frescura de «Da Me» o la chulería orgánica de «Fa$hion Killa». Hay una sensación de «relleno de alta gama»: temas que por separado incendiarían cualquier set de DJ, pero que en conjunto suenan intercambiables, como si Alba estuviera más preocupada por gustar al «público charca» y a los programadores de radio que por arriesgar con el dancehall crudo que la puso en el mapa.

Estética, deseo y el poder de la ‘Pussy K Mana’

Líricamente, Alba no ha cambiado, solo se ha vuelto más nítida. El disco es un monumento a la hiperfemineidad y la autonomía sexual. Desde los anhelos explícitos de «De Por Vida» hasta los juegos rítmicos de «De To», la artista sigue manejando un lenguaje propio que ha permeado en el slang de toda una generación.

La colaboración con Jenny «La Sexy Voz» en «Hoy te toca» es un movimiento maestro: validar a la mujer que puso los gemidos y coros a los éxitos de nuestra adolescencia es entender de dónde viene el poder. Bad Gyal no pide permiso para ser «horny» o «chula»; lo ejerce desde un estatus de privilegio que ha ganado sudando en escenarios mucho más pequeños que el Palau Sant Jordi.

El sonido del éxito: ¿Transición o destino?

Musicalmente, el álbum es un puente. Se aleja del dancehall puro para abrazar un sonido pan-atlántico más comercial. Es un disco «disfrutón», diseñado para el coche, el gimnasio y el club. No hay dramas, no hay introspección profunda; hay sudor, dinero y una artista que se sabe en su prime.

La producción es pulida hasta el extremo, pero ese barniz a veces oculta el filo que hacía a Bad Gyal peligrosa. Al intentar ser «más cara», ha perdido algo de la rugosidad del autotune barato que la hacía sentir peligrosamente real. Aun así, es innegable que nadie en el panorama nacional maneja los códigos de la música urbana con su precisión.

‘Más cara’ es el álbum que Bad Gyal quería hacer: uno donde puede llamar a sus ídolos y ponerlos a trabajar para ella. Aunque peque de excesivo y por momentos genérico, contiene suficientes joyas («Noticia de Ayer», «Fuma», «Da Me») para asegurar su reinado durante otro verano más. Alba Farelo ha dejado de ser una promesa para convertirse en una institución. Quizás el disco no sea perfecto, pero ella nunca ha sonado tan dueña de su propio negocio. La corona pesa, pero a ella le combina con las joyas.