Más ambiciosa, vistosa y consolidada en el cine de aventuras: ‘Tadeo Jones 2: El secreto del rey Midas’

Cinco años separan Las aventuras de Tadeo Jones de su primera secuela, y lo que esos cinco años produjeron es visible en los primeros minutos de Tadeo Jones 2: El secreto del rey Midas: una animación más fluida, unos fondos más detallados, una dirección de acción con más confianza en lo que la cámara puede hacer dentro de un espacio digital. Enrique Gato co-dirige esta vez con David Alonso, el guion pasa a un equipo de cinco escritores donde antes había dos, y el resultado es una película que tiene exactamente la ambición de una secuela bien entendida: no intentar ser otra cosa, sino ser la misma cosa bastante mejor. Que 3,2 millones de espectadores la convirtieran en la película española más taquillera de 2017 —batiendo a todo el cine de acción real nacional— es el veredicto más elocuente sobre si esa estrategia funcionó. Que el Goya, el Platino y el Gaudí a mejor película de animación llegaran en el mismo ciclo de premios confirma que la industria compartió el diagnóstico.

De Las Vegas a Granada: lo que el presupuesto añadido puede y no puede hacer

La trama lleva a Tadeo esta vez desde Las Vegas —donde Sara ha descubierto un papiro que prueba la existencia del rey Midas— hasta Granada, Capadocia y Egipto, perseguido por el villano Jack Rackham, que ha secuestrado a Sara para encontrar el collar mágico capaz de convertirlo todo en oro. El itinerario es deliberadamente más ambicioso que el de la primera entrega, y la producción lo sostiene con más solvencia de la que cabe esperar de un presupuesto de nueve millones de euros: la secuencia de Granada, con la Alhambra recreada mediante mapeo digital con una fidelidad que los responsables describen como cuasi-hiperrealista, es el momento en que la película se permite demostrar lo que ha aprendido técnicamente y lo demuestra sin subterfugios. Los paisajes de Capadocia con sus formaciones rocosas y la escala del templo egipcio del tramo final añaden variedad visual que la primera entrega, confinada principalmente a los Andes, no podía ofrecer. Lo que el mayor presupuesto no puede hacer es resolver el problema de fondo que comparte con su predecesora: el guion de los cinco escritores que firman el proyecto construye la aventura con la misma eficiencia funcional y la misma falta de sorpresas que el de la primera entrega. La historia del collar de Midas —el poder que convierte en oro todo lo que toca como metáfora de la ambición que destruye lo que codicia— es un mito con fuerza dramática real, y la película lo usa como macguffin sin explorar su potencial más allá del nivel de moraleja explícita al final del tercer acto.

La momia, Tiffany y el problema del villano en las franquicias de éxito

El personaje que más ha ganado entre la primera y la segunda entrega no es Tadeo, que mantiene intacta la mezcla de torpeza y determinación que lo hizo funcionar en 2012, sino la momia: el antagonista secundario mudo de la primera película que en la secuela encuentra su registro cómico definitivo y se convierte en el corazón humorístico de la franquicia con más consistencia que cualquier otro elemento. El loro Belzoni y el perro Jeff completan el equipo de apoyo con la función que ese tipo de personajes tiene en el cine de animación de aventuras: proporcionar las risas que el argumento no puede garantizar cuando la tensión dramática amenaza con aflojarse. La incorporación de Adriana Ugarte como voz de Tiffany Maze —la colaboradora del villano que la película va convirtiendo en algo más complicado a medida que avanza— es la decisión de casting más interesante de la secuela y también la más subaprovechada: Tiffany tiene el perfil de un personaje que podría haber articulado un segundo nivel de conflicto moral pero que el guion resuelve con más prisa de la que el personaje merece. Jack Rackham como villano principal cumple su función sin trascenderla, que es exactamente lo que la franquicia parece pedir de sus antagonistas: presencia suficiente para que Tadeo tenga algo que superar, ausencia de profundidad suficiente para que nadie se distraiga de los protagonistas.

3,2 millones de espectadores y lo que ese número dice sobre el cine español de 2017

Que Tadeo Jones 2: El secreto del rey Midas fuera la película española más taquillera de 2017 —con 3,2 millones de espectadores que la separaban cómodamente del resto del cine nacional de ese año— dice algo sobre la franquicia que va más allá de la calidad intrínseca de la película. Dice que Gato y el equipo de Ikiru Films habían construido en cinco años lo que la animación española no había conseguido construir nunca: un evento familiar recurrente, una cita de verano con suficiente reconocimiento de marca como para que la audiencia llegara antes de conocer los detalles de la nueva aventura. La premiere en el Festival de Annecy en junio de 2017, como la primera entrega cinco años antes, situó a la franquicia en el contexto de la animación internacional con la solvencia que el equipo había ganado. La canción principal, «Todo es posible», interpretada por David Bisbal y Tini Stoessel sobre música de Zacarías M. de la Riva y la Orquesta Sinfónica de Tenerife, cumple la misma función que el tema de Juan Magán y Belinda en la primera entrega: convertir la película en producto total, con canción que suena en la radio antes del estreno y sigue sonando en los coches de los que volvieron de verla. A quince días del estreno de Tadeo Jones y la lámpara maravillosa, la cuarta entrega, la segunda sigue siendo el punto de inflexión en que la franquicia dejó de ser un proyecto de animación español ambicioso y se convirtió en una institución del verano cinematográfico nacional. Eso, en el cine español, todavía es una rareza.