Vengadores: La Ciudad Imposible | Crítica del relanzamiento de Jed MacKay

El Caos como Carta de Presentación

Hay una máxima en el cómic de superhéroes: si vas a relanzar la cabecera más importante de la editorial, no puedes entrar pidiendo permiso. Tienes que derribar la puerta. Y eso es precisamente lo que hace Jed MacKay en La Ciudad Imposible, que recopila los seis primeros números USA de la nueva etapa lanzada en 2023. Tras la densa y a veces inabarcable etapa de Jason Aaron, MacKay (quien ya ha demostrado ser el nuevo arquitecto de confianza de Marvel) nos lanza de cabeza a una crisis de escala multiversal sin apenas darnos tiempo para ajustar el brillo de la pantalla.

La premisa es tan audaz como caótica: los llamados Eventos de Tribulación. Una serie de cataclismos profetizados por un Kang el Conquistador debilitado, que busca desesperadamente el «Momento Perdido». El primer plato de este menú apocalíptico es el Ashen Combine (el Combinado Cenizo), una colección de monstruos que no buscan conquistar el mundo, sino consumirlo como si la destrucción metropolitana fuera una forma de arte de vanguardia.

Un Equipo de Iconos y una Ciudad con Alma

Lo primero que destaca es la alineación. Bajo el mando de una Capitana Marvel que asume su liderazgo con una autoridad natural, MacKay reúne a un equipo que consigue combinar la especulación científica de las grandes ideas de Hickman con la humanidad de Busiek. Tenemos a Iron Man, Thor, Capitán América (Sam Wilson), Pantera Negra, Visión y la Bruja Escarlata. Es un equipo que huele a clásico, pero que se siente moderno por la carga emocional que arrastran.

Sin embargo, el personaje más fascinante de este volumen no lleva capa, sino cimientos. La Ciudad Imposible, base de operaciones de los villanos, se revela como una entidad consciente y esclavizada. Es aquí donde MacKay eleva el listón, dotando a la historia de una complejidad moral que recuerda a la vertiente más abstracta de la Doom Patrol de Morrison: cuando la ciudad considera la autodestrucción para detener al Combinado, los Vengadores no solo deben ganar una guerra, sino salvar un alma de proporciones arquitectónicas.

Fricciones en el Frente

A falta de grandes diálogos corales, la dinámica que sostiene el peso emocional del grupo es la de Sam Wilson y T’Challa. La fricción entre ambos es palpable y viene heredada de los sucesos previos en la colección de Black Panther, donde T’Challa fue expulsado de Wakanda tras revelarse que había establecido células durmientes de asesinos por todo el globo. Esta caída en desgracia hace que Sam lo vea no como al monarca de antaño, sino como a un hombre en busca de redención que aún guarda demasiados secretos. Es este conflicto de confianza el que añade una capa de realismo sucio a una historia, por lo demás, puramente cósmica.

El Espectáculo contra la Sustancia

No todo es perfecto. Si bien el ritmo es frenético, la estructura peca de una cierta descompresión narrativa. Pasamos casi cuatro números en una batalla que deja poco espacio para la interacción humana. Los villanos del Ashen Combine sufren del síndrome del «villano de diseño»: son visualmente aterradores —con ecos a los símbolos del Tarot—, pero funcionan más como obstáculos físicos que como antagonistas con motivaciones reales.

El Arte: Luces y Sombras

En el apartado visual, C.F. Villa hace un trabajo hercúleo. Su estilo, que bebe del dinamismo del manga y la grandiosidad del cómic europeo, es perfecto para capturar la escala de la Ciudad Imposible. Sus rostros transmiten un dramatismo que ancla la acción cósmica a algo real. El relevo de Ivan Fiorelli hacia el final del tomo es solvente, aunque se pierde un poco de esa fuerza bruta y el contraste marcado de Villa. El color de Federico Blee sigue siendo el pegamento que mantiene la cohesión, aportando una paleta vibrante que hace que la energía de Thor salte de la página.

VEREDICTO: 🟡 INTERESANTE

Un debut potente que devuelve a los Vengadores a la escala que merecen. Aunque el desarrollo de los villanos es algo plano, la construcción de la Ciudad Imposible y las tensiones internas del equipo sientan las bases de una etapa que promete grandes conceptos.